“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 18 de setiembre del 2012:

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En la corte de Faraón estaba Jacob -un anciano de 130 años de edad- y José, su hijo perdido, corrió a abrazarlo. Como se vio después, José era el segundo al mando de todo Egipto. A todo lugar que Jacob fue con su hijo – en el palacio, por las calles en su carruaje – la gente se inclinó ante José en respeto y admiración (ver Génesis 46 y 47).


Cuando el faraón preguntó a Jacob cuántos años tenía, respondió: ” Tengo ya ciento treinta años de andar peregrinando. Pocos y malos han sido los años que he vivido…” (Génesis 47:9). El hebreo dice: “Pocos y tristes mis días han sido”. En pocas palabras: “He visto un montón de sufrimiento”.


Sin embargo, ¿valió la pena? Sí, ¡por supuesto! Jacob y su familia habían sido liberados de la hambruna.  Todos los setenta miembros de su clan estaban ahora fuera de peligro, plantado en lo más rico de las tierras agrícolas de Egipto. El hijo de Jacob estaba en el trono y tenían toda la comida que podían comer.


Jacob -un hombre con un corazón contrito- podría mirar hacia atrás y decir: “Cuando mi hermano Esaú me amenazó, me pareció que mi vida había terminado, pero Dios me sacó. Mi Señor estaba allí todo el tiempo; cuando Labán trató de destruirme, Dios me bendijo y me libró. Además, el Señor liberó a mi esposa Raquel y a mi familia de los peligros de la idolatría.


“Yo fui victorioso sobre todos mis enemigos, ninguno de ellos se levantó para desafiarme de nuevo, he vivido para ver mi semilla multiplicarse y prosperar… El comienzo de una gran nación, he vivido para caminar en medio de mis nietos, incluso mis tatara-nietos. Y ahora mis hijos serán los patriarcas de Israel, los líderes sobre sus propias tribus. ¡Ni una palabra que Dios me dijo en un principio ha fallado. Mi Señor me ha cumplido cada una de Sus Palabras!”.


Y, amado, ¡Así también Él estará con nosotros hoy!

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