“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 23 de noviembre de 2012

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“El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del Señor, para mostrar su gloria.”(Isaías 61:1-3).


Estamos familiarizados con este pasaje como una proclamación de la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado. Sin embargo, Isaías está usando el lenguaje del Jubileo aquí. Él está diciendo: “¡Dejen que el estallido de trompetas anuncie el año alegre y gozoso de libertad que nuestro Salvador nos ha dado!”


Este pasaje se refiere también a la escena de la ascensión de Cristo en gloria. El Padre celestial, después de contemplar los sufrimientos terribles de su Hijo bendito, preparó una entrada gloriosa para Jesús al cielo. De hecho, mientras Cristo hizo su ascensión, fue escoltado por un ejército de ángeles y multitud de carros: “Los carros de guerra de Dios se cuentan por millares; del Sinaí vino en ellos el Señor para entrar en su santuario. Cuando tú, Dios y Señor, ascendiste a las alturas,”(Salmo 68:17-18a).


Nuestras mentes finitas no pueden alcanzar a concebir este evento glorioso. Mientras  Cristo se acercaba a la ciudad eterna de Dios, montado en su caballo blanco, fue escoltado por esa gran procesión. Y al entrar en las puertas, las trompetas de Dios comenzaron a sonar: “Subió Dios con júbilo, Jehová con sonido de trompeta” (Salmo 47:5).


Este fue el alegre sonido de trompetas, a todo volumen, ¡anunciando a los creyentes el año de jubileo! El sonido proclamado a toda la humanidad: “He hecho provisión para que puedas salir de la cárcel, para que sea restaurada tu familia, y tengas todo lo necesario para una vida plena. Tienes la libertad para vivir sin temor a ningún  enemigo. ¡Entra ahora en mi gozo!”

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