“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson que nos llegó hoy: 29  de setiembre del 2011:

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“El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, lo ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.” (1 Juan 5:10).


Considere todos los terribles pecados de Israel cometidos en el desierto, murmuraciones, reclamos, idolatría, ingratitud, rebelión, sensualidad. Sin embargo ninguno de ellos provocó la ira de Dios. ¡Fue su incredulidad la que enojó a Dios! “Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” (Números 14:11).


Dios le dijo a Moisés, “Este pueblo crea mentiras después de todo lo que he hecho por ellos! He realizado milagros tras milagros, los he librado vez tras vez. ¿Cuándo finalmente confiarán y descansarán en mí?”


Deténgase por un momento y medite en todas las cosas que Dios ha hecho por usted: Él lo ha guardado, ha contestado oración tras oración. Él lo ha acompañado en todas sus crisis. Él lo ha sacado de todas sus pruebas, lo ha alimentado con maná del cielo, ha hecho por usted cosas que van más allá de milagros.


Durante 38 largos años, Israel olvidó la Palabra de Dios y sus milagros. Y debido a que cayeron en murmuraciones e incredulidad, Dios exclamó, “…los heriré de mortandad y los destruiré…” (v. 12). Él le dijo a Moisés, “¡Me rindo con mi pueblo porque éste nunca llegará a confiar en mi!” Cuando Israel se  ncontraba en el lado victorioso del Jordán, Moisés hizo una declaración solemne: “Mira, Jehová, tu Dios, te ha entregado la tierra: sube y toma posesión de ella, como Jehová, el Dios de tus padres, te ha dicho. No temas ni desmayes…No temáis ni tengáis miedo de ellos. Jehová, vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, peleará por vosotros….Pero ni aun así creísteis a Jehová, vuestro Dios…Cuando Jehová oyó la voz de vuestras palabras, se enojó e hizo este juramento: “Ni un solo hombre de esta mala generación verá la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres…” (Deuteronomio 1:21, 29-30,32, 34-35).


Dios magnifica Su Palabra por encima de Su nombre. Él ejecuta cada palabra que pronuncia, y todas las cosas que le dijo a Irael son las mismas cosas que nos dice a nosotros. Yo te pregunto: ¿acaso no incurriremos en Su ira si actuamos con incredulidad?


Leemos Su Palabra y escuchamos todas Sus promesas desde el púlpito pero después nos paramos en un rincón y nos preocupammos porque no los vemos actuar inmediatamente como quisiéramos. Cuando no permitimos que su Palabra se ancle a nuestras almas, cuando escuchamos sus preciadas promesas y después actuamos como si hubiéramos sido abandonados, ¡exponemos a Dios como mentiroso!
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