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“Por fin han llegado la salvación y el poder, el reino de nuestro Dios, y la autoridad
de su Mashiáj. Pues el acusador de nuestros hermanos —el que los acusa
delante de nuestro Dios día y noche— ha sido lanzado a la tierra.
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…Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 27 de agosto de 2013:

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Miqueas trae a nuestra atención una de las profecías más gloriosas de todo el Antiguo Testamento. Él profetizó de un pueblo que seguirá al Señor a nuevos pastos. “De cierto te juntaré todo, oh Jacob; recogeré ciertamente el resto de Israel; lo reuniré como ovejas…en medio de su aprisco” (Miqueas 2:12).


Miqueas vio al pueblo de Dios siendo liberado, un pueblo cuyo corazón late como uno solo, un pueblo tan guiado por el Espíritu que serían llamados marginados por la iglesia apóstata. “En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre” (Miqueas 4:6-7).


¿Quiénes conforman este santo remanente? No los soberbios, los ministerios egocéntricos, los “lustrosos” ni las  estrellas aplaudidos. ¡No! Son las personas que han pasado por el fuego de la prueba. Incluidos los desconocidos, los marginados, los que se consideran laicos en comparación con la poderosa y elevada iglesia establecida y los que levantan sus voces contra la corrupción en la casa de Dios.


Dios dice: “¡Voy a juntarlos!” Todos los esfuerzos humanos de juntar a los siervos de Dios son en vano. Dios tiene que hacerlo y lo único que trae este remanente en unidad, haciendo que se ven a los ojos, es un corazón arrepentido en unión con Cristo.


Jerónimo, uno de los padres de la iglesia y un estudioso de la Biblia, los describe como “aquellos hijos de Dios que están arrepentidos y que se elevan por encima de las cosas mundanas y aspiran al cielo”. Éste es un pueblo con la mente celestial, cansados ​​de la ligereza y de la transigencia, un pueblo que anhela la santidad en la casa de Dios. Incluso ahora hay un remanente santo surgiendo de entre los hombres. Cada hombre y mujer de Dios, cuyo corazón está quebrantado por el pecado y la corrupción en la casa de Dios ¡puede sentir este brote del Espíritu! ¡Hay una salida, un estallido justo por delante!

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