“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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A lo largo de los veinte siglos de la gracia a habido muchas apariciones de la virgen encinta de Dios –María/Myriam-. La primera fue la llamada virgen del Pilar que se produjo estando aun viva la madre de Jesús/Yeshua en el inicio de la misión apostólica a las naciones. Cierto es que para la doctrina evangélica moderna –no la de los reformadores- nombrar a la virgen y sus apariciones convierte a cualquiera en sospechoso de idolatría. Es una linea roja mas allá de la cual viene el desprecio y la descalificación. Sin embargo el hecho de que la virgen se muestre siempre grávida del Hijo de Dios –“encinta”- nos indica no solo que no es un ídolo infernal sino que es la viva expresión del misterio mas bendito del universo: la encarnación de Dios dada a los hombres para su salvación y vida eterna.

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A este misterio -la virgen grávida de Dios- lo hemos llamado “la señal a Efraín”. Esto es, na cosa nueva imposible de imaginar desde el judaísmo, una señal establecida por Dios/Elohim -YaHWéH- desde la fundación del mundo para rescatar a Efraín del pecado de rebeldía que lo llevó cautivo al desierto de las naciones. Y por eso una señal a todos los hombres, todas las criaturas.


Las palabras que la virgen encinta ha dirigido a sus videntes nunca anuncian “otro evangelio”, ni buscan protagonismo, sino que nos hablan del Hijo con extrema devoción -adoración-. Y si bien generalmente trae un mensaje para la Iglesia Católica ella se ha manifestado siempre por fuera de sus límites al punto de que la Iglesia Católica siempre ha sido escéptica hasta que fueron validadas luego de un cuidadoso escrutunio que a veces lleva años. Por lo demás, en la mayoría abrumadora de los casos la virgen encinta de Dios se ha aparecido ante gente simple, sin instrucción, a niños en aldeas remotas incapaces de elaboraciones teológicas complicadas o a creyentes en el inicio de su conversión. Recordemos que Bernadette Soubirous -14 años- no había tomado aun la primera comunión cuando fue vidente de “la señora” y aun así transmitió al cura del lugar el nombre de ella: “Inmaculada Concepción”, que era un dogma recién proclamado que no podía estar presente en la mente de una adolescente poco instruida aún en el evangelio y que -naturalmente- no comprendía en plenitud. No puede entonces decirse que estas apariciones son “invención” de hombres malévolos –imagen con la cual nos gusta a los evangélicos identificar al clero católico de todas las épocas- y es mi convicción de que debemos acercarnos a ellas con el convencimiento de que pertenecen al ámbito de la fe cristiana -¿a que otro ámbito podrían pertenecer?- y por eso nos desafían como creyentes en Cristo.


Pero estas apariciones presentan -o presentaron- un problema al análisis crítico: en general no han dejado cosas palpables que podamos verificar empíricamente aparte de las declaraciones de los videntes y los hechos notables y portentosos que se producen a partir de ellas, es decir, los frutos ¡que son testimonios válidos!. Esto fue casi siempre así excepto en el caso de la aparición de la que llamamos “virgen de Guadalupe” que se produjo en la cima e inmediaciones del cerro Tepeyac ubicado al norte de la hoy inmensa ciudad de México. En este caso nos ha quedado un ayate (nota 1) que perteneció al indio cuyo nombre cristiano fue Juan Diego en donde se puede ver una extraordinaria imagen impresa. Y hay también un documento escrito de la época en lengua náhuatl que da testimonio de los hechos: el Nican Mopohua. A la imagen sobre el ayate -también llamado “tilma” aunque ambos términos no son estrictamente sinónimos- nos referiremos en otro estudio. En este abordaremos la interpretación según la astronomía inspirada del mapa del cielo -las estrellas y constelaciones- sobre el cerro Tepeyac en la madrugada del 9 de diciembre de 1531. Esta es la fecha de la primera aparición, a solo ¡10 años! de culminada la conquista de México. Era también el amanecer por tanto de la ocupación española de una América india que todavía mostraba razonables recelos y hostilidad hacia el conquistador y el Dios que este predicaba.


Este era el cenit del cielo sobre el cerro Tepeyac en la madrugada del 9 de diciembre de 1931:

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La constelación que esta en el cenit –en forma de escuadra en ángulo recto- está bajo el dominio de la gran constelación de Virgo (virgen) que aparece mas abajo. Un astrónomo de la corte del faraón Ptolomeo III Evergetes (282-222 a. C) le puso el nombre: “Coma Berenice” (“La cabellera de Berenice”), en sustitución del original, que hoy desconocemos, para resolver un problema matrimonial entre faraón y su esposa. Esta constelación “Coma Berenice” -o simplemente “Coma”- es la que estaba en el cenit del cielo sobre el cerro de Tepeyac el 9 de diciembre de 1531 al amanecer. Su estrella principal se ve así de hermosa bajo los telescopios modernos:

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Ahora bien, en astronomía inspirada la imagen ancestral -es decir, la original- de cada una de las constelaciones cuenta, en conjunto con las imágenes de las demás constelaciones, el plan de Redención tal como le fue revelado a Adan y la familia de Set. Es decir, son una especie de vitral medieval, una sucesión de imágenes significantes entre sí que cuentan una historia (Ver: “La historia de Perseo, Andrómeda, Cetus y el caballo Pegaso”). Por eso que no se puede cambiar una imagen original por una inventada porque se deja este punto del vitral celestial sin interpretación revelada. Y los astrónomos de la corte de Ptolomeo III Evergetes, cuando cambiaron el nombre a la constelación que hoy se llama “La caballera de Berenice” le adjudicaron también otra imagen desplazando a la de original. ¡Vaya doble canallada!. Y esta es la imagen que adjudicaron a la constelación “Coma Berenice:

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que siendo una falsificación caprichosa carece por completo de sentido dentro del Plan de Redención que cuentan el conjunto de las constelaciones. Y para descubrir cual era la imagen original de la constelación de la mal llamada “Coma Berenice” que estaba en el cenit del cielo sobre el cerro Tepeyac el día de la primera aparición de la virgen al indio Juan Diego tenemos que ir a un mapa de los cielos anterior a Ptolomeo III. Y tenemos el zodiaco pintado en la cúpula del antiguo templo egipcio de Dendera -anterior a Ptolomeo III- en donde aparece la imagen correspondiente a la constelación falsificada que es ¡una mujer con un niño en sus brazos!:

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¡Esta es la imagen que buscamos!, por eso está bajo el dominio de la constelación de Virgo (virgen), ya que habla del niño ya nacido de la virgen encinta y desde siempre se nos informo que ese niño es Hijo de Dios. ¡Nada que ver con una cabellera!. Y el astrónomo morisco del siglo VIII –Albumazar- describe así el significado de la imagen original:


“Hay en la primera constelación –del sector celeste correspondiente a Virgo (virgen)- una mujer joven sentada en un trono alimentando a un niño que tiene un nombre hebreo, y que algunas naciones llaman IESHU… que en griego es llamado CHRISTOS


lo que exime de todo comentario. Vale la pena agregar que cuando miramos desde la tierra en dirección a la mal llamada “Coma Berenice” -que estaba en el cenit del cerro Tepeyac en el momento de la aparición de la virgen como dijimos- lo estamos haciendo en la dirección de un eje perpendicular al plano de nuestra galaxia que indica el polo norte galáctico, el punto más profundo del cielo.

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En astronomía inspirada, otro punto del cielo que aporta significado sustancial es el naciente. El día que estamos estudiando este era el naciente sobre el cerro de Tepeyac:

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dominado por la constelación de Sagitario. Según E.G Bullinger (en el libro que ya hemos citado) esta alude al caballero victorioso de Apocalipsis 6:2:


“Miré, y vi un caballo blanco.
El que lo montaba tenía un arco
y le fue dada una corona,
y salió venciendo y para vencer”


El nombre de la constelación de Sagitario en acadio significa: “Principie de la Tierra”, este es el Rey del Mundo venidero que los cristianos esperamos. Y la constelación de Sagitario está acompañada en el naciente de esa madrugada por Venus –el “lucero de la mañana”- cuyo significado hemos explicado in extenso en “La historia de Perseo, Andrómeda, Cetus y el caballo Pegaso”. Y hay mas: en el naciente vemos también a la luna en fase creciente, a solo 9% de su tamaño final, ¡tal como se muestra a los pies de la imagen de “La virgen de Guadalupe”!. Y es interesante que “México” significa “El ombligo de la luna”.

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En este análisis no podemos obviar algo muy significativo: si miramos todo el cielo sobre el Tepeyac en ese día y hora -hasta ahora hablamos del cenit y el naciente- e imaginamos el espacio que abarca la proyección de la “escuadra” de la constelación mal llamada “Coma Berenice” vemos que abarca a la figura de la serpiente que se ve mas abajo:

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hecho este que esta representado en el escudo de México:

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La divinidad indígena que se adoraban en este cerro era llamada ‘Señora de la falda de serpientes’ (Coatlicue). Pues bien, esa serpiente que estaba en las “faldas” de  Coatlicue pasó a estar bajo el dominio del Hijo de la virgen encinta que fue llamada -en esta ocasión- “Guadalupe”. Este dominio de la virgen encinta sobre la serpiente antigua es lo que se narra en Apocalipsis 12: la lucha de la serpiente contra la simiente de la mujer. Y a esto también alude el escudo de México (Éxodo 19:4).

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Podríamos hacer el análisis de otros elementos de este mapa del cielo sobre el cerro Tepeyac pero creo que con lo dicho es suficiente:


El día que según la tradición hubo una aparición de la virgen encinta –María/Myriam- al devoto indio Juan Diego en el cerro Tepeyac los cielos anunciaban también a una virgen encinta del Hijo de Dios, dado al mundo para liberación del pecado de todos aquellos que en Él creen.


Quince años después de esa fecha, y por influencia de esta aparición mariana, aproximadamente 9.000.000 de indios se habían convertido al cristianismo en México y de esta manera toda la América india y mestiza se volcaba masivamente a la fe que vino desde mas allá del mar. ¡Aleluya!

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nota 1): “ayate” viene del náhuatl ayatl, y es un implemento de la vestimenta de los indios de Mesoamérica que sirve para recolectar las cosechas y puede estar de hecho de fibras de maguey, palma, henequén o algodón. Esto es bastante interesante porque tanto la figura de la constelación de Virgo (Virgen) como la de “Coma Berenice” tienen una espiga de trigo en sus manos.

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Breve Historia de la aparición en el cerro Tepeyac

–tomado de la Red-:

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El día 9 de diciembre de 1531, en la ciudad de México, Nuestra Señora se apareció (en el cerro Tepeyac) al noble indio Cuauhtlatoatzin —que había sido bautizado con el nombre de Juan Diego— y le pidió que dijese al obispo de la ciudad que construya una Iglesia en su honor. Juan Diego transmitió el pedido, y el obispo exigió una prueba de que efectivamente la Virgen había aparecido. Recibiendo de Juan Diego el pedido, Nuestra Señora hizo crecer flores en una colina semidesértica (del cerro Tepeyac) en pleno invierno, las cuales Juan Diego debía llevar al obispo. Éste lo hizo el día 12 de diciembre, acondicionándolas en su manto (ayate). Al abrirlo delante del obispo y de varias otras personas, verificaron admirados que la imagen de Nuestra Señora estaba estampada en el manto (ayate). Muy resumidamente, ésta es la historia, que fue registrada en un documento escrito.

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Ver también:

BELÉN Y TEPEYAC: ¡EL MISMO CIELO!

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