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“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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En hebreo, la palabra varón es “ish” mientras que mujer es “ishá”:

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Si analizamos estas dos palabras y las comparamos surge una enseñanza fundamental: ambas palabras tienen 2 letras en común: la “alef “y la “shin”, que juntas forman la palabra  “esh” o fuego:

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Y queda en cada palabra una letra:

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-> la “iud” en el varón
-> la “hei” en la mujer

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Es decir, la mujer tiene para ceder la  “hei”  y el hombre tiene para ceder la “iud” en su relación matrimonial. Y ambas  forman el nombre de Dios/Elohim:

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La Palabra nos dice rotundamente que cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio forman “una sola carne” (Génesis 2:24), esto es, una unidad indisoluble. Pero para que esa unión sea completa a los ojos del Creador tiene que haber un intercambio profundo entre la “iud” del hombre y la “hei” de la mujer. De lo contrario no son “una sola carne”, una unidad a los ojos de Dios.  Hay algo mas entonces que una relación de hombre y mujer en el matrimonio según el designio del Altísimo. Dice Eclesiastés 4:12:

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“un cordón de tres dobleces no se rompe pronto”

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A los ojos de Dios/Elohim el matrimonio es entonces cosa de tres: hombre + mujer + Dios. Por eso debemos celebrarlo ante un altar.

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Hoy vivimos un tiempo en que el matrimonio se ha vaciado de significados y los divorcios superan a los matrimonios en muchos países de la “cristiandad”, educados en el conocimiento del Dios que se reveló en su Hijo -Jesús-. La “violencia domestica” se equipara a la que hubo antes del colapso de civilizaciones en el pasado y nos anuncia que nuestra cultura no tiene ,mas soporte. Y es que una sociedad sin Dios se disgrega y entra en aguda entropía.

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Digamos también que Dios/Elohim -YaHWéH- entiende los pactos con su pueblo como un Pacto matrimonial. Y en este pacto Él es el Marido y su pueblo elegido la Esposa.  Cuando su pueblo abandona la relación con su Hacedor, Marido y Redentor (Isaías 54:5) se produce una rotura profunda y prevalece entonces el fuego consumidor. Esto fue lo que sucedió con el Primer Pacto, tanto por parte de la “casa de Israel” como por parte de la “casa de Judá”, que juntas componen el ISRAEL de doce tribus. Pero YaHWéH es un Dios de pactos y cuando el pacto del Sinaí quedó “invalidado” Él anunció que vendría uno nuevo que recompondría la relación con un remanente santo de su pueblo:


“Vienen días, dice YaHWéH,
en los cuales haré un nuevo pacto
con la casa de Israel y con la casa de Judá.
No como el pacto que hice con sus padres
el día en que tomé su mano
para sacarlos de la tierra de Egipto;
porque ellos invalidaron mi pacto,
aunque fui yo un marido para ellos,
dice YaHWéH”.
Jeremías 31:31-32


Por eso el Nuevo Pacto es un Pacto para un nuevo Matrimonio, en el que la iglesia fiel -el “trigo” de la membresía  de las iglesias de Cristo- es la Novia que acudirá a las bodas celestiales con el Cordero de Dios. Así YaHWéH volverá a desposarse con su pueblo que será una Esposa amada y fiel que vivirá eternamente con Él.


“Convertíos, hijos rebeldes, dice YaHWéH,
porque yo soy vuestro esposo: y os tomaré…
y os introduciré en Sión”
Jeremías 3:14

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Ver también:

“El nuevo Matrimonio de la desamparada”

“Divorcio y nuevo Matrimonio de Efraín:
las bodas del Cordero

“La historia de Perseo, Andromeda,
Cetus y el caballo Pegaso”

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