“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

EEUU, JERUSALEN Y UN ACTO DE JUSTICIA

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el febrero 14 de 2014:

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Tal vez estás buscando una iglesia que instruya a tus hijos los domingos por la mañana. O, tal vez estás buscando compañerismo verdadero. Tal vez estás hambriento por buena alabanza y adoración. O estás tratando de satisfacer alguna otra profunda necesidad en tu vida.


Déjame darte esta palabra acerca de la verdadera iglesia de Dios: La Biblia dice que tú has sido designado como un real sacerdote para Dios. Claro que sí, tu debes ser un pastor, un ministro, un sacerdote, y la iglesia verdadera debe comenzar en tu casa.


La Biblia dice que cada creyente ha sido llamado para formar parte del sacerdocio santo de Sadoc: “Mas los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice Jehová el Señor. Ellos entrarán en mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán mis ordenanzas” (Ezequiel 44:15-16).


No tienes que ir al instituto bíblico, ni tienes que tener un certificado de ordenación colgado en la pared para ser parte del real sacerdocio de Dios. Todo aquel que ha sido lavado en la sangre de Cristo ha sido establecido como sacerdote para el Señor.


Crecí en una familia que practicaba lo que se llamaba “el altar familiar”. Mi padre creía que el versículo del libro de Hebreos que manda a los cristianos a no dejar de congregarse también era para las familias. Por lo tanto, no debíamos faltar al altar familiar.


Si mis hermanos y yo estábamos jugando afuera con nuestros amigos cuando llegaba la hora del altar familiar, siempre nos entrabamos cuando nuestros padres llamaban: “¡Tiempo de orar!”. ¡Todos en el vecindario sabían que los Wilkersons iban al altar familiar!


Mi padre felizmente tomó el papel de sacerdote y pastor en nuestra casa. Pero, ¿Qué hay de ti? ¿Has examinado tu corazón con respecto a convertirte en sacerdote para tu familia?

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