“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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15/04/13

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by Gary Wilkerson

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“Christus Victor” es la frase del latín que los padres de la iglesia primitiva usaron para describir a Jesús y Su expiación. Traducido a grandes rasgos, significa: “Nuestra victoria no está en nosotros mismos, sino en Cristo”.


Si derrotamos a un enemigo cuando las probabilidades son de cincuenta por ciento, nos sentimos tentados a pensar: “yo gané la batalla.” Pero cuando nuestro enemigo tiene 3 metros de altura, cuando lo hemos reprendido pero regresa aun más fuerte, cuando hemos agotado todos nuestros recursos, cuando nos damos por vencidos y decimos: “No puedo hacer esto”, entonces Dios dice: “Te tengo justo donde te quería.”


Por lo general, las historias del Antiguo Testamento son enseñadas a los niños, no como verdades espirituales, sino como enseñanza moral. Por ejemplo, la lección de Jonás se suele presentar como: “No desobedezcas a Dios o te meterás en serios problemas.”


A la mayoría de nosotros se nos enseñó la historia de David y Goliat en la escuela dominical y la lección era: “Sé valiente y osado”. El problema con esta interpretación de la historia de David es que les estamos enseñando a nuestros hijos a que hagan algo que ellos no son capaces de hacer. No había ni un solo soldado israelita que podría haber sobrevivido a un combate cuerpo a cuerpo con Goliat. Esa batalla estaba por encima incluso del hombre más valiente.


Del mismo modo, cuando estamos en una batalla espiritual, la valentía y la audacia no son suficientes. David sabía que no estaba a la altura Goliat. De hecho, todavía no era ni siquiera un soldado, era demasiado joven. La única cosa con la que David estaba armado cuando se presentó en el frente de batalla era pan y queso para sus hermanos. Sin embargo, la diferencia con David era que él sabía que la batalla no era suya, sino de Dios. Cuando escuchó las burlas de Goliat, testificó:


“Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza,…y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.” (1 Samuel 17:46-47).

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