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“Solo yo puedo predecir el futuro antes que suceda. Todos mis planes se cumplirán… llamaré a una veloz
ave de rapiña desde el oriente, a un líder de tierras lejanas, para que venga y haga lo que
le ordeno. He dicho lo que haría, y lo cumpliré. Pues estoy listo para rectificar todo…
Estoy listo para salvar a Sión y mostrarle mi gloria a Israel”
Isaías 46: 10-13


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Colaboración de

Juan José Fernández Granados

Ministerio Luz a las naciones

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INTRODUCCIÓN

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Como ya dijimos, el autor de este evangelio es Mateo (viene del nombre hebreo “Matityahu”, su forma corta es “Matay” y significa “Regalo de Dios”), hijo de Alfeo, también se llamaba Leví (no se sabe si Leví sería su apellido o su primer nombre), era publicano, es decir, recaudador de impuestos al servicio de Roma, debido a su profesión debía hablar varios idiomas, tenemos algunas evidencias internas que sugieren que Mateo fue el autor.


Encontramos referencias al dinero que no encontramos en ninguna parte del Nuevo Testamento: el impuesto de dos dracmas (Mt. 17:24), un estatero (Mt. 17:27) y los talentos (Mt. 18:24).


Cuando se mencionan los 12 apóstoles en el evangelio de Mateo (Mt. 10:3), Marcos (Mc. 3:18) y Lucas (Lc. 6:15), solamente en el de Mateo, Mateo es llamado “Mateo el publicano”.


Cuando Mateo deja su oficio para seguir a Yeshua, en el evangelio de Mateo se dice que “comieron en su casa” mientras que el evangelio de Lucas dice que “Leví le hizo un gran banquete” (Lc. 5:29).


La parábola del fariseo y el publicano y el incidente con Zaqueo, jefe de los publicanos, no aparecen en el evangelio de Mateo.


Mateo era un judío que conocía muy bien las Escrituras y el Judaísmo, como su evangelio iba dirigido a los judíos lo escribió en hebreo. Papías (80–155 d.C.), Ireneo (130–202 d.C.) y Orígenes (185–254 d.C.)   afirmaron que Mateo escribió en hebreo.

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LECTURA: MATEO CAPÍTULO 1:1-17

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La genealogía de Mateo y la de Lucas


El libro de Mateo empieza con una genealogía de Yeshua, comienza de una forma muy judía, el capítulo 5 del libro de Génesis empieza  de la misma forma.


En el libro de Mateo encontramos la genealogía por la línea de José, aunque podemos ver que Yeshua es Hijo de Abraham e Hijo de David, esta genealogía nos muestra que si José hubiese sido el padre de Yeshua, Yeshua NO podría haber sido el Mesías. Por tanto, la genealogía que legitima a Yeshua como Rey de Israel y como Mesías, se encuentra en el evangelio de Lucas. Mateo escribe esta genealogía para demostrar que José NO era el padre de Yeshua y que su derecho al trono de David le viene por parte de su madre, María.


Esta genealogía no era ni es válida para un judío por tres razones importantes (especialmente la tercera):


-> Porque la genealogía NO está completa.

-> Porque menciona a cuatro mujeres: Tamar, Rahab, Rut, la mujer de Urías (Betsabé).

-> Porque menciona a Jeconías y existe una maldición sobre la descendencia de Jeconías:


“Así ha dicho EL SEÑOR: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá.”
Jeremías 22:30


Por  tanto, si Yeshua fuese el hijo biológico de José, NO podría ser el Rey de Israel, pero José NO es el padre de Yeshua, en la sangre de Yeshua no hay ni una gota de la sangre de Jeconías, por tanto la maldición de la descendencia de Jeconías NO se aplica a Yeshua.


Sin embargo, la genealogía de Lucas está completa, no menciona a mujeres, no aparece Jeconías y nos muestra que Yeshua es descendiente del rey David dándole el derecho al Trono (Lc. 3:23-38).


Como Mateo nos quiere mostrar que Yeshua no es hijo de José el carpintero, lo primero que relata después de la genealogía es el nacimiento virginal de Yeshua, dicho nacimiento era necesario para librarse de la maldición de Jeconías. Mateo para dejar claro que José No era el Padre biológico de Yeshua al final de la genealogía escribe:


“Azor engendró a Sadoc,  Sadoc a Aquim,  y Aquim a Eliud. Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, y Matán a Jacob; Jacob engendró a José, el marido de María, de la cual nació Yeshua, llamado el Cristo.”
Mateo 1:16


Como hemos leído, Mateo no sigue la estructura de “engendró a” enfatizando que Yeshua nació de María, no fue engendrado por José.


Cuando leemos la genealogía que aparece en Lucas vemos que también se menciona a José, sin embargo esto era algo que se hacía cuando se ponía el árbol genealógico de una mujer, el nombre de la mujer se sustituía por el nombre de su marido, por eso, aparentemente, las dos genealogías pertenecen a José, sin embargo, la genealogía de Lucas pertenece a la de su esposa María, además cuando un padre no tenía hijos varones, adoptaba como hijo suyo a su yerno con la condición que se su hija se casará con un varón de su misma tribu, esto es lo que sucedió también en el caso de José y María, los dos eran de la misma tribu, de la tribu de Judá, por eso Lucas afirma que “José era hijo de Elí” (Lc. 3:23) refiriéndose al padre de su esposa María.


Un dato muy significativo para poder saber que la genealogía de Lucas pertenece a la de María lo encontramos cuando acudimos al griego, todos los antepasados de María vienen con el artículo “EL”, en griego tenemos: “hijo de el Elí, hijo de el Matat,  hijo de el Leví,  hijo de el Melqui,  hijo de el Jana,  hijo de el José, hijo de el Matatías,  hijo de el Amós,  hijo de el Nahum,  hijo de el Esli,  hijo de el Nagai . . .”, pero cuando llega a José, dicho artículo (el) desaparece, si esta genealogía hubiese pertenecido a José, el artículo no habría desaparecido.


Para finalizar este punto, debemos recordar que Yeshua NO recibió su humanidad de su padre, la recibió de su madre, por tanto aunque la identidad tribal procedía del padre, como Yeshua NO tuvo un padre humano la tuvo que recibir de su madre, de la que recibió también su parte humana, esto puede sonar raro, pero también un nacimiento virginal suena raro y se produjo, con Yeshua las cosas establecidas pueden cambiar.

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El Pacto Abrahámico y el Davídico


Tanto en la genealogía de Mateo (Mt. 1:1) como en la de Lucas (Lc. 3:32 y 34) vemos que Yeshua es: El Hijo de Abraham y el Hijo de David.


Hijo de Abraham –> Dios hizo un pacto eterno e incondicional con Abraham, el Pacto Abrahámico, Yeshua fue uno de los Reyes que saldrían de la descendencia de Abraham, pero no un rey como los demás, Yeshua fue el Rey Ungido, el Rey de reyes y en EL son benditas todas las familias de la tierra.


“Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.”
Génesis 17:6-7


“En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra . . .”
Génesis 22:8


“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente,  la cual es Yeshua.”
Gálatas 3:16


Hijo de David –> Dios también hizo un pacto eterno e incondicional con David (II S. 23:5), el Pacto Davídico. Dios levantaría un descendiente de David y reinaría en el trono de David para siempre (II S. 7:12-17 y I Cr. 17:11-15).


“Hice pacto con mi escogido; Juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, Y edificaré tu trono por todas las generaciones.”
Salmo 89:2-3


“He aquí, vienen días–declara el SEÑOR– en que levantaré a David un Renuevo justo; y El reinará como rey, actuará sabiamente, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel morará seguro; y este es su nombre por el cual será llamado: “YaHWéH, justicia nuestra.”
Jeremías 23:5 y 6


“Y acontecerá en aquel día”–declara el SEÑOR de los ejércitos– “que quebraré el yugo de su cerviz y romperé sus coyundas, y extraños no lo esclavizarán más, sino que servirán al SEÑOR su Dios, y a David su rey, a quien yo levantaré para ellos.”
Jeremías 30:8


“Entonces pondré sobre ellas un solo pastor que las apacentará, mi siervo David; él las apacentará y será su pastor. Y yo, el SEÑOR, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellas. Yo, el SEÑOR, he hablado.”
Ezequiel 34:23 y 24


“’Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; andarán en mis ordenanzas y guardarán mis estatutos y los cumplirán. ‘Y habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos y sus hijos, y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será su príncipe para siempre. ‘Y haré con ellos un pacto de paz; será un pacto eterno con ellos. Y los estableceré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre. ‘Mi morada estará también junto a ellos, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.”
Ezequiel 37:23-27


En el evangelio de Mateo Yeshua es llamado Hijo de David:


-> Por dos ciegos. Mt. 9:27 y Mt. 20:30
-> Por una mujer cananea. Mt. 15:22
-> Por  la multitud. Mt. 21:9
-> Por algunos muchachos. Mt. 21:15

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Mesías por nacimiento y por decreto


Yeshua pudo ser Rey de Israel porque era descendiente del rey David por la línea de su madre (la simiente de la mujer), pero no solamente eso, él pudo ser Rey de Israel por decreto divino.


El decreto fue promulgado por medio de un ángel como podemos observar:


“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre YESHUA. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”
Lucas 1:30-33


“José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre YESHUA, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí,  una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”
Mateo 1:20-23

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LECTURA: MATEO CAPÍTULO 1:18-25


La relación de José y María


En el versículo 18 leemos que María estaba desposada con José, esto quiere decir que ella estaba comprometida con él, este compromiso se iniciaba con la lectura de un contrato matrimonial (la ketubá – “lo que está escrito”) realizado por el novio donde especificaba sus promesas, sus obligaciones como esposo y lo que estaba dispuesto a dar al padre por la novia (David dio a Saúl 200 prepucios de los filisteos por su hija, Mical), también se reflejaba la cantidad de dinero que daría a su esposa en caso de divorcio y la herencia que le quedaría en caso de muerte, este contrato estaba escrito en arameo y era leído en la casa del Padre de la novia delante de varios testigos y amigos del novio, dicho contrato matrimonial era tan importante que sin la ketubá un hombre NO podía vivir con su mujer, la ketubá era una protección para la esposa, pertenecía a la esposa y ella era la encargada de guardarla. A continuación bebían de una copa de vino llamada “la copa del Pacto o copa de  la Aceptación” recitando una bendición especial para la ocasión y el novio le entregaba un regalo de valor, normalmente un anillo. A partir de esta ceremonia de compromiso llamada kidushin (santificación) los novios se consideraban marido y mujer aunque todavía no viviesen juntos, por tanto la infidelidad por alguna de las dos partes era considerada adulterio.


La novia llevaría un velo mostrando públicamente su compromiso matrimonial. Después de haber prometido a su amada que volvería a por ella, el novio regresaría a la casa de su padre para preparar una morada/casa para su novia (en la propiedad del Padre o incluso dentro de la casa del padre), después de unos meses (normalmente 12) cuando la morada estaba hecha y el padre del novio daba el visto bueno a dicha morada, el novio acompañado de varios amigos con lámparas y antorchas (normalmente esto ocurría por la noche) iban a por la novia, la novia no sabía exactamente cuándo llegaría ese momento tan especial y esperado, por eso siempre tenía que estar preparada y las acompañantes de la novia, las damas de honor, tenían que tener preparadas sus lámparas para acompañarla.


Para avisar a la novia de la llegada de su amado, alguien daba un grito y se tocaba el shofar, la novia con sus acompañantes salían a recibir al novio y se dirigían a la casa del Padre donde habría un banquete preparado y estarían los invitados esperando.


Cuando llegaban a la casa, se hacía una bendición y la novia era entregada al novio, después los novios entraban en la habitación nupcial para consumar el matrimonio, una vez consumado el matrimonio, el novio se lo decía a un amigo suyo que estaba en la puerta esperando y su amigo iba y lo anunciaba a los invitados, todos se alegraban por los novios y comenzaba la fiesta celebrándola durante 7 días, en esos 7 días los novios estaban “escondidos” en la habitación. Cuando se cumplían los 7 días los novios salían de su “escondite” y la novia ya no llevaría el velo.


Volviendo ahora a la historia de José y María, José cuando se enteró que su mujer estaba embarazada, quiso despedirla divorciándose de ella secretamente, pero un ángel del Señor se le apareció en sueños y le explicó que el niño había sido concebido por el Espíritu Santo y sería el Salvador de su Pueblo, por eso se llamaría YESHUA (Salvación). José obedece al ángel y recibe a su mujer antes de lo previsto según la costumbre judía que ya hemos visto.


El nombre real del niño sería Yeshua (Mt. 1:21) y su nombre simbólico sería Emmanuel (Mt. 1:23). Otros nombres simbólicos de Yeshua los podemos encontrar en Isaías 9:6, veamos:


“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”


Mateo afirma que con el nacimiento virginal se cumple la profecía que encontramos en Isaías:


“Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.”
Isaías 7:14


Algunos dicen que “una virgen concebirá” en realidad se ha tenido que traducir “una joven (heb. almah) concebirá”, sin embargo, no hay nada de especial si se afirma que “una joven concebirá”, esto no sería una señal ya que muchas jóvenes conciben y dan a luz, la señal sería que “una joven virgen concebiría y daría a luz un hijo”. Otro detalle es que cuando en el Tanakh (A.T.) aparece la palabra “almah” siempre se refiere a una joven virgen.

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sigue en “El evangelio de Mateo (II)

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