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“Por fin han llegado la salvación y el poder, el reino de nuestro Dios, y la autoridad
de su Mashiáj. Pues el acusador de nuestros hermanos —el que los acusa
delante de nuestro Dios día y noche— ha sido lanzado a la tierra.
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…Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy:  24 de febrero del 2012:

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“Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Efesios 4:32).


Si usted quiere ser misericordioso -tomar su manto para restaurar a su hermano o hermana -usted no necesita saber detalles de cómo la persona se “ensució.” Jesús no le preguntó a Sus discípulos, “¿Cómo se ensuciaron ustedes los pies?” Él solamente quería quitar de ellos el polvo. Su amor por ellos fue incondicional.


De la misma manera, aquéllos que caminan en la plenitud de Jesucristo deben de tener una actitud de amor hacia las personas con pies sucios. No estamos para preguntar detalles. En su lugar, nosotros debemos decir, “Déjame lavar tus pies.”


Muy seguido cristianos quieren ahondar en todos los detalles morbosos de una situación. Ellos vienen a un creyente que tiene pies sucios diciéndole, “Yo quiero lavar tus pies. Pero dime, ¿qué sucedió? ¿cómo te ensuciaste?”


En cierto punto de la historia de fracaso, el curioso consolador se percata, “¡Oh, esto es peor de lo que pensaba. Yo no puedo resolver esto.” Y después de unos pocos detalles, él llega al límite de su endeble misericordia humana. Él juzga a la persona como muy malvada, más allá de ser auxiliada, y tira el manto y se aleja.


Amado, usted no puede lavar pies portando un manto de juez. Usted tiene que quitarse sus mantos de rectitud antes de que pueda hacer cualquier limpieza. Pablo dice que nosotros debemos de ser  amables y pacientes con toda la gente: “porque el siervo del Señor no debe ser amigo de contiendas, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. Debe corregir con mansedumbre a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad.” (2 Timoteo 2:24-25)


Pablo está diciendo, “Tú debes ser misericordioso con todos, deseoso de lavarles los pies. Dios tendrá misericordia de ellos y los librará de su pecado.”
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