“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

ir a página principal

…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

+

+

+

+

+

+

+

*

“Pero nosotros esperamos,
según sus promesas,
cielos nuevos y tierra nueva,
en los cuales mora la justicia.”
2 Pedro 3:13

+

En este pasaje la palabra “justicia” puede traducirse también “rectitud”. Tanta son las cosas torcidas a que nos van acostumbrando en todos los ámbitos de nuestra vida que hablar de rectitud parece un exabrupto o una antigualla del pasado. ¿Qué es rectitud?. El apóstol Pablo escribiendo a los Filipenses decía:


“Por lo demás, hermanos,
todo lo que es verdadero,
todo lo honesto, todo lo justo,
todo lo puro, todo lo amable,
todo lo que es de buen nombre;
si hay virtud alguna,
si alguna alabanza,
en esto pensad”.
(Filipenses 4:8)


Repare el lector si alguna de estas cosas son las que se promueven en nuestra sociedad y nuestra cultura. Repare en la programación de TV, o el cine, o los abismos en que se puede caer en la Internet, o los juegos electrónicos y de computadora. Repare como estas cosas no reconocen frontera y se expanden por el mundo entero. Repare como las cosas que eran obviamente “sin virtud alguna” en el pasado emergen hoy como demandas y “derechos” a los que debemos curvarnos. Repare la rispidéz conque se recibe cualquier apelación a la normalidad o “rectitud”, tal como era entendida -por lo menos en occidente- en tiempos en que los valores de las iglesias de Cristo eran aceptados universalmente (o por lo menos no eran radicalmente contradichas).


La humanidad “globalizada” tiene el estado mental reprobable que se relata en Génesis 11:6


“Todos forman un solo pueblo
y hablan un solo idioma;
esto es sólo el comienzo de sus obras,
y todo lo que se propongan
lo podrán lograr”.


El hombre de hoy en su abrumadora mayoría no se pregunta si sus obras le agradan a Dios o no, si están o no en Su Propósito. Tan solo prevalece la certeza de que el esfuerzo humano y el “aumento de la ciencia” (Daniel 12:4) todo lo pueden, o lo podrán. Y así el “dios ciencia” todos los días invade territorios reservados solo al Dios del cielo, nuestro Creador. Este es el sentido manifiesto que guía la cultura que hoy nos aflige: los hombres podemos decidir cualquier cosa por nosotros mismos, no importa si a Dios le gusta o no. Él no es nuestro Creador, por lo contrario: somos imagen de un simio y a él debemos pedir consejo.


¿Es posible cambiar por medios humanos o “políticos” esta tormenta de basura sobre nosotros?. No, no es posible porque ya no existe consenso profundo sobre lo que es bueno y lo que es malo, y por lo tanto las tinieblas se abaten sobre el mundo. No hay criterios sanos sobre lo socialmente aceptable y lo inaceptable. Sobre lo virtuoso o lo viciado, corrupto o torcido. Y si los hay prontamente se procura acallarlos.  Una tendencia sostenida hacia lo torcido y bizarro es lo que parece tener vía libre. Y por eso sabemos que el Juicio esta decretado sobre este mundo, ya lo hubo antes en situaciones similares y lo volverá a haber en breve.


Por eso nosotros esperamos “cielos nuevos y tierra nueva” que nos permitan dejar atrás las tinieblas que hoy nos obligan a caminar con la única guía de nuestra Luz interior (Isaías 50:10)


(Ver: “En un mundo sin luz dependa de Dios”)

+

+