“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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El evangelio nació siendo motivo de escándalo y contradicción entre los pueblos. Y esto porque convierte a ciudadanos de este mundo en súbditos de un Reino venidero y de este modo instala una tensión difícil de resolver entre fidelidades contrapuestas. Esto es, todo aquel que ejerce fe completa en el evangelio pasa a ser “peregrino y extranjero” en este mundo (al que debe renunciar) y se obliga a promover de muchas maneras -de todas las posibles- el Reino de Su Señor, la Luz que lo iluminó, que no es de este mundo.  Dice Filipenses 3:20:

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“En cambio nosotros
somos ciudadanos del cielo,
de donde anhelamos recibir al Salvador,
el Señor Jesucristo”.

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Esta tensión entre dos ciudadanías -una terrenal y otra celestial- se vuelve oposición radical en los regímenes impíos, incluso incluso colocando a aquellos que confiesan la fe cristiana bajo pena de muerte. Por eso el apóstol Pablo y los cristianos de aquellos días fueron acusados ante las autoridades del Imperio, cuyo césar demandaba adoración exclusiva, de estar provocando tumulto:

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“Estos que trastornan el mundo entero
también han venido acá”
(Hechos 17:6)

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¡Y cuantos Nerones nos ha dado la historia de todos los tiempos!. ¿Cuantos en la historia contemporánea han perseguido a los cristianos porque no le daban adoración exclusiva a ellos o su régimen entenebrecido por dioses falsos mensajeros del averno? Por eso el apóstol Pablo les recuerda a los mismos tesalonicenses que recibieron el anuncio del Reino en medio de gran tumulto aquello que los creyentes de todos los tiempos comprobaríamos de un modo u otro:

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“…que nadie se inquiete por estas tribulaciones;
… que para esto estamos puestos”.
(1 Tesalonicenses 3:3)

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Y es que escándalo, tribulación y malos entendidos acompañaron y acompañan hoy en la mayoría de las naciones la predicación del evangelio del Reino. Y hasta en países de la “cristiandad”, que está ahora mismo presa de la apostasía, hay persecución mediante la aprobación de leyes bochornosas que se oponen al consejo de Dios. De esta forma los creyentes nos sentimos cada vez mas “peregrinos y extranjeros”, obligados a convivir con cosas que preferiríamos no ver ni oír como se dice que le sucedía a Lot en Sodoma:


“… pues este justo,
que convivía con ellos y amaba el bien,
día tras día sentía que se le despedazaba el alma
por las obras inicuas que veía y oía”.
(2 Pedro 2:8)

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Y además de todo esto -que es mucho- escuchamos hoy claramente “estruendo de naciones” a consecuencia de amenazas y persecuciones contra cristianos y judíos por parte de un extremismo islámico asesino que pretende acabar con EEUU y el Estado de Israel.  Y con la cristiandad.

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Pero cuando veamos estas cosas acontecer y las escuchemos en las noticias dice la Palabra que levantemos nuestras cabezas y afinemos nuestros oídos espirituales para escuchar de lo Alto algo tan liberador como el silbo apacible que escuchó Elías: es que Dios/Elohim -YaHWéH- esta “avivando su obra en medio de los tiempos” (Habacuc 3:2), el tiempo de la redención está tocando a las puertas, y después de las tormentas que parecen hacernos zozobrar el soplo de YaHWéH traerá la calma. Pronto el Mesías/Meshiaj de ISRAEL establecerá Su Reino milenario de Justicia y Paz, de Gozo inefable,  en una transmutada Sión rebosante de Su Gloria. Y entonces, esta vez si, seremos ciudadanos residentes de nuestra Patria sin contradicciones ni conflictos para siempre.

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Ver: “Una paz inefable finalmente irradiará de Sión”

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