“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Es común, y así nos enseñaron a muchos, asociar cristianismo con oscuridad, con tabúes o cerrazón mental. Es como si la civilización en la que nacimos -la del siglo XX- se hubiera gestado desbrozando un camino cerrado a cal y canto por la fe cristiana a golpes heroicos de ateísmo. Sin embargo muchas voces autorizadas están corrigendo esta visión sesgada de los hechos destacando que los motores del desarrollo de los valores mas sanos y progresistas de nuestra civilización -en todos los ramos de la ciencia, la cultura y aun valores esenciales del estado moderno- se encendieron en la Edad Media (nombre que no ayuda a levantar preconceptos) precisamente a iniciativa e impulso de la iglesia cristiana -que en esos años era la Iglesia Católica-. Y que estos motores fueron tantos y tan potentes que terminaron fundando la civilización más luminosa de toda la historia de la humanidad, la misma que hoy como el hijo pródigo -esto es, derrochador de los bienes de su padre- quiere renegar de sus comienzos.

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Ya mencionamos este tema en otros estudios y hoy compartimos el siguiente artículo que abunda sobre lo mismo a fin de desconstruir prejuicios que sin querer repetimos -y a veces íntimamente creemos- sin valorar la correcta perspectiva histórica que hoy se impone como evidente:

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http://www.lanacion.com.ar/1677231-cristianismo-y-desarrollo

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ver también:

LA IGLESIA CIVILIZADORA

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