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“Solo yo puedo predecir el futuro antes que suceda. Todos mis planes se cumplirán… llamaré a una veloz
ave de rapiña desde el oriente, a un líder de tierras lejanas, para que venga y haga lo que
le ordeno. He dicho lo que haría, y lo cumpliré. Pues estoy listo para rectificar todo…
Estoy listo para salvar a Sión y mostrarle mi gloria a Israel”
Isaías 46: 10-13


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el3 de julio  de 2013:

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Lucas escribe acerca del hijo pródigo: “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba” (Lucas 15:14-16).


He visto este tipo de inanición entre los cristianos. Alguna vez tuvieron un testimonio maravilloso de gracia y misericordia pero, a causa del pecado, se convirtieron en esqueletos espirituales sin vida en absoluto. Lucas escribe: “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (versículos 17-19).


El joven pródigo tuvo que admitir: “Yo no puedo manejar estas bendiciones después de todo. ¡He pecado contra Dios y contra mi familia y he derrochado todo lo que me fue dado!”


El arrepentimiento es más que sólo girar y volver a Dios. Es una rendición total del auto gobierno, es un retorno a Dios con esta confesión: “Señor, he arruinado mi vida y ahora vengo en humildad delante de ti para pedirte que te encargues de mi vida”. Ahí es cuando Dios comienza a hacer una obra muy especial de restauración.


Cuando el hijo regresó, fue completamente restaurado en la casa de su padre, ¡no como siervo sino como hijo! Él estaba dispuesto a someterse a su padre y estar bajo su gobierno. Lo que más deseaba era tener intimidad con su padre. Había perdido todo interés en las cosas del mundo y estaba listo para hacer lo que su padre le ordenara (ver versículos 20-23)


¡Qué escena tan maravillosa de restauración total!

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