“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 24 de julio  de 2013:

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Mis días malos vienen a menudo cuando estoy a solas con el Señor, escudriñando Su Palabra. Me siento agobiado por los sentimientos de ignorancia cuando siento que existe un gran océano de verdad ante mí, pero me es imposible comprenderlo todo porque ¡es tanto lo que hay!


Y mi frustración es aún mayor cuando leo los escritos de predicadores que vivieron hace 300 años. Y termino exclamando: “¡Oh Señor, soy como un niño en entendimiento comparado con estos gigantes espirituales! Ellos vivieron en una era presuntamente sin instrucción y sin embargo, siendo aun jóvenes, escribieron sobre materias que aún yo no puedo captar a los sesenta años. ¿Por qué se me hace tan difícil captarlo?”


La única respuesta que recibo es la que escucho de las palabras de Pablo: “no es por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9). Todo el poder reside en Dios, incluyendo el poder de comprender la verdad y mantener una vida piadosa. Este gran tesoro esta en vasos de barro, de manera que toda la gloria sea para Él.


Si tu día malo consiste en un ataque satánico contra tu fe, puedes ser tentado a creer que no eres espiritual por ser objeto del ataque. Sin embargo, no hay nada más lejos de la verdad.


Un joven piadoso me llamó llorando y me dijo: “Acabo de tener el peor día de mi vida ¡y no sé qué hacer! Una sensación extraña vino sobre mi hoy día y no la puedo quitar. Hermano David, ¡no sé si Dios existe!”


El joven no tenía idea de dónde venía esa sensación de duda y estaba en estupefacto y herido por los terribles pensamientos que entraron a su mente. Él confesó: “No siento la presencia de Dios. Y ahora no puedo dejar de dudar de su existencia. ¿Qué voy a hacer? ¡Yo no quiero abrigar estos terribles pensamientos!”


Le dije: “No tengas miedo ni te desalientes. Créeme, este es un viejo truco del diablo y le gusta hacer esto con los nuevos creyentes que son preciosos para el Señor. Él está tratando de atacar tu fe y confundirte”.


Hoy le pude decir a este joven lo mismo que le dije a mi hijo Gary cuando él estaba pasando por días malos: “Solo resiste. Tu Padre celestial sabe exactamente por lo que estas pasando y Él te sustentará a través de todo. Recuerda que Él ha prometido que no te dejará. Sigue acudiendo a Él, ¡solamente por fe!”

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