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“Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado:
Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago… vendrá,
y os salvará… Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo;
porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad”
Isaías 35:3-6


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Los misterios del Nuevo Pacto apuntan al poderoso Rey de reyes y Señor de señores venidero. Pero Este es también el que conocimos como Siervo sufriente de YaHWéH que padeció muerte de cruz por los pecados de Su pueblo (y de todos). Y este misterio de un Mesías/Meshiaj de ISRAEL que es a la vez Siervo sufriente y Rey/Mesías poderoso es algo que el judaísmo no pudo resolver,  pero que si podemos comprender nosotros a partir de los misterios fundacionales del Nuevo Pacto. Este fue sellado en la cena pascual  –también llamada la “ultima cena” – cuando Jesús/Yeshua reveló a sus discípulos el nuevo significado ceremonial del pan y el vino. Ambos  provienen de elementos que es preciso macerar para su elaboración: el trigo y el fruto de la vid, lo que nos habla de padecimiento y a veces de martirio. Y fueron estas las palabras al inicio de la cena pascual en que mas tarde serian presentados el pan y el vino como los elementos centrales del culto en la “kahal”/iglesia del Nuevo Pacto :

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“-He tenido muchísimos deseos de comer
esta Pascua con ustedes antes de padecer,
pues les digo que no volveré a comerla
hasta que tenga su pleno cumplimiento
en el reino de Dios”.
Lucas 22:15-16


Aquí se nos habla de los dos mojones entre los cuales se desarrolla la fe cristiana: la cena pascual y el Reino venidero. Padecimiento y Poder (lo mismo se afirma en 1 Corintios 11:26). Esto quiere decir que cuando celebramos/recordamos la cena pascual estamos aludiendo también a la venida de esa Nación/Reino del mundo venidero/athid lavo. La cena pascual es también un “mientras tanto”.

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Vamos a ahondar mas en este misterio del pan y el vino de la cena pascual:

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-> padecimiento y poder del cuerpo de Cristo en la iglesia

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En Corintios 10:16 se afirma que la “kahal” del Nuevo Pacto es la viva participación en el “cuerpo de Cristo”, aquel que vimos colgado de la cruz:

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“La copa de bendición que bendecimos,
¿no es la participación en la sangre de Cristo?
El pan que partimos,
¿no es la participación en el cuerpo de Cristo?”

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Esto quiere decir que en misterio, es Jesús/Yeshua  el que camina encarnado -hecho cuerpo- en Su iglesia entre las naciones. Y en ese caminar sufre padecimientos tales como los que sufrió en Su ministerio entre los judíos. Pero ahora los sufre en la búsqueda de “las ovejas que oyen su voz” de la “casa de Israel(Efraín)” por parte de los impíos en las naciones. Y a este misterio se refiere Pablo, entre muchas otros pasajes que todos conocemos, en 1 Corintios 6:15:

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“¿No saben que sus cuerpos
son miembros de Cristo (el Mesías)?”
(1 Corintios  6:15)


Y es a propósito de esto que también se dice que Él “repartió sus dones a la iglesia” de modo que mediante ella pudiera llevar Su poder a las naciones. Y es a esa obra misionera de la iglesia/cuerpo de Cristo a la que se refiere el conocido pasaje de Isaías 52:7:


“¡Qué hermosos son sobre los montes los pies
del que trae buenas nuevas,
Del que anuncia la paz,
Del que trae las buenas nuevas de gozo,
Del que anuncia la salvación, Y dice a Sion:
“Tu Dios reina!”


Y Pablo hace una afirmación que a veces no entendemos (o no queremos entender) y sin embargo es perfectamente coherente con este misterio: los cristianos tienen que “completar en la carne los padecimientos de Cristo”. Es decir, sufrir los padecimientos que Jesús/Yeshua hubiera sufrido si Él mismo hubiera ido detrás de Sus ovejas en su envoltorio carnal, enfrentando situaciones hostiles y peligrosas, en este largo caminar que todavía dura. No olvidemos que Él era verdadero hombre y verdadero Dios. Su cuerpo se cansaba, su Espíritu por veces, se abatía. Y entonces clamaba por fuerzas a Su Padre como lo hacemos todos los que confesamos su Nombre.

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¿Es  cosa extraña entonces que cuando decidimos hacer la obra de Dios/Elohim parece que todo se nos pone en contra? ¿Es extraño que todos los apóstoles hayan sido martirizados a semejanza de Su Maestro? ¿Es extraño que gran parte de los mensajes pastorales de la “kahal”/iglesia del Nuevo pacto de todos los tiempos se dirijan a restaurar el ánimo de sus miembros, a devolverles el gozo y la energía menoscabado por un ambiente hostil? ¿No es eso lo que expresó claramente Pablo, que nuestro caminar en este mundo es una “milicia”, es decir una batalla contante, en que nuestras armas no son carnales, sino que provienen del poder de Dios (2 Cor 10:4)? ¿no dijo el apóstol Pedro que aquí somos “peregrinos y extranjeros”, extraños en camino de una patria mejor? ¡Vaya paradoja aquella a que nos enfrentamos los que llevemos dentro del “vaso de barro” de nuestro cuerpo mortal el incontenible Espíritu Santo de Dios/Elohim y sin embargo por veces somos tan frágiles! Y esto es para que la excelencia de nuestro Contenido se muestre al mundo. Por eso afirmó Pablo:


“Y me ha dicho: “Bástate mi gracia,
porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.
Por tanto,  de buena gana me gloriaré
más bien en mis debilidades,
para que repose sobre mí
el poder de Cristo”.
(2 Corintios 12:9)


Y también:


”..se siembra en debilidad,
resucitará en poder”.
(1 Corintios 15:43)

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que es la confirmación de lo que se dice en el salmo 126;

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“Los que sembraron con lágrimas,
con regocijo segarán.
Irá andando y llorando el que lleva
la preciosa semilla,
pero al volver vendrá con regocijo
trayendo sus gavillas”

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Y también:

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“Dijo Jesús a sus discípulos:
“Imposible es que no vengan tropiezos;
pero  ¡ay de aquel por quien vienen!”
Lucas 17:1

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Nuestra aparente debilidad esta inscripta en el Propósito de Dios y es la condición para que el poder de Cristo se manifieste a través de nosotros y por lo tanto nos es necesario padecer para sembrar. Esto es: somos Su cuerpo traspasado de latigazos y martirizado en la cruz, llevamos Su padecimiento redentor en nosotros, pero también somos vehículo del poder de lo Alto ante el mundo y veremos maravillas. ¡Oh santa paradoja que debemos entender!. Somos las dos cosas: todos llevamos Su marca de padecimientos -aunque en proporciones infinitamente pequeñas comparados con las que Él sufrió siendo Dios- pero también cuando padecemos por Su Nombre somos vehículo e instrumento escogido del poder de lo Dios. En Romanos 8:16-17 leemos sobre este misterio del padecimiento en el peregrinaje de la iglesia de Cristo y el creyente en este mundo que pasa:

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“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,
de que somos hijos de Dios. Y si hijos,
también herederos; herederos de Dios
y coherederos con Cristo,


si es que padecemos juntamente con él,
para que juntamente con él seamos glorificados”

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El padecimiento con Cristo es condición y marca de Su poder en nosotros, y además “si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Tim. 2: 12). Es decir, seremos coherederos con Cristo del Reino venidero. ¡Pidamos entonces que Él mismo nos fortalezca en la aflicción!

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