“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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13 de agosto de 2012

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by Gary Wilkerson

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Como hijos de Dios vamos a estar en los negocios de nuestro Padre: en la misión de Dios.


A veces la gente no entiende lo que estamos haciendo. A veces, incluso la gente de nuestra propia iglesia o comunidad puede malinterpretarnos y decir: “Usted está tan enfocado hacia afuera que no está satisfaciendo mis necesidades.”


Es cierto que si nos enfocamos demasiado hacia el exterior sin suplir las necesidades de quienes nos rodean, entonces estamos haciendo algo mal. Estamos aquí como iglesia de la misma manera que Jesús estaba aquí en la tierra. Estamos  aquí para satisfacer las necesidades de la gente; si usted está sufriendo, quebrantado, atado y necesita ser puesto en libertad o buscar la llenura del Espíritu Santo, la iglesia está aquí para ministrarle en aquello que es su necesidad.


Es importante entender que en la medida que sus necesidades son satisfechas, la expectativa es “la misma libertad que habéis recibido, dadla gratis.” Al enviar a sus discípulos al ministerio, Jesús les dijo: “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de  gracia recibisteis, dad de gracia.”(Mateo 10:7-8, RV).


¿Quiere más de Dios? Bueno, cuando usted ha recibido una primera parte, de esa misma porción. Regrese por la parte dos y de esa porción; luego regresar para la parte tres y siga el mismo proceso.


El principio de la misión de Dios es: “Cuanto más das, más recibes.” Cuanto más Dios le bendice, más tiene que dar.  Cuanto más da, más Dios sigue derramando en usted para que pueda dar aún más.


Como pueblo de Dios, estamos llamados a reflejar la gloria, el poder y el amor de Dios. Estamos para recibir de Él y darle a los demás. Así como gratuitamente hemos recibido, hemos de dar.


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