“Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel…
Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las
escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y
ellos serán mi pueblo”
Jeremías 31, 33

MANTENIÉNDONOS FIRMES
(Devocional de D. Wilkerson)

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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ttomado del libro ‘MAHANAIM
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Se dice en Hebreos 6, 19-20 que la esperanza de la venida de un Reino de Gloria:

 

⇒nos conduce a través de la cortina al santuario interior de Dios. Jesús ya entró allí por nosotros. Él ha llegado a ser nuestro eterno Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec

 

Tenemos ahora en el Cielo un nuevo tipo de sacerdocio según el orden de Melquisedec. Y de este modo el Sumo Sacerdote terrenal, que precisaba entrar en el Santísimo una vez al año para ofrecer un animal en sacrificio expiatorio por los pecados de ISRAEL -el sacerdocio aarónico- será definitivamente sustituido por Un Sumo Sacerdote En Cuerpo De Gloria que Se dio a Si mismo por Su pueblo y por todos. Él es el Cordero de Dios que quita los pecados de mundo y el que:

 

“tenía que hacerse igual en todo a sus hermanos, para llegar a ser Sumo sacerdote…y para obtener el perdón de los pecados de los hombres por medio del sacrificio” (Heb 2, 17).


Leemos en Efesios 4, 8-9:


“Por eso las Escrituras dicen: «Cuando ascendió a las alturas, se llevó a una multitud de cautivos y dio dones a su pueblo». Fíjense que dice «ascendió». Sin duda, eso significa que Cristo también descendió a este mundo inferior”


Aqui se hace un comentario al Salmo 68, 18 y en el v. 10, ¡se anuncia un gran cambio para el universo!:


⇒Y el que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, a fin de llenar la totalidad del universo con su presencia


Esto quiere decir que la totalidad del universo fue conmovida en Su ascenso en Cuerpo de Gloria al Cielo ¡El Sacrificio de nuestra redención produjo un cambio en el universo! Quien estuvo entre nosotros y regresó al Cielo es la Palabra que creó el universo y todo lo que contiene (Sal 146, 6) y pronto re-creara cielos y tierra  (2 Pe 3, 13). Todo el universo va a ser remodelado -«¡Miren, hago nuevas todas las cosas!»- y los redimidos seremos sacerdotes y reyes universales luego de esa re-creación. Si no hemos alcanzado todavía esta comprensión pidamos al Espíritu que aumente nuestra fe ¡Nos esperan días de sobrenatural actividad junto a nuestro Redentor!  Leemos en Jeremías 3, 16:

 

⇒Cuando una vez más la tierra se llene de gente —dice el Señor—, ya no desearán más ‘los viejos tiempos’ cuando poseían el arca del pacto del Señor. No extrañarán aquellos días, ni siquiera los recordarán y no habrá necesidad de reconstruir el arca

 

Y esto se refiere al athid lavo, o Reino milenario venidero y dice que “una vez más” las tierras bíblicas se llenarán de gente. Habrá bullicio, pero no como el de hoy nublados ansiedad y violencia sino que penetrados de la pacífica alegría que emana de Su Gloria. Y en este pasaje se dice que nadie preguntará más por el arca del Pacto ya que en el Templo de Jerusalem habrá Algo Mejor: “en aquel día, Jerusalén será conocida como ‘el Trono del Señor’” (v. 17).

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Repasamos algunos misterios fundacionales de la fe cristiana: los redimidos somos/seremos los hermanos del Hijo (Heb 2, 17) y por lo tanto hijos adoptivos de Dios/Elohim según el puro afecto de su voluntad (Ef 1, 5; Rom 8, 15), Pueblo Santo y escogido (1 Pe 2, 9) y Esposa del Cordero (Ap 21, 2). Y nuestro Señor es Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec y Sacrificio Expiatorio Eterno por los pecados de los hijos de Israel  y de todos (Jua 1, 29). Y la Iglesia peregrina hoy es Su cuerpo místico (1 Cor 12, 12-27) que participa de Sus padecimientos para también participar de Su Gloria en el mundo venidero (Rom 8, 17). Y la asamblea de los redimidos de todos los siglos es el ‘Monte Sion’ que congrega a todos los “primogénitos”, es decir, al remanente santo que es Su Pueblo renacido en el Cielo por la Virtud de Su Sangre y de Su Espíritu. Este remanente refleja Su Gloria en Su Iglesia y es eterno.

 

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