“Entonces purificaré el lenguaje de todos los pueblos, para que todos juntos
puedan adorar al Señor. Mi pueblo disperso… vendrá a presentar sus ofrendas…
Quitaré al orgulloso y al arrogante de entre ustedes; no habrá más altivez
en mi monte santo. Quedarán sólo los sencillos y los humildes”
Sofonías 3, 9-12

“…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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mapa dos exilios

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Luego de la división del reino davítico en dos casas/reinos/ familias en el 930 A.C. -después de la muerte de Salomón- hubo otros dos traumas nacionales que marcaron la historia de ISRAEL para siempre:


1) el destierro entre las naciones, sin memoria y sin retorno, del “Reino de Israel” del norte; que fue  “mezclado”  con las naciones.


2) el exilio, la cautividad, la purificación y el retorno del “Reino de Judá”, único testigo ante las naciones del pueblo santo de YaHVéH (1).


Y la profecía dice que estos dos traumas -y la mencionada división en dos casas/reinos/familias del único ISRAEL- se curarían al final de los días con la restauración del “Tabernáculo caído de David”, es decir, la reunificación de “todo Israel” en el mundo venidero/athid lavo mediante la congregación y el retorno a su tierra -Sión glorificada- desde la diáspora y el destierro de un remanente salvo de los desterrados llamado “remanente de Israel” o “redimidos”. Y la cabeza de este venidero reino reunificado milenario será el Mesías de ISRAEL -el “Hijo de David”–  al que llamaremos “YaHVéH Justicia Nuestra” (Jeremías 23:6). Veamos una reseña de los dos acontecimientos señalados: el destierro del “Reino de Israel” entre las naciones y el exilio del “Reino de Judá” en Babilonia.


En el año 722 A.C. el emperador asirio Sargon II completó el destierro del “Reino de Israel” profetizada por Oseas y Amos (Oseas 9:3). Los asirios instalaron primeramente a los cautivos o “hijos de Israel” en “Halah, en Habor, junto al río Gozan, y en las ciudades de los medos” (2 Reyes 17:6; 18:11). Esto es la frontera norte/noreste del Imperio Asirio de entonces. Y vale recordar que los asirios llamaron a los cautivos con un nombre que despistó a los historiadores por mucho tiempo: “hijos de Omri”. Esto es muy diferente al  nombre registrado en la profecía: “hijos de Israel”/”casa de Israel”/”Efraín”. Y así, la mayor parte de los pasajes proféticos del AT quedaron sin aparente respaldo histórico hasta el descubrimiento del obelisco negro de Salmanasar III, en el año 1842,  que dio la pista del nombre con el cual la historia secular había registrado a la “descendencia de Israel” entre las naciones: “hijos de Omri”.


A partir de esta cautividad de los “hijos de Israel” en el norte/noreste de Asiria, y su posterior migración a los “cuatro vientos” de la tierra, la simiente de Abraham fue “zarandeada” y “mezclada” entre las naciones de modo que todas ellas acabarían entrando en el Plan de Redención de la “casa de Israel” cuando a ella le fue extendida la Misericordia de YaHVéH y les fue enviadas las buenas noticias/ evangelio del Reino por medio de los apóstoles. De este modo el Mesías de ISRAEL se convirtió en el Señor de todos (Hechos 10:36) los que, con independencia de su origen o raza, lo recibieron en su corazón.


El otro exilio, el del “Reino de Judá”, tiene una historia mas  conocida. Cuando se declaran los juicios sobre el Reino del Norte -bajo el reinado de Jeroboam II- la Palabra afirma que todavía los “judíos” caminaban con rectitud delante de YaHVéH (Oseas 1.7; 11:12). Pero unos años mas tarde cayeron también en apostasía y “Judá” se hizo merecedor de un juicio similar al de sus hermanos del norte. Así, en el año 587 A.C., el emperador Nabucodonosor captura Jerusalem y los judíos son llevados en cautividad a Babilonia. Sin embargo, a diferencia del exilio del “Reino del Israel”, este exilio babilonio de Judá no sería sin memoria ni retorno. Por lo contrario los judíos conservarían sus costumbres y su identidad nacional y el anhelo de retorno a su patria y a Jerusalem.


Y cuando ese retorno se hizo efectivo 70 años después los judíos  -ya purificados de sus idolatrías-  aparecieron  ante los ojos de todas las naciones como los únicos celosos guardianes de los oráculos de YaHVéH y de la identidad de ISRAEL, cuya rama mas populosa –la “casa de Israel”-  permanecería oculta entre las naciones sin recordar sus orígenes hasta nuestros días.


Pero si bien YaHVéH mantuvo un testigo histórico visible de su pueblo santo los traumas de la división (930 A.C.) y la mutilación (722 A,C,) del paradigmático reino davítico habían quedado sin resolución. Y la profecía comienza a hacer referencia a un Rey de la descendencia de David –el “Hijo de David”- que traería un Reino al final de la historia que cumpliría esa demanda pendiente de reunificación de “todo Israel”. Esto es lo que se llama proféticamente: “la restauración del Tabernáculo caído de David” (Amos 9:11, Hechos 15:16-18) que equivale al “Reino de los Cielos” de los evangelios.


A esta corona de la historia –el Reino de los Cielos/ Tabernáculo de David reconstruido (Amos 9:11)-  hace referencia la pregunta de los discípulos al Maestro resucitado: “¿restituirás el reino á ISRAEL en este tiempo?” (Hechos 1:6). Y a la restauración futura del reino davítico en la coronación de la historia -en el athid lavo- alude Jacobo como el misterio subyacente en la evangelización a los gentiles (Hechos 15:16-19).  Y este  misterio está para ser revelado a las “iglesias de Cristo” a partir del momento en “que haya entrado la “plenitud de los Gentiles” (Romanos 11:25) en el Nuevo Pacto. Entonces luego de separada la cizaña del trigo en las “iglesias de Cristo” por los rigores de la persecución venidera, será manifestado en ellas el remanente salvo de los “hijos de Israel”. Aquel que “volverá” (Romanos 9:27-28) a su tierra –Sión glorificada- en el mundo venidero/ athid lavo, en donde sera reconstruido el “Tabernáculo caído de David”, o, lo que es lo mismo, establecido el Reino de los Cielos.


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