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“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Tan torpe era yo, que no entendía;
¡era como una bestia delante de tí!

Con todo, yo siempre estuve contigo
me tomaste de la mano derecha.

Me has guiado según tu consejo
y después me recibirás en gloria”.

Salmo 73:22-24

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Este pasaje habla de tres etapas en nuestro caminar por el sendero de la fe:


-> la torpeza de los primeros pasos,

-> la fe brumosa de cuando comenzamos a internarnos en el Camino,

-> y la certeza de la bendición final luego de mucho caminar en Su Consejo.


Lo que mas me conmueve en este sobrio pasaje, es la segundo paso, cuando todavía nuestro progreso era vacilante:


“me tomaste de la mano derecha”.


Aqui percibimos Su Misericordia y Su Fidelidad, su obstinado amor. Si Él no nos hubiera sujetado, hubiéramos tropezado y caído. O  confundido  la  dirección. Pero es un consuelo saber que cuando todo parece oscurecerse Él nos toma de la mano. Y responde a un destello de fe -a un suspiro- cuando percibe que “con todo, yo siempre estuve contigo” (aunque no encontré el modo de expresarlo correctamente).


Él es el Gran Pastor de Sus ovejas, y tiene para ellas “verdes pastos” en las eternidades (Salmo 23). Por eso dice “después me recibirás en gloria”. Este destino para “después” que nos espera es la Sión cubierta con un dosel de Su Gloria en donde viviremos en el mundo venidero/athid lavo junto a “YaHWéH Justicia Nuestra” -el Hijo de David/Hijo del Hombre -.


Entonces la tierra “responderá a los cielos” y los cielos “responderán a la tierra” (Oseas 2:21). De este modo se hará la perfecta voluntad del Padre “así en la tierra como en el cielo”. O mejor, se hará Su voluntad en una “nueva tierra” transformada por su Gloria, y en un “nuevo cielo” que la  cubrirá, como si fuese un dosel matrimonial, señal del Nuevo Pacto/Matrimonio entre YaHWéH y Su pueblo (Isaías 4:5), y que esta vez será eterno.


Para este magnífico destino de Gloria es que fuimos creados, seamos fieles a este llamado.

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