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“Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén
y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente… “Pues yo os digo que
a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”
Lucas 19, 11, 26


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Cuando luego de cuarenta años llegó a su fin el deambular de ISRAEL por el desierto, y ya Moisés había muerto -escondido según la voluntad de YaHWéH- y cuando el pueblo se encontraba acampado en Sitim, al oriente del río Jordán, al mando de Josue, recibieron este anuncio:


“-Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que YaHWéH, vuestro Dios, os da en posesión” (Josue 1:11)


Entonces se movieron hasta la orilla del Jordán, y recibieron una nueva orden:


“Cuando veáis el Arca del pacto de YaHWéH…saldréis del lugar donde estáis y marcharéis detrás de ella a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir,  por cuanto vosotros no habéis pasado nunca antes por este camino.” (Josue 3:3-4)


Y sucedió un portento similar al que Dios/Elohim -YaHWéH- le concedió a Moisés a orillas del Mar Rojo:


“y cuando los que llevaban el Arca entraron en el Jordán y los pies de los sacerdote…se mojaron a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega),las aguas que venían de arriba se amontonaron y las que descendían quedaron separadas por completo, mientras el pueblo pasaba en dirección a Jericó.” (Josué 3:15-16)


Es decir, esta vez no fue una vara sino los pies de los sacerdotes los que detonaron el prodigio de la división de las aguas. Y para recordar este día Dios/Elohim -YaHWéH- pidió que un hombre de cada una de las doce tribus de ISRAEL tomara una piedra del lecho del Jordán, en donde todavía estaban los sacerdotes sosteniendo el Arca sobre sus hombros:


“para que esto quede como una señal entre vosotros. Y cuando vuestros hijos pregunten a sus padres mañana: “¿Qué significan estas piedras?” les responderéis:  – Las aguas del Jordán fueron divididas delante del Arca del pacto de YaHWéH…y estas piedras servirán de monumento conmemorativo a los hijos de Israel para siempre”. (Josue 4:6-7)


Este fue sin duda un acontecimiento prodigioso que tiene un paralelo –aunque en condiciones algo diversas- con nuestros días. Hoy el ISRAEL DE DIOS, el remanente santo de sus doce tribus, están a punto de entrar en su reposo: la Sión en Gloria del mundo venidero. Vimos que cuando el pueblo de ISRAEL cruzo el Jordán era el tiempo de la siega. Ese tiempo después de veinte siglos de predicación del Semilla, esta llegando: Dice Marcos 4:26-29:


“Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra…la semilla brota y crece sin que él sepa cómo…: primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro,  en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado”.


Y de esa terrible siega habla también Apocalipsis 14:15:


“Y otro ángel salió del templo gritando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: “¡Mete tu hoz y siega,  porque la hora de segar ha llegado,  pues la mies de la tierra está madura!. El que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra y la tierra fue segada.”  (Apocalipsis 14:15-18)


Los protagonistas principales del pasaje portentoso del Jordán fueron los sacerdotes con el Arca, y las doce piedras tomadas del lecho del río fueron señal de aquel día prodigioso. Y de forma similar ahora estamos los “reyes y sacerdotes” nacidos de la Palabra del evangelio (Apo 5:19) “calzados los pies con el celo por anunciar el evangelio de la paz” (Efe 6:15) que también divide aguas en este mundo. Y hay también un Arca que se manifestará en el cielo, y hay una señal admirable, también en el cielo. Leamos Apocalipsis  11:19;  12:1:


“Entonces se abrió en el cielo el templo de Dios;  allí se vio el arca de su pacto… Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol,… y con una corona de doce estrellas en la cabeza”


Los días de estos sucesos celestiales están cercanos. Por eso, de algún modo, al pueblo de Dios que se haya “acercado al Jordán”, esto es, que esté con el corazón dispuesto para cruzar hacia el mundo venidero/atid lavo, que es nuestra “bendita esperanza”, debe de prepararse para acontecimientos portentosos. Y vemos que la señal esta vez no será un majano de doce piedras, sino doce estrellas en el cielo. Y es que el ISRAEL DE DIOS/ JEZREEL es celestial, no terrenal. Y en el relato de la gloriosa aparición de una virgen con dolores de parto del capítulo doce de Apocalipsis, luego de que se nos informa que Satanás fue echado a la tierra -¿parece que sentimos todos los días su aliento contaminándolo todo, no es verdad?– se dice:


“se fue a hacer la guerra contra el resto de la descendencia de ella, contra los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”.


El resto/remanente de la descendencia de la virgen encinta celestial -madre de los redimidos- que dio a luz un hijo varón ¡va a pasar por tiempos de aguda persecución!, y esta ya ha comenzado.

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Cuando Dios/Elohim –YaHWéH- bendijo a Abraham le anunció que tendría dos tipos de descendencia: una “como la arena del mar”, y  otra “como las estrellas del cielo” (Génesis 22:17). La primera descendencia es terrenal, y la segunda –los renacidos de lo Alto- es celestial. Esta última descendencia –los lavados por la sangre preciosísima  del Cordero– es la que esta a punto de cruzar “por el aire” hacia su tierra prometida: Sión en Gloria, en donde morará Dios/Elohim con su pueblo.


Pronto escucharemos en el campamento del pueblo santo de estos días -que está disgregado por los “cuatro vientos” de la tierra pero unido por el Espíritu-:


“Preparaos comida –estad atentos mas que nunca a la Palabra de Dios- porque dentro de tres días pasaréis el Jordán –en breve volareis al cielo, a la cena y las bodas del Cordero- para entrar a poseer la tierra que YaHWéH, vuestro Dios, os da en posesión –Sión en Gloria- ” (Josue 1:11)


¡Que tengamos oídos para oír y partiremos con Él!.

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