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“¡Pero la Porcion de Jacob no es ningún ídolo! Él es el Creador de todo lo que existe,
incluido Israel, su posesión más preciada. ¡El Señor de los Ejércitos
Celestiales es su nombre!”
Jeremias 10, 16


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Del libro:
MAHOMA. EL ISLAM
Y LA CONJURA DE EDOM

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Se lee en la lujosa revista Dabiq, editada con todo mimo y profesionalismo por el llamado Estado Islámico:


“Este no es el comienzo, es el fin. Es la culminación de una guerra de siglos que se ha quemado y cocido a fuego lento, pero que nunca se ha concluido, pronto las llamas crecerán y, al fin, lo llegará a consumir todo. Es el apocalípsis. Y está a punto de llegar”


El islamismo creció bajo el anuncio constante de un juicio final. Pero este juicio no sería para castigar la impiedad del mundo como anuncia la Biblia, sino para vengar una afrenta que llevó a esa “guerra de siglos que se ha quemado y cocido a fuego lento”. No sabemos a cuantos siglos se refiere el autor de este pasaje de la revista Dabiq, pero es evidente que este rencor es consustancial al islamismo. ¿Cuál es el origen de ese rencor? Ya lo dijimos antes: es por causa de la herencia de Abraham que es un Reino en Sión. Y vamos a recordar de nuevo como se produjeron los hechos aunque es materia de sobra conocida: se iniciaron cuando Ismael fue separado de su padre Abraham y mandado lejos para evitar que tuviera algún protagonismo luego del nacimiento de Isaac quien había venido al mundo gestado en forma milagrosa en el vientre de Sara, ya anciana y estéril toda su vida, cuando Ismael había cumplido los trece años. E Ismael fue el hijo de Abram con una sierva egipcia de su esposa Sarai.
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Ismael pudo haber gozado de los derechos de la primogenitura –para eso fue gestado- pero fue desheredado y mandado al exilio luego del nacimiento de Isaac, el hijo según la promesa. Y luego fue la vez de Esau ser sustituido en su primogenitura por su hermano mellizo Jacob, nacido unos minutos después que él, cuando se la cambió por un plato de lentejas. Y Esau o Edom fue a vivir llevando consigo su rencor al sur de Canaan, en donde tomó esposa y tuvo descendencia. Y después fueron al exilio los hijos que tuvo Abraham con su concubina Cetura, luego de la muerte de Sara. Y por esas regiones estaban también los descendientes de Lot, el sobrino de Abraham que se había separado de él a su pedido (Gen 13: 8-9). De modo que los desheredados y parientes de Abraham habitaron en territorios contiguos y no lejos de Sión.
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Y esta descendencia variopinta –los árabes- incubó un rencor inextinguible contra la descendencia Isaac y Jacob, que es la nación de ISRAEL. Los extensos territorios en que se establecieron todos ellos son los que el salmo 68 -en el pasaje que citamos- llama genéricamente “montañas de Basán”. Pero los desheredados incuban el anhelo inextinguible de volver a la tierra de la promesa –antes Canaan, ahora Sión- o, por lo menos, echar de ella a la descendencia legítima de Abraham causante de su exilio. Y el Islam fue el instrumento que convirtió a este conglomerado de pueblos, junto a otros que por diferentes motivos se unieron a la conjura, en un solo puño amenazante contra la descendencia de Isaac y Jacob.
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De modo que efectivamente hay un encono “que se está cocinando a fuego lento” hace centenas de años –en realidad casi dos milenios- y rebrota siempre con fuerzas renovadas. Sus rescoldos son color rojo furia. Y ni la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob –los judíos y cristianos- pueden renunciar al monte Sión que es su herencia para siempre de parte de YaHWéH, ni la descendencia de los desheredados puede renunciar a querer apropiarse de Sión por la fuerza o ejecutar un mega-acto de venganza que calme su fuego interior. No hay plan de paz que remueva este planteo. “Echar” a la descendencia de Isaac y Jacob al mar es una consigna irrenunciable para Edom, un imperativo que viene de milenios. Pero dice YaHWéH en Malaquías 1: 2-3:

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«… yo amé a Jacob, y odié a Esaú…»
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Palabras que definen dos bandos para siempre. Y “Edom” incorpora hoy a todos los enemigos de YaHWéH ya que es símbolo de la ley de la carne enemiga del espíritu y de Dios (Rom.8:7:9). Repasemos la escena que indignó a YaHWéH:
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“Entonces Jacob dio a Esaú pan
y del guisado de las lentejas;
él comió y bebió,  se levantó y se fue.
Así menospreció Esaú la primogenitura”
Génesis 25:34
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Esta es una cruda puesta en escena de los imperativos de la carne por sobre los del espíritu: “él comió y bebió, se levantó y se fue”. Y cuando Esau percibió, tarde ya, que a su padre (y a su madre) le disgustaba las mujeres cananitas que había tomado como esposas, quiso enmendar este error:
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“… y se fue Esaú a Ismael,
y tomó para sí por mujer,
además de sus otras mujeres,
a Mahalat,  hija de Ismael
hijo de Abraham…”
Génesis 28:9

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Con lo cual se emparentó para siempre con aquellos que, según la profecía a Agar, vivirían enfrentados la descendencia prometida a quienes sumó la profecía de su padre Isaac -la que había sobrado para él después del desprecio de la primogenitura-:
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“Será tu morada lejos de la tierra fértil
y del rocío que cae de los cielos.
De tu espada vivirás, y a tu hermano servirás;
pero cuando te fortalezcas
sacudirás su yugo de tu cerviz”.
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La tierra fértil y el rocío (que es la Palabra de Dios a su tiempo) habían quedado para su hermano Jacob (Génesis 28: 3-5). Y esta profecía que agrego Esaú a los ismaelitas tienen un sombrío final: “pero cuando te fortalezcas  sacudirás su yugo de tu cerviz”. Por lo cual Esau se dijo a si mismo: “Llegarán los días del luto por mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob”. Este ultimo intento homicida de Esau es el que presenciamos hoy, el tiempo de los “cazadores”, la profetizada “angustia de Jacob”. Edom incorpora así a Ismael el espíritu de Amalec, el primero que tuvo un intento homicida contra ISRAEL desafiando el Trono de YaHWéH, solo que con Edom ese intento homicida ahora está al final de la historia (nota 1).
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Ahora bien, podemos según la carne entender el enojo de quienes fueron desposeídos de toda herencia espiritual o material sobre el monte Sión. Es similar al enojo de Caín con Abel, como dijimos, y citamos las palabras que le dirigió  YaHWéH a Caín:

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“¿Por qué estás tan enojado?… Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte,  no obstante, tú puedes dominarlo”

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A las que podemos sumar el cántico de Ana:
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“YaHWéH mata, y él da vida;
El hace descender al Seol, y hace subir.
YaHWéH empobrece, y él enriquece;
Abate, y enaltece”
1 Samuel 2: 6-7
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Es decir, YaHWéH hace la herida y YaHWéH la sana. Si la decisión de YaHWéH comunicada a Abraham de desheredar a todos aquellos que no fueran la descendencia prometida encendió el fuego del rencor hay un camino para liberarse de este fuego que no se apaga que es unirse por la fe a la legítima descendencia de Abraham (Gál. 3:29) saltando los cerrojos de la carne.  El apóstol Pablo escribió: “a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así” (2 Cor. 5: 16).
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Este salto de calidad es el que ofrece la fe cristiana, el camino que el Hijo de Dios “YaHWéH es Salvación” vino a abrir con Su muerte vicaria de cruz. Es decir, no hay porque permanecer siendo consumidos por el fuego del rencor nacido de la carne, hay un camino infalible para salir de el. Pero si no se elige ese único camino regenerador, por la fe, para reenganchar con la descendencia legítima de Abraham entonces el terrible día de la Ira espera a  los de naturaleza “Edom”, es decir, a los que son carnales, mundanos e incrédulos de las promesas de YaHWéH. A los que confían en su brazo y son hijos de la ira y no de la paz que es en Cristo Jesús. Leamos en Isaías 34: 5 sobre esa Ira venidera:+


“Porque en los cielos se embriagará mi espada;
he aquí que descenderá sobre Edom en juicio,
y sobre el pueblo de mi anatema”
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Y leamos con especial atención Isaías 63: 1-4:

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“—¿Quién es éste que viene de Edom,
de Bosra, con vestidos rojos?…
—Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar…
—He pisado yo solo el lagar…nadie había conmigo…
su sangre salpicó mis vestidos
y manché todas mis ropas.
Porque… el año de mis redimidos ha llegado”

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Aquí se nos pinta con vivos colores una visión del momento final de la historia cuando el Mesías de ISRAEL –el Hijo de Dios, Hijo de David- viene solemnemente a tomar posesión de Su Reino ¿Y de donde viene? Pues de salpicar sus vestidos con la sangre de Edom. Es posible que llegue el momento en que Edom crea que puede sacudirse el yugo de Jacob –el día de la angustia de Jacob- y que cayó en sus manos y puede exterminarlo tal como juró en su corazón. Pero en ese momento crucial, cuando ya hayan caído todas las defensas humanas, vendrá auxilio del cielo para Jacob.
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El llamado Estado Islámico dice que el “mesías” islámico derrotará al Mesías judío en el “apocalípsis” final. Pues les tenemos malas noticias, esa afirmación se enfrenta con la totalidad del testimonio bíblico:


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“Así ha dicho YaHWéH…: Por lo que hizo Edom,
tomando venganza de la casa de Judá…
Yo… extenderé mi mano sobre Edom…”
Ezequiel 25: 12-13
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No hay duda acerca de cual es el lado en que encontramos a YaHWéH y quien será el destruido por Su Ira. Y viniendo al Nuevo Pacto leemos en 1 Corintios 16: 22:


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”El que no ame al Señor Jesucristo,
sea anatema. ¡El Señor viene!!”
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La ira de YaHWéH contra los enemigos del monte Sión físico y espiritual permanece de igual forma encendida tanto en el AT como en el Nuevo Pacto. Recordemos que “monte Sión” alude tanto a la patria eterna de los redimidos como a ellos mismos. el pueblo escogido de YaHWéH (Heb. 12: 22-24; Ap. 14: 1-4). Y leamos de nuevo el final del pasaje de Isaías ya citado:
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“Porque… el año de mis redimidos ha llegado”.
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Es decir, la Ira sobre Edom –el anatema de YaHWéH- es también la defensa de la causa eterna de los redimidos y anuncia su liberación final.
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El padre Samir Khali Samir, un jesuita egipcio experto en el Islam que fue asesor de Benedicto XVI en temas de Oriente Medio dijo a propósito de los asesinatos de los caricaturistas de Charlie Hebdo:
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“…les digo a mis amigos musulmanes: ¿Cómo representan ustedes a Mahoma? Con la espada. En el museo de Estambul existen dos espadas consideradas pertenecientes al profeta. Y Arabia Saudí, el país que custodia los lugares santos y sagrados del Islam, ¿Qué tiene en su bandera? ¡Dos espadas!…”
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Así como la cruz representa al cristianismo, la espada representa al Islam. ¿Puede ser una religión de paz? ¿Es equiparable al cristianismo? La cruz tiene el significado de que toda violencia fue ahogada para siempre por Dios/Elohim -YaHWéH- al ser absorbida por la masacre del cuerpo carnal de Su Hijo (Isa. 53), que Él permitió para que del grano muerto surja la Vida. Y la espada es símbolo de todo lo contrario, augura un lúgubre futuro. Pero sabemos que nada es ajeno al Guía de la historia y en el próximo capitulo veremos de qué manera se enlazan estos días sombríos de masacre de muchos de nuestros hermanos con Su Propósito.



nota 1): Herodes, el edomita, fue una doble señal de Edom: pretendió usurpar el Reino de Sión a la descendencia  de Isaac y Jacob y además atentó contra la vida del Mesías-Niño, el renuevo de David. Los herodes de hoy, no habiendo podido matar al Niño se vuelven contra la descendencia de la mujer-ISRAEL DE DIOS/JEZREEL: “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Ap. 12: 17). E intentan exterminar al Estado Judío, que dentro de las limitaciones de este mundo levanta el estandarte de Sión ante las naciones.


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