“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el 18  de abril de 2014:

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El Espíritu procura traer a nuestras vidas, un conocimiento creciente de que Dios va a ser misericordioso con nosotros a lo largo de todas nuestras pruebas. “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos”. (2 Corintios 4:1).


¿Cuál es el ministerio misericordioso que hemos recibido del Espíritu Santo?: Él abre nuestros ojos a las tiernas misericordias de Cristo para nosotros. Él implanta en nosotros un conocimiento interno de que el Señor está de nuestro lado, de que Él es por nosotros. Y Él nos muestra cuán comprometido está el Señor en librarnos de caer. ¡Cuán compasivo es Él para con lo que estamos pasando! ¡Cuánto le afectan los sentimientos de nuestras flaquezas!


Puede ser que ahora mismo sientas que has sido abusado o que nadie te ama. El diablo te podrá estar haciendo creer que Dios te ha abandonado a tu propia suerte, que tú mereces sufrir, que todo ha terminado para ti, que no hay esperanza. Amado, esas son mentiras del infierno. Lo que Dios más desea es quitar de ti el concepto pervertido que tienes de Él. Él te ama tiernamente y ya estableció un tiempo para otorgarte todas Sus misericordias.


David lloró miserablemente al sentirse abrumado por su situación: “Mi corazón está herido, y seco como la hierba, por lo cual me olvido de comer mi pan…Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado. Cada día me afrentan mis enemigos…mi bebida mezclo con lágrimas…Mis días son como sombra que se va” (Salmos 102:4, 7-9, 11). Él gimió: “Estoy en una condición terrible: física, mental y emocionalmente”.


Y fue en ese mismo momento que Dios determinó liberar a David. Y el Señor se movió rápidamente con misericordia, ayuda y consuelo. David testificó: “Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado” (Salmos 102:13).


El momento establecido por Dios para librar a David fue en su hora más difícil, cuando él pensaba: “He sido reducido a nada”. De la misma manera, hoy, Dios ha establecido una hora para librarnos y enviar Su favor sobre nosotros y ocurre generalmente en el peor momento de la prueba. Ese es el momento en el que ya no luchamos para hacer las cosas a nuestra manera. Por el contrario, admitimos: “Señor, no puedo. Todo esto es un lío. Te lo entrego a ti”.

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