“El Señor reconstruye a Jerusalén y reúne a los exiliados de Israel…
A Jacob le ha revelado su palabra… Esto no lo ha hecho con ninguna otra nación;
jamás han conocido ellas sus decretos”
Salmo 147:2; 19-20

…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Todos reconocemos al apóstol Paulo como aquel que, al contrario de “los doce del Cordero”, fue enviado a los gentiles aunque paradójicamente ignoramos -en general- a quienes fueron enviados los doce. Comenzando por esto último leemos en Mateo 10:5-6:


“A estos doce envió Jesús,
y les dio instrucciones  diciendo:
“Por camino de gentiles no vayáis,
y en ciudad de samaritanos no entréis,
sino id antes a las ovejas perdidas
de la casa de Israel”.


que nos dice con claridad que los doce que fueron enviados a la “casa de Israel”. En concordancia con eso podemos leer en Hechos 10 36:


“Dios envió mensaje a los hijos de Israel,
anunciando el evangelio de la paz
por medio de Jesucristo;
este es Señor de todos”.


Ambas expresiones; “casa de Israel” e “hijos de Israel”, se refieren a la descendencia del norteño reino de Israel, llevado al cautiverio por los asirios en el año 722 a.C. a quienes también se les llama “Efraín” o “tiendas de  Jacob”, o “Jose” en la profecía -entre otros nombres-.


Como decimos en otros lugares de este sitio, luego de desmembrado el imperio asirio los “hijos de Israel”/”casa de Israel”/”Efraín” se movieron en diferentes direcciones. Y fueron conocidos con el nombre de cimerios (derivado de “hijos de Omri”/ “kimris”),  y escitas o “sakas” (derivado quizás de “sukas” porque vivían en tiendas y aun, según algunos, de Jacob). Y de los cimerios sabemos con certeza absoluta por la historia que emigraron hacia al oeste desde las planicies transcaucásicas a partir del siglo V  a.C., ocupando los territorios al norte del Danubio y llegando hasta las costas atlánticas y las islas británicas. Estos pueblos formados por diferentes etnias “mezclados” con los “hijos de Israel” fueron llamados “galos” por los romanos y “celtas” por los griegos. Y su cultura –la “cultura celta”– está en la pre-historia de los pueblos europeos que se convirtieron progresivamente a partir de los primeros siglos de esta era, a la fe de Cristo.


¿Fue el apóstol Pablo a predicar a estos “hijos de Israel” ubicados -como decimos- al norte del Danubio, contra las costas del atlántico y en las islas británicas además de llevar el nombre de Cristo a los gentiles?


Efectivamente, pero analicemos antes una declaración poco comentada de este apóstol tan particular. En su testimonio ante el rey Agripa como prisionero en espera de una sentencia que solo llegaría en Roma, el apóstol Pablo declara:


“Y ahora, por la esperanza de la promesa
que hizo Dios a nuestros padres
soy llamado a juicio;
promesa cuyo cumplimiento esperan
que han de alcanzar nuestras doce tribus”

(Hechos 26:6)


Y esta es una declaración heterodoxa con respecto a lo que creemos sobre cual era su misión. En ella él apóstol afirma ante el rey Agripa que es “por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres” que está siendo llevado a juicio. Y para abundar más dice: “promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus”. Es decir, el apóstol Pablo declara que su misión tiene que ver con la profecía de ISRAEL, que es el cumplimiento de ella y no una desconexión inesperada que pueda interesar a Roma. Y esto cambia la idea que teníamos del objetivo de su misión apostólica.


El apóstol Pablo sabía que el objetivo de los doce apóstoles del Cordero era alcanzar a los “hijos de Israel” en el destierro y que este objetivo de los doce era diferente al suyo como lo dice en Gálatas 2:7:


“….me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión”


en donde la “circuncisión” necesariamente alude a los “hijos de Israel”/“casa de Israel”,  la “familia” desterrada del único ISRAEL ya que no podía ser la casa de Judá porque llegar a ella con el evangelio no eran las instrucciones del Maestro. Y la “incircuncisión” naturalmente se refiere a los gentiles. En las dos direcciones de la misión apostólica el objetivo apunta lejos de la tierra en donde Jesús anduvo. Por algo Él había levantado un comando misionero, si el objetivo fuera predicar a los judíos esto no hubiera sido necesario y menos sellándolo con las instrucciones que indicaban que el destino de este comando -capitaneado por Pedro- era viajar a tierras lejanas llevando la semilla de la Palabra, no quedarse en Jerusalem.


Recordemos más:  Pablo -antes Saulo- había sido levantado apóstol en el camino a Damasco, en donde cegado por el odio y munido de una carta del Sumo Sacerdote se disponía a tomar presos a los partidarios del Camino que encontrara en aquella ciudad. Y sabemos que en ese trayecto fue cegado por una luz del cielo y poco después de este glorioso -aunque traumático- encuentro se le había especificó a través del siervo Ananías que su encomienda sería dar testimonio del nombre de Cristo ante los “gentiles”, algo que no estaba incluido en la encomienda a los doce, pero no solo a ellos, se añadían otros dos objetivos que generalmente olvidamos y están bien presentes en las instrucciones de Ananías -dadas por el Señor-: dar testimonio ante “reyes” y a los “hijos de Israel” (Hechos 9:15).


Ahora bien, en cumplimiento de esas instrucciones Pablo llevo el evangelio ante los gentiles, pero cumplió también con los otros dos objetivos para los cuales fuera levantado. Y así dio testimonio del evangelio -generalmente en cadenas- ante reyes: Felix, Festo, Agripa, el principal de la isla de Malta y el César -por lo menos- .


Y finalmente dio testimonio a los “hijos de Israel”, ademas de gentiles y reyes. ¿Y cuando el apóstol Pablo dio testimonio a los “hijos de Israel” -es decir, la “casa de Israel”/”Efraín”-?. Fue cuando llegó hasta los territorios de las actuales Inglaterra, Francia y Suiza, entre su primera y segunda prisión en Roma. Esto no figura en los registros bíblicos, aunque si en la tradición de estos pueblos, la tradición oral apoyada por otros testimonios.


(Ver: El apóstol Pablo en Bretaña)


De modo que el apóstol Pablo comprendía, igual que los doce, cual era la prioridad de la misión apostólica. Esta era para los “hijos de Israel”/”casa de Israel”/Efraín” -la parte o “familia” de ISRAEL dispersa entre las naciones- como lo declara en el testimonio ante el rey Agripa que citamos mas arriba y el en parte colaboraría con ella. Quizás hizo esa declaración para ubicarse en un perfil mas favorable ante el rey Agripa, mostrando que lo suyo solo tenia que ver con israelitas y no incumbía a las autoridades de Roma. Pero aunque es posible este oportunismo el apóstol Pablo no podía mentir en juicio. Él efectivamente fue a los “hijos de Israel” a llevar el evangelio como se le había indicado el Señor a través de Ananías, aunque el centro de su particular llamado apostólico fue y es sin duda “ir a los gentiles” (Hechos 22:21). Aunque recordemos que entre estos hubo y hay “hijos de Israel” en misterio según la profecía de Oseas y Amos de que estos se mezclarían con todos los pueblos de la tierra. Pero en aquellos días la mezcla completa que existe hoy todavía no se había producido -se produciría a partir de la desaparición del imperio romano de occidente- y había bolzones de poblaciones identificables como pertenecientes a los “hijos de Israel” tales como los celtas y los escitas y a ellos fue el apóstol Pablo, ademas de dar testimonio a gentiles y reyes.