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“Por fin han llegado la salvación y el poder, el reino de nuestro Dios, y la autoridad
de su Mashiáj. Pues el acusador de nuestros hermanos —el que los acusa
delante de nuestro Dios día y noche— ha sido lanzado a la tierra.
…Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…
Apocalípsis 12, 10-12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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09/10/2012

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by Gary Wilkerson

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Algunos de los que están leyendo esto dicen: “Se que Dios me ha dado una visión. Me ha dado un sueño pero mis recursos son muy limitados como para alcanzarlo”.


Moisés dijo: “Soy tardo en el habla y torpe de lengua” (Vea Éxodo 4:10). Otros pueden decir que no cantan lo suficientemente bien o que no tienen capacidad de liderazgo. Pero Dios te dice que: “Todo lo puedes en Cristo que te fortalece” (Vea Filipenses 4:13). Y es justamente cuando no tienes recursos que puedes ver la gloria de Dios.


Creo que Dios a veces retiene los recursos de nosotros. Él no lo hace para castigarnos o herirnos, sino para revelar Su gloria, para mostrar que Él tiene todo lo que necesitamos, que Él está en control de todo.


En Éxodo 14 vemos a los hijos de Israel huyendo de Egipto, cuando Dios les ordenó acampar junto al Mar Rojo (Éxodo 14:2). Acampar cerca del mar en el tiempo apropiado es genial, pero cuando tienes un ejército de miles de carros de guerra y soldados enemigos fuertemente armados persiguiéndote, puedes empezar a pensar: “¡Oh, oh! No es aquí donde quiero estar precisamente ahora. ¡Quizás este no es el tiempo ni el lugar correcto, Dios!”


Cuando algo así sucede, hay una fuerte tentación de comenzar a cuestionar a Dios y empezar a decir: “¿Dónde estás, Dios? ¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué no demuestras que eres poderoso?


¡Nosotros sabemos que el cruce del Mar Rojo fue exitoso! Cuando los hijos de Israel cruzaron al otro lado, comenzaron a cantar lo que se llama “El cántico de Moisés” o “El cántico de liberación”, extraemos de Éxodo 15:1-2:


“Cantaré yo a Jehová,
porque se ha magnificado grandemente;
Ha echado en el mar al caballo y al jinete.
Jehová es mi fortaleza y mi cántico,
Y ha sido mi salvación.
Este es mi Dios, y lo alabaré;
Dios de mi padre, y lo enalteceré”.


¡Éste es nuestro cántico también!
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