“Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel…
Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las
escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y
ellos serán mi pueblo”
Jeremías 31, 33

MANTENIÉNDONOS FIRMES
(Devocional de D. Wilkerson)

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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tomado del libro “MAHANAIM”
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En Hechos 2, 46 leemos que los primeros cristianos “se reunían en casas para la Cena del Señor”. Y se completa así el pasaje: “Y cada día el Señor agregaba a esa comunidad cristiana los que iban siendo salvos” (NTV). Esto nos habla de un proceso de crecimiento inexorable y programado, como el que se produce en el vientre de una madre guiado por el Cielo. E introduce otro misterio según leemos en 1 Corintios 12, 27:


“Todos ustedes en conjunto son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de ese cuerpo”


¡Se dice que van a reproducir el Cuerpo místico de Cristo en la tierra! Algo adelantado en Juan 2, 19.21. Y también se dice en 2 Corintios 6, 16: “Pues nosotros somos el templo del Dios viviente”. Por eso los redimidos estamos “en Cristo”: porque estamos inmersos en Su Cuerpo y regenerados por el Espíritu Santo. En la Ultima Cena, tomando Un único pan, Cristo lo partió -luego de que Judas se hubiera marchado -y dio a cada uno de Sus apóstoles un pedazo. Y -como recordamos- el apóstol Pablo  advierte: “si alguno come el pan y bebe de la copa sin honrar el cuerpo de Cristo, come y bebe el juicio de Dios sobre sí mismo” (1 Cor 11, 29). Y el papa Juan Pablo II reflexiona sobre este sacramento católico –la ‘eucaristía’- y dice:


“Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación. El Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada. De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida”


Y agrega un comentario sobre el impacto que produjo en la Creación el Sacrificio de la cruz y la posterior Resurrección -a lo que ya nos referimos antes-. Y en Romanos 12, 5 se vuelve a hablar del misterio del Cuerpo de Cristo:


“así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”


Pero el Pan del memorial que es Santo se introduce en cada creyente que también debe de ser un recipiente santo. Y se dice en 1 Corintios  6, 19-20:


“¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio”


Lo que en otra versión leemos así:


“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”


Y si el cuerpo de cada creyente no fuera santo/santificado no podría recibir el Cuerpo de Cristo. Está escrito: “sed santos como yo soy Santo”. Y esta santidad que se pide es producida por un revestimiento de lo Alto, el mismo que santificó el vientre de María/Myriam para recibir la Simiente del Padre Eterno. Y el Cuerpo Místico de Cristo crece en el Cuerpo Místico de María/Myriam, madre de la Iglesia. De modo que a las dos expresiones del continuum Cielo/tierra que resumimos en la página 20 debemos agregar:


-> el memorial de la Partición del Pan que es la comunión de todo Su Pueblo para formar el Cuerpo místico de Cristo abarcando todas las naciones de la tierra y ofreciéndoselas así al Padre para su redención.


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nota 1): con respecto a la presencia real del Cuerpo de Cristo en el memorial de  la Partición del Pan recordamos aquí  pasajes del capítulo 6 de Juan que no admiten otra interpretación:


ver.  53:


«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros»


ver.  55:


«Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida»


ver.  54:


«El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día»


Y  Jesús/Yeshua también hizo esta afirmación:


“Destruyan este templo y en tres días lo levantaré… Pero cuando Jesús dijo «este templo», se refería a su propio cuerpo. Después que resucitó de los muertos, sus discípulos  recordaron que había dicho esto y creyeron en las Escrituras y también en lo que Jesús había dicho” (Ju  2, 19-21)


Estaba diciendo implícitamente que el Templo de Jerusalem sería sustituido por el Templo de Su Cuerpo que a su vez -según instruyó después- sería repartido a gentes de todas las naciones por Su Iglesia.

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