esperamos con mucho anhelo que él regrese… Él tomará nuestro débil cuerpo mortal
y lo transformará en un cuerpo glorioso, igual al de él
Filipenses 3, 20-21

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En Hechos 2, 46 leemos que los primeros cristianos «se reunían en casas para la Cena del Señor”. Y se completa así el pasaje: “Y cada día el Señor agregaba a esa comunidad cristiana los que iban siendo salvos” (NTV). Esto nos habla de un proceso de crecimiento inexorable y programado, como el que se produce en el vientre de una madre guiado por el Cielo. E introduce otro misterio según leemos en 1 Corintios 12, 27:

 

todos ustedes en conjunto son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de ese cuerpo

 

¡se dice que ‘en conjunto’ el Pueblo de Dios va a reproducir el Cuerpo Místico de Cristo en la tierra! Algo adelantado en Juan 2, 19.21. Y también se dice en 2 Corintios 6, 16: “Pues nosotros somos el templo del Dios viviente”. Por eso los redimidos estamos “en Cristo”: porque estamos inmersos en Su Cuerpo y regenerados por el Espíritu Santo. En la Ultima Cena, tomando Un único pan, Cristo lo partió -luego de que Judas se hubiera marchado- y dio a cada uno de Sus apóstoles un pedazo. Y el apóstol Pablo advierte: “si alguno come el pan y bebe de la copa sin honrar el cuerpo de Cristo, come y bebe el juicio de Dios sobre sí mismo” (1 Cor 11, 29). Y el papa Juan Pablo II reflexiona así sobre la Eucaristia:

 

“Ella une el cielo y la tierra.  Abarca e impregna toda la creación.  El Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada.  De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida”

 

profunda reflexion en donde se habla del impacto que produjo en toda la Creación el Sacrificio Vicario y posterior Resurrección, algo que es necesario entender cabalmente para discernir la magnitud del Misterio ente el cual estamos y que debiéramos recibir de rodillas. Y en Romanos 12, 5 se vuelve a hablar del misterio del Cuerpo de Cristo:

 

así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros

 

Pero el Pan del memorial que es Santo se introduce en cada creyente que también debe de ser un recipiente santo. Y se dice en 1 Corintios  6, 19-20:

 

¿no se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio

 

lo que en otra versión leemos así:

 

¿o no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

 

y es que si el cuerpo de cada creyente no fuera santo/santificado no podría recibir el Cuerpo de Cristo. Está escrito: “sed santos como yo soy Santo”. Y esta santidad que se pide es producida por un revestimiento de lo Alto, el mismo que santificó el vientre de María/Myriam para recibir la Simiente del Padre Eterno. Y el Cuerpo Místico de Cristo crece en el Cuerpo Místico de María/Myriam, Madre de la Iglesia. De modo que el memorial de la Partición del Pan es la comunión de todo Su Pueblo para formar el Cuerpo Místico de Cristo abarcando todas las naciones de la tierra y ofreciéndoselas así al Padre para su redención.

 

Amen y amen