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“¡Pero la Porcion de Jacob no es ningún ídolo! Él es el Creador de todo lo que existe,
incluido Israel, su posesión más preciada. ¡El Señor de los Ejércitos
Celestiales es su nombre!”
Jeremias 10, 16


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 25 de noviembre del 2011:

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El profeta Samuel es un ejemplo del remanente santo de los últimos tiempos -un cuerpo de creyentes preparado que emerge de la vieja y decadente iglesia.


Ana, la madre de Samuel, le dio nacimiento con lágrimas de amargura y mucha oración. “Ella, con amargura de alma, oró a Jehová y lloró desconsoladamente.” (1 Samuel 1:10).


Intente imaginar la escena: Ana acudía al templo todos los días, de rodillas ante el altar, contrita y quebrantada, pues no podía concebir hijos. Mientras sollozaba, su adversaria -la otra esposa de su esposo- se burló de ella. “Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola porque Jehová no le había concedido tener hijos.” (1 Samuel 1:6).


En este pasaje existen tres aspectos importantes que me gustaría recalcar:


Primero, el remanente que Samuel representa nace bajo lamento e intercesión.


Segundo, aquéllos que oran y se duelen conforme el corazón del Señor, serán irritados por sus adversarios.


Y tercero,  ¡el remanente de Dios siempre será malinterpretado!


Note qué le aconteció a Ana mientras oraba:“Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí observaba sus labios. Pero Ana oraba en silencio y solamente se movían sus labios; su voz no se oía, por lo que Elí la tuvo por ebria. Entonces le dijo Elí: –¿Hasta cuándo estarás ebria? ¡Digiere tu vino!” (1 Samuel 1:12-14). Eli y sus hijos representan a la iglesia moribunda y corrupta que ha olvidado el camino del Señor. Eli estaba fuera de contacto – tan muerto en su espíritu- ¡que pensó que Ana estaba embriagada!


Cuando Ana estaba orando, fue llenada de dolor y agobio por su deseo de dar nacimiento a un hijo. Todo lo que ella podía hacer era mover sus labios pues su Espíritu estaba gimiendo. Ana oró, “si te dignas mirar a la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y…das a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida” (1 Samuel 1:11).


Aquí encontramos dos cosas que distinguirán al remanente santo de Dios:


Ellos oran como Ana. Su carga es pesada y sus corazones están agitados por la maldad presente en la casa de Dios. Como Ana, ellos se encomiendan a orar todos los días de sus vidas. Dios quiere transformarle de esta manera. Él quiere que usted sea capaz de tocarlo y escucharlo. Él quiere darle a usted un ministerio enfocado hacia su prójimo, hacia personas que acudirán a usted con sus cargas y tribulaciones. ¡Y conforme usted ore por ellos, Su Palabra vendrá a usted!
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