“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 25 de noviembre del 2011:

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El profeta Samuel es un ejemplo del remanente santo de los últimos tiempos -un cuerpo de creyentes preparado que emerge de la vieja y decadente iglesia.


Ana, la madre de Samuel, le dio nacimiento con lágrimas de amargura y mucha oración. “Ella, con amargura de alma, oró a Jehová y lloró desconsoladamente.” (1 Samuel 1:10).


Intente imaginar la escena: Ana acudía al templo todos los días, de rodillas ante el altar, contrita y quebrantada, pues no podía concebir hijos. Mientras sollozaba, su adversaria -la otra esposa de su esposo- se burló de ella. “Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola porque Jehová no le había concedido tener hijos.” (1 Samuel 1:6).


En este pasaje existen tres aspectos importantes que me gustaría recalcar:


Primero, el remanente que Samuel representa nace bajo lamento e intercesión.


Segundo, aquéllos que oran y se duelen conforme el corazón del Señor, serán irritados por sus adversarios.


Y tercero,  ¡el remanente de Dios siempre será malinterpretado!


Note qué le aconteció a Ana mientras oraba:“Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí observaba sus labios. Pero Ana oraba en silencio y solamente se movían sus labios; su voz no se oía, por lo que Elí la tuvo por ebria. Entonces le dijo Elí: –¿Hasta cuándo estarás ebria? ¡Digiere tu vino!” (1 Samuel 1:12-14). Eli y sus hijos representan a la iglesia moribunda y corrupta que ha olvidado el camino del Señor. Eli estaba fuera de contacto – tan muerto en su espíritu- ¡que pensó que Ana estaba embriagada!


Cuando Ana estaba orando, fue llenada de dolor y agobio por su deseo de dar nacimiento a un hijo. Todo lo que ella podía hacer era mover sus labios pues su Espíritu estaba gimiendo. Ana oró, “si te dignas mirar a la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y…das a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida” (1 Samuel 1:11).


Aquí encontramos dos cosas que distinguirán al remanente santo de Dios:


Ellos oran como Ana. Su carga es pesada y sus corazones están agitados por la maldad presente en la casa de Dios. Como Ana, ellos se encomiendan a orar todos los días de sus vidas. Dios quiere transformarle de esta manera. Él quiere que usted sea capaz de tocarlo y escucharlo. Él quiere darle a usted un ministerio enfocado hacia su prójimo, hacia personas que acudirán a usted con sus cargas y tribulaciones. ¡Y conforme usted ore por ellos, Su Palabra vendrá a usted!
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