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“Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre
de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para la gente en el futuro lejano, es
decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios”
Hechos 2, 38-39


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Ya se ha dicho muchas veces que hay enfermedades cuyo origen son heridas del alma que solo pueden tener una cura espiritual. En idioma común nos referimos a ellas como enfermedades “psicosomáticas”. “Psico” es un nombre para el alma –el lugar en donde residen las emociones, la razón y la voluntad– y “soma” para el cuerpo. Y conocíamos evidencias de que el cáncer puede ser consecuencia de una corrosiva falta de perdón. Pero ahora el artículo que compartimos hace mención a un estudio estadístico confirmatorio de que la falta de perdón puede efectivamente conducir a esa enfermedad cuyo nombre nos aterroriza. Es que la falta de perdón disminuye las defensas de nuestro cuerpo y nos deja inermes ante la enfermedad y aún la provoca –en el articulo se abunda sobre esto-.


Ahora bien, la Palabra hace un énfasis continuo sobre nuestro deber cristiano de perdonar y en consecuencia no acumular en nuestro íntimo lo que en lenguaje bíblico se llama “raíces de amargura”:


“Quítense de vosotros toda amargura,
enojo,  ira,  gritería, maledicencia y toda malicia.
Antes sed bondadosos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó
a vosotros en Cristo”
Efesios 4:31-32


Y también:


“Mirad bien, para que ninguno
deje de alcanzar la gracia de Dios,
y para que no brote ninguna raíz de amargura
que os perturbe y contamine a muchos”
Hebreos 12:15


Son esas raíces la que producen frutos venenosos. Y es del todo evidente que la falta de perdón afecta al que acuna en su alma el dolor de una ofensa, pero no al que produjo.  Nuestro Señor pidió al Padre: “perdónalos Señor porque no saben lo que hacen”, inocentando aún a quienes lo habían condenado a una muerte cruel y a quienes se burlaban de Él. Asimismo Esteban oró por los que lo martirizaban.


En este sitio ya publicamos un estudio del pastor de pastores David Wilkerson sobre el perdón: “¿Cuan importante es bendecir y perdonar a nuestros enemigos?” que recomendamos releer.


El link del artículo que compartimos, publicado por Mundo Cristiano es este:


http://www.cbn.com/mundocristiano/Estados-Unidos/2011/July/Terapia-del-Perdon-ayuda-a-personas-con-cancer/

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