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“Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre
de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para la gente en el futuro lejano, es
decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios”
Hechos 2, 38-39


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Porque el mismo Dios
que mandó que la luz
brotara de la oscuridad,
es el que ha hecho brotar
su luz en nuestro corazón

para que podamos iluminar a otros,
dándoles a conocer la gloria
de Dios que brilla en la cara
de Jesucristo.

(2 Corintios 4:6)

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¡Leamos este pasaje con asombro!: el Creador de los cielos y la tierra, Quien dijo al principio: “Sea la luz; y fue la luz” (Gén 1:3), es El Mismo que ordenó que de nuestras tinieblas interiores -en nuestro corazón- brotara Su Luz.  ¡Es el mismo poder El que operó al principio de la Creación y El que que nos hizo nuevas criaturas!. ¡¡waw!!

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¿Estamos conscientes los renacidos -redimidos- que somos una creación de ese Poder por encima de todo poder? ¿Estamos viviendo como hijos de la Luz? ¿Discernimos las tinieblas de las que fuimos arrebatados y la recordamos como un lugar aborrecible? ¿Proyectamos Su Luz a otros?

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