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“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“y la hemos visto, y testificamos
y os anunciamos la vida eterna,
la cual estaba con el Padre
y se nos manifestó”
1 Juan 1:2

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El fruto mas bendito del ministerio de nuestro Señor -Hijo de Dios/Elohim- es haber manifestado y puesto a nuestra disposición la vida eterna que estaba en el seno del Padre. Como está dicho en Juan 1:18:


“A Dios nadie le vio jamás;
el unigénito Hijo, que está
en el seno del Padre,
él le ha dado a conocer”


Y en el “mini evangelio” -Juan 3:16- leemos:


“De tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree
no se pierda,
sino que tenga vida eterna”.
Juan 3:16


Aquello que estaba en el seno del Padre está ahora a nuestro alcance. Nuestra finitud ha sido traspasada por la eternidad. Nuestra corrupción, revestida por Su incorrupción. La carne vencida para siempre por el Espíritu. ¡Aleluya!.  Dijo nuestro Señor:


“Y esta es la vida eterna:
que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero,
y a Jesucristo,
a quien has enviado”.
Juan 17:3


Contemplemos cada mañana este misterio: el Padre y el Hijo –Su Donación- y así viviremos por la fe en la eternidad que ya es nuestra. Esa es la revelación del Espíritu que da testimonio del Padre y del Hijo. Y permaneciendo en esta Verdad traspasaremos las contradicciones, malicias y limitaciones de este mundo porque estaremos revestidos de la armonía perfecta del venidero.


Ese es el Reino que vive en nosotros al que se refirió Jesús/Yeshua cuando dijo: “el reino de Dios está entre ustedes” (Lucas 17:21). Es decir, Su Presencia Real -Rey de reyes, Señor de señores, y Sumo Sacerdote eterno- en/entre nosotros revelada por el Espíritu.

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