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“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Miren, el Señor arrasa la tierra

y la devasta,

trastorna su faz y dispersa

a sus habitantes.

Lo mismo les pasará

al sacerdote y al pueblo,

al amo y al esclavo,

a la señora y a la esclava,

al comprador y al vendedor,

al prestamista y al prestatario,

al acreedor y al deudor.

La tierra yace profanada,

pisoteada por sus habitantes,

porque…han quebrantado

el pacto eterno 

La ciudad del caos yace desolada;

cerrado está el acceso a toda casa.

Isaías 24:1-10



El remanente eleva su voz

y grita de alegría;

desde el occidente aclama

la majestad del Señor.

Desde los confines de la tierra

oímos cantar:

“¡Gloria al Justo!”

Isaías 24:14-16

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El capítulo 24 es llamado “el apocalipsis de Isaías” porque ilustra una destrucción generalizada de la tierra, de sus ciudades, el clamor agónico de sus habitares y el angustioso desfallecimiento de toda alegría. Un relato crudo de completa desolación como pocos en el texto profético  ¿la causa? los hombres han quebrantado el pacto eterno con su Creador, le han dado la espalda, se han hecho necios, llenos de violencia y buenos para nada.


Pero hay algo sorprendente en este capitulo agobiante: de pronto, entre el ver. 14 y el 16, la angustiante enumeración de calamidades se detiene bruscamente y se habla de algunos que están elevando su voz  NO para unirse al coro de lamentos, sino para gritar de alegría. Leamos este dichoso pasaje:


“El remanente eleva su voz
y grita de alegría;
desde el occidente aclama
la majestad del Señor”


¿Quiénes son estos que van en contra de la corriente, que en vez de estar aterrorizados y angustiados cantan con gozo incontenible? Son los que esperan en el Señor a quienes no les sorprende la destrucción a su alrededor porque han sido avisados de ella por la palabra profética. Es más, ven en esas cosas terribles que hacen tambalear al mundo el tiempo de su rescate y liberación. Son el remanente santo, los que están escuchan en medio del estruendo el silbo apacible, el llamado a las bodas celestiales del Cordero.


Y vemos que el principal clamor de alegría de este remanente que salta de alegría viene de occidente. Lo que, visto desde la tierra de la promesa, señala a América. Pero luego se escuchan gritos de alegría también desde oriente y en todas las latitudes de la tierra. En todas ellas hay algunos -pocos-  que parecen ir contra la corriente y gritan de alegría: ¡GLORIA AL JUSTO!


¿A que grupo te gustaría pertenecer? A los desesperados de todas las categorías sociales, económicas y culturales, que prorrumpen en gritos angustiosos:


“al sacerdote y al pueblo,
al amo y al esclavo,
a la señora y a la esclava,
al comprador y al vendedor,
al prestamista y al prestatario,
al acreedor y al deudor”


¿O al grupo de los que gritan de alegría en medio de la mayor confusión de la historia, una que la profecía llama “la gran tribulación”?


Los que gritan de alegría son el remanente de Israel, los redimidos, los que han entregado su vida a Jesús –el Hijo del Dios Vivo/Hijo de David/Hijo del Hombre /Mesías de ISRAEL- y esperan en Él para ser transportados de las tinieblas y confusión de este mundo a la luz admirable de Su Reino.


Si todavía no perteneces el grupo gozoso que destaca en medio de la destrucción haz clic en el botón “¿Quién es Jesús?”, pronuncia la oración de arrepentimiento y un deseo ferviente de conocer Su Palabra te invadirá. ¡Hazlo pronto!

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