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“… llegará el día cuando el pueblo de Israel será como la arena
a la orilla del mar,
¡imposible de contar! Así que en el lugar
donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo”, se dirá:
“Ustedes son hijos del Dios viviente”. Entonces los
pueblos de Judá e Israel se unirán, elegirán un
solo líder y regresarán juntos del destierro.
Qué gran día será —el día de Jezreel—
cuando Dios plantará de nuevo a su
pueblo en su tierra”
Oseas 1: 10-11

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12


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27/01/ 2014

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by Gary Wilkerson

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Soy pastor, y mis horas se llenan con el trabajo de mi vocación. Pero últimamente mi corazón ha sido movido por hacer el trabajo de un evangelista. Recientemente le pedí a Dios que me abra las puertas a cinco personas durante la próxima semana para que yo pudiera testificarles acerca de Jesús. Ese mismo día yo estaba sentado con mi familia en un restaurante cuando un hombre mayor puso su mano en cada uno de nuestros hombros al pasar. Fue un gesto de ternura y yo me acerqué para hablar con él.


Su nombre era Skip y tenía ochenta y cinco años. Nos dijo que su esposa acababa de quedar incapacitada por un derrame cerebral. “Hemos estado casados durante todos estos años, y ahora ella está acostada en la cama en nuestra casa”, dijo Skip: “Estoy abrumado con el trabajo de cuidar de ella.


Acabo de salir para tener un breve descanso”. Cuando le pregunté si podíamos orar por él, los ojos de Skip llenaron de lágrimas. Él había estado esperando escuchar que alguien le diga que Dios se preocupaba por él.


Más tarde esa semana, compartí el amor de Jesús con un adolescente sin hogar. En pocos días había tenido encuentros poderosos y significativos con otros. La oración no sólo abre puertas poderosamente sino que abre nuestros ojos a las necesidades de nuestro alrededor y al deseo de Dios por satisfacer esas necesidades.


En cada una de nuestras comunidades, la gente está dispuesta a ver una iglesia fiel que actúe de acuerdo a su creencia de que Dios quiere liberar a la gente de cada prisión. Ellos quieren saber que hay esperanza en su desesperación. El Señor está listo para moverse como resultado de nuestras oraciones, y ahora necesita que sigamos adelante en la fe para ver Su poder transformar vidas.


Te ruego: Sigue orando fervientemente, por tus seres queridos y por todos los que conoces. Puede que Dios ya se haya movido en sus vidas, a pesar de que no te des cuenta. Así que cuando escuches que llamaban a tu puerta, se fiel en abrir, Jesús está listo para sorprendernos con Su amor que salva, libera y transforma.

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