+

“Pero Moisés trató de apaciguar al Señor su Dios. —… ¿por qué estás tan enojado con tu propio pueblo …
!Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. Tú mismo te comprometiste… diciendo:
“Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y entregaré
a sus descendientes toda esta tierra que prometí darles, y ellos la poseerán para
siempre”. Entonces el Señor cambió de parecer…”
Éxodo 32, 11-14


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

*


*

+

-> la “mujer que ha de dar a luz”.


El relato profético del AT incluye muchas veces pasajes simbólico/proféticos que tienen como protagonistas a “mujeres”. Y muy especialmente a dos “mujeres”. Una, la que aparece de pronto en Miqueas 5:3 (que estudiaremos ahora) y otra “la desamparada” a la que nos referimos en otro estudio.


Se lee en Miqueas 5:3, aludiendo a Aquel cuyos “orígenes se remontan al inicio de los tiempos”:


“Pero los dejará
hasta el tiempo que dé a luz
la que ha de dar a luz,
y el resto de sus hermanos
volverá junto a los hijos de Israel”.
(Miqueas 5:3)


Este es un pasaje fascinante que resume un gran trayecto profético. ¿Quien es esta mujer “que ha de dar a luz”?. ¿Y a quien va a dar a luz? Ella aparece a continuación de pasajes que aluden al nacimiento en Belén de Quien identificamos fácilmente como Jesús/Yeshua. Y se dice que este recién nacido “los dejará” hasta que “la que ha de dar a luz, de a luz”. Un misterio, sin duda.


Generalmente las respuestas a planteos proféticos del AT las encontramos en el Nuevo Testamento. Solo que con imágenes de una magnificencia que supera en mucho el sobrio y escueto relato del  AT.  Éstos son a menudo semillas de cáscara rugosa, a veces impenetrable, que en el Nuevo Testamento se convierten en árboles frondosos (nota 1). Y en efecto, en el capítulo 12 de Apocalipsis nos encontramos una imagen magnífica, con un episodio profético protagonizado por una mujer que “da a luz”. Leamos  en Apocalipsis 12:1:


“Apareció en el cielo una gran señal:
una mujer vestida del sol,
con la luna debajo de sus pies
y sobre su cabeza
una corona de doce estrellas.


Y en el versículo 5 vemos el episodio del alumbramiento:


“Ella dio a luz un hijo varón,
que va a regir a todas las naciones
con vara de hierro;
y su hijo fue arrebatado para Dios
y para su trono”.


Esta mujer “vestida de sol” es una imagen de gloriosa “frondosidad” nacida de la semilla profética descripta brevemente en Miqueas 5:3. Y representa a todos los nacidos -o renacidos- de Espíritu, esto es, los que han nacido de lo Alto, de virtudes celestiales. Madre de los redimidos. Y unifica en un solo y magnifico símbolo a la mujer de Miqueas 5:2-3. Seguiremos aludiendo en este estudio a esta “mujer vestida de sol”, pero vamos ahora a otro pasaje concordante que es también un símbolo aglutinante y espléndido  de los redimidos.



*


-> la Jerusalem celestial, patria de los libres.


En el  capitulo 4 de Gálatas el apóstol Pablo se dirige a quienes habían sido tentados a “judaizar” el evangelio pretendiendo sujetarlo a los rudimentos de  la Ley. Y para aclarar su pensamiento da imágenes muy claras: les dice que hay dos ‘Jerusalem’ con significados distintos y aun opuestos. Una representa a Agar: la esclava, y la otra representa a Sara, la libre.


Una es la Jerusalem “actual”, terrenal, la que sale a diario en las noticias y la otra es la Jerusalem “celestial” a la que solo podemos acceder por fe. Una es nacida de carne, y otra de espíritu, de la promesa. Leamos algunas de estas afirmaciones sustanciales del apóstol para no ser tentados a “judaizar” nuestra fe. En Gálatas 4:24-26 dice el apóstol Pablo refiriéndose a Agar y Sara:


“estas mujeres son los dos pactos;
el uno proviene del monte Sinaí,
el cual da hijos para esclavitud;
este es Agar…
y corresponde a la Jerusalém actual,

Pero la Jerusalém celestial es libre,
y nosotros somos hijos suyos.
(Gálatas 4:24-26)


Y aquí nos encontramos con un símbolo paralelo en su significado  a la “mujer vestida de sol” que referimos al principio: Y es que la Jerusalem celestial es la madre de los nacidos del  Espíritu -“nosotros somos hijos suyos”- de los cuales Jesús/Yeshua es el primogénito ya que fue concebido por el Espíritu Santo, el Espíritu de lo Alto, en el vientre virgen de María. Y luego abrió el camino al cielo para todos los que a lo largo de los siglos se convirtieron en sus hermanos, esto es, los que abrieron su corazón al Espíritu mediante la implantación de la Palabra y la fe en el sacrificio vicario en la cruz, y fueron regenerados.


*


Y la Jerusalem celestial es también el “Monte Sión” –otro símbolo poderoso– como se dice en  Hebreos 12:22-23:


“Vosotros, en cambio,
os habéis acercado al monte Sión,
a la ciudad del Dios vivo,
Jerusalém la celestial,

a la congregación de los primogénitos
que están inscritos en los cielos”.


la “partida de nacimiento” de los redimidos está en los cielos y por lo tanto estamos inscritos allí como “ciudadanos” de la Jerusalem celestial. Es allí -no aquí- que somos inscritos los que vamos a morar en el mundo venidero/atid lavoh, en la gloriosa y celestial Sión junto a “YaHVéH Justicia Nuestra”.


Y también se refiere a la Jerusalem celestial el luminoso pasaje de Hebreos 11: 13-15:


“En la fe murieron todos estos
sin haber recibido lo prometido,
sino mirándolo de lejos,
creyéndolo y saludándolo,
y confesando que eran
extranjeros y peregrinos
sobre la tierra.

Los que esto dicen,
claramente dan a entender
que buscan una patria,
pues si hubieran estado pensando
en aquella de donde salieron,
ciertamente tenían tiempo de volver.

Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial;
por lo cual Dios no se avergüenza
de llamarse Dios de ellos,
porque les ha preparado una ciudad”.


En  donde se nos dice que la Jerusalem celestial es el anhelo ferviente de los redimidos. Estos son los que “no buscan una patria” en la Jerusalem actual, sino que anhelan la celestial. Y eso es precisamente de lo que trata el retorno a Sión al final de los días siguiendo al Gran Pastor de las ovejas “que oyen su voz”(nota 3).


Y en Efesios 1:3 leemos:


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos bendijo con toda bendición espiritual
en los lugares celestiales en Cristo”


las bendiciones eternas a favor de los santos están guardadas en el cielo con Cristo, lejos de este mundo que va a su consumación. Y el “misterio de Su voluntad” es:


“reunir todas las cosas en Cristo,
en el cumplimiento de los tiempos establecidos,
así las que están en los cielos
como las que están en la tierra”.
(Efesios 1:10)


y para que cielo y tierra se reúnan -ahora están enfrentados- ambos deben de ser santos. De ahí la necesidad  de que estos cielos y tierras actuales pasen, y vengan “nuevos cielos y nueva tierra”, cuando este cielo y esta tierra en la que vivimos sean consumidos por la Ira (Hebreos 12:26-28).


Es bajo esos nuevos cielos y en esa tierra llena de gloria celestial en donde habitará  la herencia perpetua de los redimidos. Sin duda en este mundo no podemos tener “herencia perpetua” ya que pasará.  No la busquemos aquí, el cumplimiento de la promesa a Abraham es para el mundo venidero..


Y esta herencia que nos aguarda a los redimidos será “terrenal” pero también celestial porque se habrán reunido cielo y tierra y Dios mismo -”YaHWéH Justicia Nuestra”- habitará con Su pueblo. Solo estando la nueva tierra llena de la Gloria de Dios podrá el santo Tabernáculo de Dios –y Dios mismo- habitar entre los hombres (Ezequiel 37:25-28). Este es el misterio de la Jerusalem celestial y sus ciudadanos: ahora está guardada como promesa en el cielo hasta que la tierra sea santificada y pueda manifestarse aquí.

+


+

*

->  “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8:29)


Dice Apocalipsis 12:17 refiriéndose al dragón que quiso devorarse el “hijo varón” de la “mujer vestida de sol” que hablamos en el inicio y no pudo:


“…y se fue a hacer la guerra
contra el resto de la descendencia de ella,
contra los que guardan los mandamientos
de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”.


Esto muestra que la “mujer vestida de sol” no solo dio a luz al “hijo varón”, sino a un resto o remanente de la simiente de Abraham que son “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. Esto son los creyentes fieles, el trigo guardado en las iglesias de Cristo a lo largo de los siglos que aguarda a oír el llamado del Gran pastor.  Son los redimidos. Veamos que en el momento en que Jesús/Yeshua ascendió a la diestra del trono del Padre todavía no había nacido –o renacido del Espíritu- la descendencia multitudinaria de “sus hermanos” como se llama en Romanos 8:29 a los creyentes:


“A los que antes conoció,
también los predestinó
para que fueran hechos
conformes a la imagen de su Hijo,
para que él sea el primogénito
entre muchos hermanos”.


Jesús/Yeshua fue “el primogénito entre muchos hermanos”. Y estos hermanos del “hijo varón” solo podrían nacer luego de la cruz (o por la fe del tipo de la de Abraham que tuvieron los justos del AT). Y nacieron como fruto de la misión apostólica y misionera y de la obra “paridora” de las iglesias de Cristo de la cual la “mujer vestida de sol” es también figura.


Analizamos en otro estudio que las iglesias de Cristo son vistas desde la perspectiva del Altísimo como una sola iglesia/congregación del los santos: el ISRAEL DE DIOS7JEZREEL  ordenado en doce tribus. Pero solo es visto así desde lo Alto. En la carne nosotros la percibimos como una realidad confusa y muchas veces difusa ya que la “cizaña” que sembró el Enemigo -y que acompañará a las iglesias de Cristo hasta el tiempo en que toda la “plenitud de los gentiles” entre en el Nuevo Pacto- oscurece la manifestación de los “escogidos y fieles”, esto es, del trigo de las iglesias.


Solo cuando se complete la entrada de la “plenitud de los gentiles” (Rom11:25) en un nuevo pacto  con YaHWéH que les quite los pecados (Rom 11:27), lo que es lo mismo que decir: llegue el fin la obra paridora de la iglesia, entonces podrá decirse que la “mujer” de Miqueas 5:3 -semilla profética de la mujer “vestida de sol” de Apocalipsis 12– habrá terminado de dar a luz a los “muchos hermanos” de Aquel que es “Señor de ISRAEL”.


Y esta es la respuesta a la interrogante que nos planteábamos al inicio con respecto al pasaje de Miqueas 5:2: ¿porque a pesar de que en el se nos dice que había nacido el “Señor de ISRAEL” es necesario esperar a que “la que ha de dar a luz, diera a luz” para que Él vuelva? Es que era necesario que a partir de la obra de la cruz fueran redimidos por Su sangre los que se convertirían en Sus  hermanos adoptivos, para que Él volviera por ellos.


eagle3

*


-> el retorno a Sión


¿Y luego que se complete la obra “paridora” de las iglesias de Cristo y la “plenitud de los gentiles” haya entrado en el Nuevo Pacto que sucederá? Pues una sucesión de eventos portentosos que terminarán con el retorno de los redimidos a una celestial Sión en una tierra transmutada por su Gloria -como está dicho– según lo anuncia toda la profecía del AT. Veremos entonces:


1) el arrebatamiento al cielo de los creyentes fieles “ya sea que velemos o durmamos” en el Señor (1 Tesalonicenses 5:10), antes del día de la Ira que consumirá al mundo impío;


2) las bodas celestiales de todos los redimidos con el Cordero – su Marido y Redentor (Isaías 54:5);


3) la restauración de los cielos y la tierra de acuerdo al modelo celestial que expresa el símbolo de la Jerusalem celestial;


4) la unidad en un solo redil del remanente salvo de Israel(Efraín) con un remanente salvo de Judá,  bajo un solo Jefe en el “día de Jezreel” (Oseas 1:11). Esta será el acto inaugural del reino mesiánico que es el Tabernáculo de David restaurado;


Todo esto es lo que quiere decir “y el resto de sus hermanos volverá junto a los hijos de Israel”.


“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a la memoria las cosas antiguas” (Isaías 43:18) dice la Palabra. Tenemos un destino atesorado en el cielo para nosotros, que es la gloriosa y celestial Sión: la Jerusalem celestial, el “reino de los cielos” que se manifestará perfecto en su hermosura bajo “nuevos cielos y una nueva tierra” en el  mundo venidero/athid lavo  (2 Pedro 3:13). Y nosotros, los que retornaremos a esa Sión gloriosa, somos una creación del cielo como ella según leemos en Isaías 43:6-7:


“Diré al norte: “¡Da acá!”,
y al sur: “¡No los retengas;
trae de lejos a mis hijos,
y a mis hijas de los confines de la tierra,
a todos los llamados de mi nombre,
que para gloria mía los he creado,
los formé y los hice!”


Amen y amen

+

^^^


nota 1): otras semillas proféticas poderosas que aparecen en el AT son -por ejemplo- el encuentro de Abraham con Melquisedec, aparentemente un episodio más de su vida, pero que a lo largo del A.T. va creciendo y explota en significado en el Nuevo Testamento, especialmente en el libro de Hebreos, con una revelación que cambia radicalmente el tipo de sacerdocio y de culto del AT. Aparece entonces el sacerdocio “según el orden de Melquisedec”, piedra angular para entender los nuevos misterios revelados del REINO. ¿Quién podría esperar que aquel encuentro relatado con extrema simplicidad en Génesis se convertiría en algo de tanto calado profético, es decir, que fuera el anuncio de un nuevo culto -en realidad el judaísmo es posterior a este encuentro- al mismo Dios de ISRAEL, de un nuevo pacto de YaHWéH con su pueblo?

+

Y podemos citar también como una semilla que explotó en el Nuevo Testamento a la prueba de obediencia de Abraham cuando ofreció en holocausto su hijo Isaac –“su único”– aunque fue detenido in extremis por YaHWéH que solo quería probar su obediencia y sustituyo a Isaac por un cordero. Este relato es figura profética  de la muerte vicaria de cruz y la resurrección de entre los muertos del Hijo de Dios/Elohim -nuestro Señor Jesucristo– fundamento de nuestra fe. Si bien este relato es mas extenso que el anterior dentro del sobrio y fermental texto del Génesis ¿quién podría esperar que tuviera tan relevante importancia en el plan eterno de redención  que se manifiesta con esplendor inigualable en el Nuevo Testamento?.


De la misma forma que estos ejemplos la “mujer” de Miqueas 5:3 explota en su significado en el capítulo 12 de Apocalipsis y en la historia de la iglesia.

***

nota 2): también en Gálatas -a continuación de la cita- se habla de la oposición permanente entre lo nacido de la carne y lo nacido de la promesa:


“Pero como entonces
el que había nacido según la carne
perseguía al que había nacido
según el Espíritu, así también ahora.
(Gálatas 4:29)


cosa que los creyentes comprobamos a diario. Así, quienes anhelan la Jerusalem “actual” -que era la falsa doctrina en que habían caído los gálatas- no entienden a quienes estamos inscritos en la Jerusalem celestial como herederos del mundo venidero/ atid lavoh.

***

nota 3): También se dice lo mismo Filipenses 3:20:


“Pero nuestra ciudadanía está en los cielos,
de donde también esperamos al Salvador,
al Señor Jesucristo”.


De modo que si bien el ISRAEL DE DIOS/ JEZREEL proviene de la semilla física de Abraham -como analizamos en otros estudios- NO es importante la descendencia carnal sino el nacimiento del Espíritu por fe como única credencial válida para pertenecer al Pueblo Santo del milenio. Esto se dice mas claro y profundo en 2 Corintios 5:16:


“De manera que nosotros de aquí en adelante
a nadie conocemos según la carne;
y aun si a Cristo conocimos
según la carne,
ya no lo conocemos así”.

*

Los creyentes somos descendientes de Abraham por testimonio del Espirito. De Él renacemos en el pueblo de Dios.

+

+