“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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La ciudad de Jerusalem de hoy limita con el valle del Gehenna al oeste (hoy un parque) y el valle por donde corría el torrente del Cedrón al este (hoy está entubado y corre una avenida). Pero además de estas dos depresiones hoy visibles había en el terreno que sustentaba a la Jerusalem antigua una hondonada profunda que corría entre estos dos valles y que hoy esta rellenada: la hondonada del Tiropeón. Esta hondonada cruzaba por debajo del hoy casco antiguo, a la altura de la explanada del “Kotel” o Muro Occidental.


La “Ciudad de David” tenia la hondonada de Tiropeón como su limite occidental en tanto que el valle del Cedrón era su limite oriental, tal como lo es hoy. Hablando del tiempo de Salmón una crónica dice:


“Cuatro puertas daban de frente a la ciudad en el lado occidental. Se llegaba a ellas por viaductos que cruzaban el valle del Tiropeón”.


Es decir, para llegar a la ciudad de Jerusalem desde su costado occidental -el correspondiente al “Muro Occidental” o “Kotel” actual– había cuatro viaductos o puentes por sobre la hondonada de Tiropeón. Con el tiempo, como esta depresión constituía un limite físico para la expansión fue siendo rellenada y hoy no aparece a simple vista aunque se percibe claramente si recorremos el túnel que bordea el contrafuerte occidental de la explanada -continuación del “Kotel”- que se desarrolla seis metros por debajo del nivel de piso actual.


Esta hondonada era muy profunda, como dijimos, y limitaba, junto con el valle del Cedrón en el lado oriental, a la llamada “ciudadela de los jebuseos” convirtiéndola en un bastión inexpugnable. Tuvieron que llegar los días de David para que esta fortaleza natural fuera tomada en una arriesgada operación para establecer en ella la capital de su reino. Y el actual Monte del Templo tiene los mismos límites que tuvo la “ciudadela de los jebuseos” y la posterior “Ciudad de David”.


Ahora bien, si observamos la ciudad de Jerusalem a vuelo de pájaro y reconstruimos la topografía original antes del relleno de la hondonada de Tiropeón, tenemos tres valles -tres huellas geológicas profundas- que conforman la geografía sobre la cual se asienta el casco antiguo:


1) el valle de Cedrón,

2) la hondonada de Tiropeon,

3) y el valle del Gehenna.


Pues bien: estas huellas en la topografía reproducen la letra “shin” invertida (lo que habla de un misterio oculto relacionado con el significado de esa letra). Reparemos que una ciudad importante se construye en las cercanías de un cauce fluvial, o de un puerto, o en un hermoso valle, pero nunca en un terreno íngrime y árido de características topográficas tan extremas como el que se asienta la legendaria “ciudad del Grande Rey”. ¿Porque Dios/Elohim -que nada hace por casualidad- eligió este terreno en particular para asentar la ciudad en donde tantas veces manifestó Su Gloria?. Este es el peor terreno imaginable del punto de vista de los hombres en donde construir una ciudad relevante. Para que una ciudad de mediano tamaño se estableciera allí tuvo que ser rellenada la hondonada de Tiropeón, como vimos. Así como para edificar el Templo de Salomón hubo de construirse una explanada artificial, una magnifica obra de ingeniería, sin duda, que corrigió la topografía natural e hizo posible esa conmovedora edificación -sede de la Gloria de YaHVéH- cuya fachada era una joya refulgente iluminada por el sol. Pero véase que para todo se precisó mucho sudor y esfuerzo, la topografía en nada ayudó.

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La única virtud de esta accidentada topografía es que hacía de Jerusalem una plaza casi inexpugnable contra sus enemigos: una fortaleza, la “fortaleza de Sión”. Lo que sin duda tiene un significado espiritual reconfortante en referencia a este mundo. Pero, ademas de esa virtud defensiva, de importancia crucial en su época -Dios/Elohim sabía de antemano que iba a ser sitiada por poderosos ejércitos- no hay nada cautivarte en la configuración natural sobre la que se apoya la Jerusalem que se convirtió en polo de atracción y contradicción mundial. ¿O si? Pienso que hay un mensaje de YaHWéH gravado en esa peculiar configuración topográfica. Uno que tiene que ver con esta Jerusalem, ya que la venidera -la nueva Jerusalem- se asentará en una topografía gloriosa completamente diferente. Nada es casual en la tierra de la Promesa, ni en la actual, ni en la venidera. Y la “shin” en misterio bajo la Jerusalem de hoy nos invita a descifrar su mensaje.


Ashin 1jerusalem shin

Con la letra “shin” comienza “Shaday” y “Shalom” – dos de los nombres de Dios/Elohim – pero también “sheker” que significa mentira y es una palabra muy fuerte en hebreo.


La ciudad de Jerusalem fue destruida 18 veces y vuelta a construir otras tantas. No sé si hay alguna otra ciudad en el mundo que sustente este récord. Hay como una vorágine permanente de muerte y resurrección en la historia antigua y moderna de esta ciudad que arrastra tras de sí al mundo entero. Y esta vorágine entre extremos opuestos – destrucción/construcción, corrupción/santidad, guerra/paz, convocatoria/exilio – se debe a la contradicción irreconciliable entre “Shaday” (nombre inspirado de Dios/Elohim) y “sheker” (mentira) que produce una oscilación constante de la pureza a la idolatría, de la santidad a la rebeldía, de la bendición al castigo, de la unidad a la expulsión, una y otra vez, en una noria incesante a través de los siglos.


Para visualizar estas cosas basta pensar que allí se sucedieron reyes “buenos” y “malos”. Reyes obedientes y reyes increíblemente rebeldes a YaHWéH. Allí reinó un rey bueno como Uzias, y un rey malo -idólatra y blasfemo hasta lo inimaginable- como Manasés. Y las infamias contra YaHVéH de Manasés obligaron a la corrección que vino con el buen rey Josías. Pero luego Jeremías anunció juicio contra una Jerusalem que se había vuelto decadente y fatua y que se hizo efectivo de la mano de Nabucodonosor. Aún el buen rey Uzias tuvo que ser cubierto de lepra en castigo por haberse extralimitado en sus funciones. Y el rey Ezequias -también un rey bueno- tuvo que ser perdonado por un momento de falta de temor a Dios/Elohim, cuando expuso las habitaciones benditas de YaHWéH a los ojos impuros de sus enemigos.


Purificación y santidad, seguidas de pecado y rebeldía son entonces la historia viva de esta ciudad construida sobre una “shin” en misterio grabada en su rugosa topografía.

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Ahora bien, esta Jerusalem perennemente oscilante entre la santidad y el pecado va a ser destruida. Y la Jerusalem que será capital del Reino mesiánico, construida por el Mesías/Meshuiaj -Rey y Sumo Sacerdote de nuestra fe- va a ser erguida sobre una geografía muy diferente a la actual con un arroyo de aguas vivas que nacerá de un manantial debajo del Trono del Sumo Sacerdote en el Nuevo Templo y correrá hacia oriente y hacia occidente.


Esta nueva Jerusalem del milenio estará asentada entonces sobre une geografía tal vez plana pero elevada como un refulgente antiplano dominando sobre  la Sión en Gloria venidera. Nada habrá por encima de ella, ni monte alguno la rodeara como sucede hoy, sino que resplandecerá en las alturas como una lámpara (Mat 5:14).


De ella descenderán los arroyos de aguas vivas que vivificará las aguas del “mar muerto” hacia el oriente, y el “gran mar” -hoy llamado Mediterráneo- hacia occidente a cuyas orillas crecerán arboles para sanidad de las naciones. En realidad todo el ISRAEL mesiánico -que abarcará un territorio muchísimo mayor que el del Estado de Israel actual- va a poseer una geografía muy diferente a la que conocemos hoy que expresará el fin del ciclo de rebelión/santificación que estuvo vigente durante los mas de 3.000 años de historia de ISRAEL. Y será JEZREEL.


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