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“Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios. Y ahora, que
toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o
incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros. ¡Gloria a él en
la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones desde
hoy y para siempre! Amén”
Efesios 3:20-21


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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El apóstol Pedro escribe en 1 Pedro 1: 18-20, hablando de cómo fuimos rescatados de una vida bajo el dominio del pecado:


”…sabiendo que fuisteis rescatados
de vuestra vana manera de vivir …
no con cosas corruptibles,
como oro o plata,
sino con la sangre preciosa de Cristo,
como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
ya destinado desde antes de la fundación del mundo,
pero manifestado en los postreros tiempos
por amor de vosotros”


Y en Apocalipsis 5:6 se lee:


“Y miré; y he aquí en medio del trono
y de los cuatro animales,
y en medio de los ancianos,
estaba un Cordero como inmolado,
que tenía siete cuernos,
y siete ojos,
que son los siete Espíritus de Dios
enviados en toda la tierra”


De modo que el apóstol a quien Jesús/Yeshua le encomendó su iglesia y el apóstol Juan, su discípulo amado, afirman que el Cordero –el Verbo- existía “desde antes de la fundación del mundo”, que estaba ”en el medio del trono” y tenia “siete ojos” que son los “siete espíritus de Dios enviados en toda la tierra”, y “siete cuernos” que representan su omnipotencia.


Después de inspirar de lo Alto este insondable misterio fundacional de nuestra fe, concluimos que Dios Omnipotente, su Espíritu Omnipresente y el Cordero vicario son uno (un misterio que no debernos intentar reducir a los límites finitos del raciocinio humano o de la filosofía griega como quería Arrio) y existieron juntos desde la eternidad.


No fue entonces el emperador Constantino por mucha que fuera su autoridad (que además estaba personalmente predispuesto hacia el arrianismo), ni el Papa de Roma que no estaba presente en el Concilio quienes manipularon la decisión final. Allí estaban trecientos lideres venidos de todos los rincones del imperio -y aún desde mas allá- muchos de los cuales tenían en sus cuerpos marcas de muchas persecuciones por parte del implacable poder imperial impío anterior a Constantino. No era fácil torcerles el brazo y fue por ellos -llenos del Espíritu Santo- que la herejía no pasó.

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Leamos un poco mas en la Palabra: en Colosenses 1:15 el apóstol Pablo afirma que el Hijo “es la imagen del Dios invisible” y en Hebreos 1:3 se dice: “Él, que es el resplandor de su gloria, la imagen misma de su sustancia” (¡waw!). Y en “Corintios 4:4 se reafirma: “gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Y también Juan hace una afirmación reveladora:


“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo,
que está en el seno del Padre,
él le ha dado a conocer”.
(Juan 1:18)


¿Dónde está -estaba- el unigénito entonces?: en el seno del Padre desde la eternidad (ver también Juan 1;1) participando de la misma sustancia del Padre.

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Pero, además, de ese “unigénito Hijo” que estaba en el seno del Padre que Lo dio a conocer a los hombres, se dice que es depositario de toda la honra y autoridad del Padre:


“Porque el Padre a nadie juzga,
sino que todo el juicio dio al Hijo,
para que todos honren al Hijo
como honran al Padre.
El que no honra al Hijo,
no honra al Padre que le envió”.
(Juan 5:22-23)


Esto es importante: al Padre le plació que Su honra y la del Hijo fueran iguales: “El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió”. Esta es una declaración que no se puede quitar de foco, sino que es central en la doctrina de Cristo. Y Dios Padre también decidió no juzgar Él, sino que Su juicio fuera el del Hijo, así como Su trono será compartido por el Padre y el Hijo por toda la eternidad (Apocalipsis 22:1). No aceptar estas cosas es salirse de la doctrina revelada. El Padre, por lo demás, “hizo todas las cosas” por intermedio del Verbo ¿Cómo podría este a su vez ser creado si todo se hizo por medio de Él?

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Perseveremos y atesoremos entonces en nuestro corazón la fe que tiene fundamento en la Palabra. pronunciada por el mismo Verbo divino, y predicada con la unción inerrante del Espíritu Santo por intermedio de sus enviados/apóstoles.


Demos honra y adoración juntamente al Padre y al Hijo (como ordenó el Padre). Y asimismo demos honra al Espíritu Santo que procede de ambos y de ellos da testimonio. Estas cosas nos advierte el discípulo amado con palabras duras, sobrias y filosas, que no tienen vuelta atrás:


“Cualquiera que se extravía
y no persevera en la doctrina de Cristo
no tiene a Dios,
el que persevera en la doctrina de Cristo
ése sí tiene al Padre y al Hijo”
(2 Juan 1:9)


quien no tiene al Hijo no tiene al Padre, y no lo conoce porque solo el Hijo lo puede revelar. Esta es la llave que abre los cielos.

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