“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“He aquí, vienen días -declara el SEÑOR-
cuando el arador alcanzará al segador,
y el que pisa la uva
al que siembra la semilla”
Amos 9:13


Cuando leí por primera vez este pasaje, mas de treinta años atrás, tuve dificultad para comprenderlo. Pero hoy advierto su cumplimiento en la aceleración del tiempo producido por la globalización fruto de la electrónica en las comunicaciones, y los sistemas de teleinformación globales. Así vivimos en un eterno presente, en una cultura plana, sin profundidad ni perspectiva. Es imposible meditar sobre lo que sucedió ayer, porque el hoy se nos viene encima, y el mañana se desdibuja y queda fuera de foco. Todo ha de ser instantáneo. De esto también habla Daniel 12:4:


“Pero tú,  Daniel, cierra las palabras
y sella el libro  hasta el tiempo del fin.
Muchos correrán de aquí para allá,
y la ciencia aumentará”.
Daniel 12:4  “


Esto nos habla tanto de la velocidad de los medios de transporte como de la velocidad casi instantánea de las telecomunicaciones. De la realidad mundial transcurriendo on-line ante nuestros ojos. Y no hay tiempo para estructurar significativamente en nuestro mundo interior lo que recibimos. Cosas importantes se arremolinan con trivialidades en un solo amasijo postmoderno. Es más, las trivialidades se convirtieron en el área de descanso favorita para mentes perezosas, dominadas por la compulsión de la inmediatez. Las redes sociales tironean de la privacidad -especialmente de los más jóvenes- convirtiendo lo intimo en materia pública que girará sin control en el ciberespacio mientras existan satélites de comunicaciones. El pudor -la base de la civilización según expresó un agudo pensador- hizo transparentes sus velos y se transmutó en impudicia. Y esta probado que esto tuvo y tiene un profundo efecto en todas las categorías sociales y culturales de nuestra sociedad -comenzando por la familia y la educación- disolviéndolo todo en su ácido corrosivo.


Así, “arador” y “segador” se convierten en una sola cosa. Las noticias nos llegan instantáneamente desde cualquier rincón de la tierra y son sustituidas rápidamente por otras noticias también instantáneas antes de poder asimilar las que llegaron hace solo un instante. Las distancias desaparecen, todo se abalanza sobre nosotros y nos convierte en un punto. No hay “tiempo lineal” en donde colgar sucesos para ponerlos en perspectiva. Dice Lucas 2:16-19:


“Vinieron,  pues…y hallaron a María y a José,
y al niño acostado en el pesebre.
Al verlo,  dieron a conocer
lo que se les había dicho acerca del niño…
Pero María guardaba todas estas cosas,
meditándolas en su corazón”.


Había tiempo en esos días para reconocer y guardar en el corazón las maravillas que Dios nos regala -y la principal es su Hijo- para meditarlas en la intimidad. Para dejarnos embriagar por ellas.


Pero hoy es difícil hablar la Palabra porque el tiempo necesario para que el Espíritu haga su Obra se escurre, es atropellado sin piedad. Es difícil tomar la distancia necesaria para la introspección. Hasta la música de alabanza se ha llenado de ritmos extraños. Y sin embargo ¡como se necesitaría en estos días la pausa  para “guardar todas estas cosas, meditándolas en el corazón”!.


Pero sabemos que estos días acelerados nos llevarán a través de un túnel sombrío hasta el nacimiento repentino de una gran Nación. Esta será la restauración de ISRAEL milenario, EL ISRAEL DE DIOS/JEZREEL/”Reino de Dios”/ “Reino de los Cielos”/”Tabernáculo de David restaurado”. La “bendita esperanza” de los los redimidos. Así lo dice Amos 9:14:


“Restauraré el bienestar de mi pueblo Israel,
y ellos reedificarán las ciudades asoladas
y habitarán en ellas; también plantarán viñas
y beberán su vino, y cultivarán huertos
y comerán sus frutos”.


Esto nos habla de un transcurrir de tiempo sin compulsiones. Habrá “cielos nuevos y tierra nueva” y un dosel de Gloria nos cubrirá. El conocimiento de Dios llenara la tierra “como las aguas llenan el mar”.  El tiempo transcurrirá de una manera que hoy no podemos comprender, lleno de una calma eterna  preñada de un gozo sin fin: Dios/Elohim mismo -’YaHVéH Justicia Nuestra’- morará con Su pueblo.

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¡Aleluya!

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