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“Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén
y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente… “Pues yo os digo que
a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”
Lucas 19, 11, 26


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Tienes el descaro de una prostituta;
¡no conoces la vergüenza!”

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En una de las severas amonestaciones que el profeta Amos -y Oseas- hicieron al reino disoluto de Jeroboam II, que es tipo de la sociedad de hoy, encontramos la clave para discernir la causa de la emergencia climática que se ha convertido en uno de los perfiles mas angustiosos y globales de estos días:


“También os detuve la lluvia
tres meses antes de la siega;
e hice llover sobre una ciudad,
y sobre otra ciudad no hice llover;
sobre una parte llovió,
y la parte sobre la cual no llovió,
se secó.
(Amos 4:7-9)


Se sabe que uno de los efectos del fenómeno del Niño, es que llueve convulsivamente en donde antes no llovía y deja de llover en lugares en donde esto era frecuente. Y vimos que esto altera y/o arrasa -entre otras cosas- las cosechas y daña severamente la economía. Pero el calentamiento continuo de las aguas profundas de los  océanos (Ver: “Las Fuentes de Fuego del Gran Abismo”, “Confirmaciones desde las profundidades” y La inquietud de Abadon”) y la acumulación de aguas cálidas en latitudes ecuatoriales hace que experimentemos hoy un “fenómeno del Niño” constante, de realimentación continua y aleatoria. Esto es: un clima absolutamente errático.


Episodios repentinos y extremos, en muchos casos desvastadotes, pueden suceder en todas las regiones del planeta a cualquier momento saltando por encima de parámetros convencionales. Los pronosticadores del tiempo están confundidos y frecuentemente son avergonzados. Y de nada sirve la parafernalia tecnológica de las fotos satelitales y la interconexión global de informaciones y los shows de presentaciones televisivas impecables: de todos modos el clima es imprevisible.


Recordemos tres cosas:


1) las dos terceras partes del planeta están cubiertas por océanos,

2) el 80% de las erupciones volcánicas y movimientos sísmicos se producen bajo las aguas -¡y vaya si han aumentado los que vemos a simple vista!- .

3) el sistema climático planetario es dependiente de la temperatura y salinidad de los océanos, y de la velocidad y recorrido de sus  corrientes termohalinas. Y estas cosas están variando vertiginosamente y son muy difíciles de medir. Por eso hay episodios de ciclones subtropicales –por ejemplo- o alteraciones repentinas de las condiciones climáticas no previstas 24 horas antes.


Además, hay evidencias de que la corteza terrestre (no la atmósfera) se está calentando acumulando razones para cambios erráticos y destruyendo  (aún más) la validez de las paramétricas del clima que hasta ahora se consideraban como válidas. Estamos entonces en una “emergencia climática” o un “desorden climático” planetario, pero NO ante un “calentamiento global” -en los términos en que se expone comúnmente como la acumulación de gases de invernadero (CO2)-. La causa material de la emergencia climática esta bajo nuestros pies, no sobre nuestras cabezas.


La actividad humana –las causas antropocéntricas- NO influyen en la alteración dramática del clima, o influyen muy marginalmente. Pero la cita del inicio nos advierte sobre la causa eficiente del desorden climático: el desorden moral de la humanidad. Dice Isaías 24:19-20:


“(la Tierra) se tambaleará
como un borracho,
temblará como una débil choza,
sus pecados pesan tanto sobre ella
que caerá y no se levantará”.

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-> el clima le obedece a Él


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Cuando el profeta Samuel amonesta a ISRAEL por haber pedido un rey –imitando a las naciones paganas vecinas– rechazando así el gobierno de YaHWéH a través de sus jueces y profetas dice:


¿No es ahora la siega del trigo?
Yo clamaré a YaHWéH,
y él dará truenos y lluvias,
para que conozcáis y veáis
que es grande vuestra maldad
(1 Samuel 12:17)


Aquí vemos que YaHWéH, Creador de los cielos y tierra, como demostración de su Autoridad amenaza con alterar el clima si el pueblo se aparta hacia la maldad, esto es, hacia lo opuesto de su Consejo. Y el profeta Jeremías deja este principio muy claro:

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“Por eso se demoraron las lluvias,
y no llegaron los aguaceros de primavera.
Tienes el descaro de una prostituta;
¡no conoces la vergüenza!
(Jeremías 3:3)


“No reflexionan ni dicen:
Temamos al Señor, nuestro Dios,
quien a su debido tiempo nos da la lluvia,
las lluvias de otoño y primavera
y nos asegura las semanas
señaladas para la cosecha”.
(Jeremías 5:24)


¿Hay alguna duda entonces de Quien es el que domina al clima a su antojo produciendo abruptas variaciones en respuesta al comportamiento de los hombres? Sin embargo dejamos que los gurús del “calentamiento global” nos den explicaciones y consejos basados en parámetros obsoletos y en datos muy frecuentemente manipulados, y agendas de acciones imposibles de aplicar para restaurar la normalidad climática. Acciones que de aplicarse igualmente no alterarían el curso de los hechos, porque no responden a su causa. Y la causa es el desorden moral hacia el que corre presurosa la humanidad. Por eso dice  Hebreos 11:26:


“Una vez más haré temblar
no solo la tierra,
sino también el cielo”


(Ver también Santiago 5:16-18 y Job 12:15; 28:26; 38:25; 5:10)

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Desde el punto de vista bíblico -entonces- el clima se comporta con regularidad y es benéfico cuando las reglas de comportamiento básicas de los hombres están en armonía con el Consejo de Dios. Y se enloquece con furia asesina cuando el hombre se vuelve contra su Creador.


Y hay ejemplos históricos notables:


en la etapa final del Imperio Romano  impío, antes de que Constantino liberara a los cristianos de las mazmorras y catacumbas, e impusiese la fe cristiana en todo el extenso territorio  imperial,  así era el estado de las cosas, incluyendo el  clima:


“La peste fue permanente por espacio de doce años (250-292); las carestías frecuentes; los terremotos, las erupciones volcánicas no dejaban a los pueblos punto de reposo, y para colmo de desventura y para añadir nueva aflicción, los bárbaros se mostraban mas amenazadores que nunca…La desventurada Campania fue asolada por huracanes que arrasaban mieses, los arboles y las casas…. En Roma, la peste diezmo a todas las clases sociales, los edificios estaban atestados de cadáveres, las calles de fúnebres cortejos. Hombres y mujeres, niños y ancianos, esclavos y ciudadanos perecían en gran numero…En solo un otoño se registraron treinta mil defunciones en el templo de Venus Libitinia… “El terror fue universal y, según Tacito, se contaban a centenares las personas a quienes el terror arrebato el juicio” (nota 1).


¿Parecido a nuestros días, no es verdad? Sin embargo no había emanaciones de CO2, ni “sociedad industrial”, ni capitalismo descarriado, ni “efecto invernadero” en aquellos días. Pero la impiedad de las costumbres era tanta que atraía sobre el territorio matriz del imperio –y seguramente sobre todo el imperio- no solo cambios climáticos, sino terremotos, volcanes, plagas, y caos financiero.


Este es un modelo en escala pequeña de las cosas que estamos sufriendo hoy, y que tienen la misma causa: al apartamiento de los mandamientos de Dios, esto es, la apostasía generalizada socialmente aceptada. Por eso “una vez más” serán sacudidos los cielos y la tierra, y todo esfuerzo humano fracasará. El pecado de la humanidad pesa hoy como una loza funeraria sobre el planeta. Y este no se levantará, sino que caerá para ser sustituido por “nuevos cielos y una nueva tierra en los cuales mora la Justicia” (2 Pedro 3:13).

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Ver: Las fuentes de fuego del gran abismo

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nota 1): tomado de “Los Dioses de Grecia y Roma”, publicado en el año 1881, mucho antes por lo tanto de que se hablara de cambio climático.

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