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“Solo yo puedo predecir el futuro antes que suceda. Todos mis planes se cumplirán… llamaré a una veloz
ave de rapiña desde el oriente, a un líder de tierras lejanas, para que venga y haga lo que
le ordeno. He dicho lo que haría, y lo cumpliré. Pues estoy listo para rectificar todo…
Estoy listo para salvar a Sión y mostrarle mi gloria a Israel”
Isaías 46: 10-13


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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En el libro de Ezequiel leemos proféticamente sobre aguas que salen por debajo de la puerta del templo. Y un hombre lleva al autor corriente abajo midiendo cada quinientos metros su curso que se hace cada vez más profundo y pidiéndole que lo cruce. Primero el agua le llega a los tobillos, luego a las rodillas, luego a la cintura y luego ya no lo puede cruzar a pie. El pequeño chorro se convirtió en un torrente que corre con mucha fuerza y solo puede cruzarse -tal vez- a nado.


Para mi esta es una extraordinaria ilustración de la revelación progresiva de la Palabra. Primero lo que leemos nos parece sencillo de entender. Luego vamos encontrando significados más y más profundos hasta que quedamos inmersos en misterios en los que ya no hacemos pie. Por ejemplo, leemos en Génesis 1:27:


“Cuando Dios creó al hombre,
lo creó a su imagen;
varón y mujer los creó”


Es un pasaje aparentemente simple, pero es un portal a misterios muy grandes. La primera dificultad es entender que significa ser “la imagen de Dios”. Sabemos que el hombre es una tri-unidad –cuerpo, alma y espíritu- así como Dios es una Tri-unidad. Pero pasemos adelante a un misterio mayor: aquí se nos dice que la “imagen de Dios” es “varón y mujer”. Masculino y femenino. El hombre solo no completa la imagen de Dios.


Si meditamos esto en profundidad el agua nos llega por lo menos hasta la cintura. Pero recorramos 500 metros más siguiendo el curso del torrente de agua viva que es la revelación. En el capitulo segundo de Génesis se nos explica mejor el proceso de la creación cambiando un poco el orden. Entonces nos enteramos que primero fue creado Adán, luego el huerto, los animales y las aves, y finalmente Eva que cierra la creación. Adán y Eva no fueron creados juntos. Claramente se nos dice que Adán fue creado primero y que no encontró su “ayuda idónea” en los animales y las aves, ni compañía para su alma en las delicias de huerto. Por eso cuando Dios le presentó a Eva exclama:

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«¡Al fin! —exclamó el hombre—.
¡Esta es hueso de mis huesos  y carne de mi carne!
Ella será llamada “mujer” porque fue tomada del hombre
».


Esto último porque “mujer” y “hombre” en hebreo tienen sonidos parecidos lo que es un signo a tener en cuenta. De modo que Dios crea primero a Adán, luego la naturaleza en todo su esplendor, y finalmente a Eva como si quisiera abrazar a toda la creación viviente entre el hombre y la mujer. Y finalmente se nos dice que ambos se convierten en uno (ver 24). Y este uno, formado por dos, es la semejanza de Dios.

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Ahora bien, el “si” de María inaugura una nueva creación: la de aquellos generados por la obediencia a Dios y nacidos de lo Alto: los redimidos. Por eso María es la Eva postrera así como Jesús es el Adán postrero que redime a la generación malograda por la desobediencia de la primera pareja (1Co 15:22). Veamos un misterio: Dios precisaba del consentimiento de María para “dar” a Su Hijo encarnado al mundo según Su Propósito revelado en Juan 3:16. De la primera Eva se nos dice que Dios la creó para ser ayuda idónea de Adán de modo que este pudiera cumplir su misión de engendrar hijos para Dios. La creó abrazando a toda la creación viviente de Dios. Así la Eva postrera es también ayuda idónea del postrer Adán para engendrar a los redimidos. Esto es: Dios precisaba de sus virtudes para generar y guardar el Pueblo Santo. Por eso es madre de la iglesia. Y en Apocalipsis 12:17 se nos dice que el dragón que resultó victorioso con la primera Eva se llena de ira contra la Eva postrera y persigue a su descendencia con saña asesina:



“Con eso, el dragón se puso furioso contra la mujer, y fue a pelear contra el resto de los descendientes de ella, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y siguen fieles al testimonio de Jesús” (Apo 12:17)


Y esta Eva postrera se nos presenta coronada, como una reina, y aparece en el último libro cerrando la revelación de Dios a los redimidos. Pero siendo ayuda idónea de Cristo que es la “pura gracia” de Dios (Os 14:4) para perdón de pecados y redención del género humano ¿es la virgen celestial igual a Él?  Dice 1 Corintios 11:7-8:


“Pero la mujer refleja la gloria del hombre, pues el hombre no fue sacado de la mujer, sino la mujer del hombre”


Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios -hijo del Hombre- ocupa el Trono de Gloria (Fil 2:10-11) y Su resplandor eterno se refleja en María así como el sol hace resplandecer la luna con luz más refulgente que todas las estrellas. Ella es llena de gracia desde la eternidad como se lo declaró el arcángel Gabriel: –¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo” (Luc 1:28). Y hoy es enviada a los hombres para hablarles del sagrado corazón de Jesús que su corazón inmaculado refleja. “Mi gracia te basta” dice Jesús.


“Conviértanse” nos dice ella, “el corazón de mi Hijo aún sangra por ustedes y quiere salvarlos de la justa ira que viene sobre este mundo impío”. E intercede por nosotros ante su Hijo y Esposo que está a su lado. Y de este modo somos cubiertos por la pura gracia que emana del Trono celestial, sin poder comprenderlo todo pero contemplándolo gozosamente en espíritu.

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