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“Pon tu esperanza en el Señor y marcha con paso firme por su camino. Él te honrará al darte la tierra…
He visto a gente malvada y despiadada florecer como árboles en tierra fértil. Pero cuando volví
a mirar, ¡habían desaparecido… no pude encontrarlos! El Señor rescata a los justos;
él es su fortaleza en tiempos de dificultad… Él salva a los justos,
y ellos encuentran refugio en él”
Salmo 37, 34-40


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Vamos a profundizar en un aspecto de lo que mencionamos en el estudio anterior:


-> la elección de los apóstoles


Vimos que para alcanzar con el evangelio a la “casa de Israel(Efraín)” en las naciones se diseño un plan de acción tan complejo, plural y magnífico, que solo podía haber sido pensado por Dios/Elohim –YaHWéH–. Y este plan que cruzaría los siglos fue llevado a cabo bajo la unción de Su Espíritu por doce discípulos seleccionados luego de una noche de oración:


“En aquellos días él fue al monte a orar,
y pasó la noche orando a Dios.
Y cuando era de día,
llamó a sus discípulos,
y escogió a doce de ellos,
a los cuales también llamó apóstoles…”
(Lucas 6:12-15)


Y mas tarde, cincuenta días después de que Su Maestro se levantara en gloria de la tumba y ascendiera a los cielos, estos doce discípulos electos, excepto Judas el traidor, fueron investidos con poder de lo Alto en el cenáculo. Este poder vino a ellos luego del  soplo de un “viento recio” cuando se posaron sobre sus cabezas “como lenguas de fuego” en un espectáculo que habrá sido sobrecogedor. Ese fue el momento en que el cielo tomó la dirección de la misión apostólica. Y ese día fue confirmada la lideranza del que fuera el impetuoso “Pedro”, que recibía templanza del cielo. Y pronto comenzaron a notarse las “señales de apóstol” que menciona el apóstol Pablo en 2 Corintios 12-12 y cuyos efectos se nos relata en Hechos 2:43:


“Y toda persona tenía temor:
y muchas maravillas y señales
eran hechas por los apóstoles”


Para adquirir estas virtudes nuestro Señor pidió que esperaran en Jerusalem para ser revestidos de poder de lo Alto  antes de partir a predicar el anuncio del Reino en tierras inhóspitas (Lucas 24:49). Y en ese poder venía también el don de inerrancia en la doctrina, de modo que la “doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42) vino a ser la Palabra “oficial” del Maestro en todas las latitudes y todos los tiempos y el fundamento –junto con los profetas– sobre el cual sería edificado el edificio de la iglesia de Cristo (Efesios 2:20). La Casa sobre la Roca.


Así, en el transcurso de los últimos veinte siglos, la “casa de Israel(Efraín)” recibió en tierras lejanas en donde se había mezclado en forma indisoluble con las naciones gentiles, el evangelio del Reino: primero “de los doce” al que se sumó el apóstol Pablo. Y con este fundamento se continuó durante veinte siglos por la acción misionera de “las iglesias de Cristo”. Pero vamos a ver como fue la elección de los dos apóstoles que fueron levantados en forma diferente a aquellos -”los doce”- que surgieron de la noche do oración: Pablo y Matías.


A Saulo/Pablo, cuando era todavía un feroz y obcecado perseguidor de los seguidores del Camino y se dirigía con cartas credenciales del Sumo Sacerdote (nota 1) a Damasco para detener allí a los que encontrara, le sucedió algo que cambiaría para siempre su vida y que siempre es útil releer:


”repentinamente lo rodeó un resplandor
de luz del cielo; y cayendo en tierra
oyó una voz que le decía:

-Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

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Él dijo: -¿Quién eres, Señor?

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Y le dijo: -Yo soy Jesús, a quien tú persigues;
dura cosa te es dar coces
contra el aguijón”.


Este relato -Hch 9:4-5- nos muestra que el apóstol Pablo fue levantado por una intervención directa del Señor cuando estaba exactamente en el bando opuesto. Es decir, su levantamiento al ministerio apostólico no fue obra de hombres -como él declara en Gálatas 1:1- sino del Señor mismo, sin intermediarios.


Y el otro caso de elección no convencional fue el del sustituto del traidor Judas. En este caso se reunió el consejo de los once apóstoles restantes junto a los discípulos mas allegados y estas fueron las condiciones acordadas para la elección:


“Es necesario, pues, que de estos hombres
que han estado juntos con nosotros todo el tiempo
que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros,
comenzando desde el bautismo de Juan
hasta el día en que de entre nosotros
fue recibido arriba,
uno sea hecho testigo con nosotros,
de su resurrección. Y señalaron a dos:
a José, llamado Barsabás,
que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías”.
(Hechos 1:21-23)


Es decir, para ser candidato a “apóstol” de Jesús/Yeshua era condición ineludible haber estado junto al Maestro “desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba”. Y solo dos discípulos fueron habilitados según estas restricciones para candidatarse: Matías y Barsabás el Justo. Y oraron: “Tú,  Señor,  que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido”. Entonces tiraron suertes y fue elegido Matías.


De  este modo el Señor escogió al sustituto de Judas y así fue entendido por todos.


¿Cuántos siervos hay en nuestros días que cumplan la estricta condición mencionada que los habilita para ser levantados “apóstol”? Ninguno. Y sin embargo en muchos ambientes se maneja con liviandad estas cosas que debieran de producir santo temor.


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nota 1: notemos la paradoja: Saulo/Pablo llevaba consigo para presentarse ante las sinagogas de Damasco y apresar a los seguidores del Camino cartas firmadas por un Sumo Sacerdote araónico –del primer pacto–. Y fue interceptado y cambiado a la dirección opuesta por el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec –el Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto-. Aqui se hace evidente que ambos sacerdocios van en direcciones que divergen 180º.