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“Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado:
Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago… vendrá,
y os salvará… Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo;
porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad”
Isaías 35:3-6


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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“Porque cuando se cambia el sacerdocio,
necesariamente ocurre también
un cambio de la ley”
Hebreos 7:12

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El nuevo sacerdocio que vino a cambiar radicalmente el culto del antiguo pacto es el sacerdocio “según el orden de Melquisedec”. Del Melquisedec histórico se nos dice que era: “rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo” y que “sacó pan y vino”. Y no se registra de él genealogía, ni dejó a nadie en su lugar. Vemos que este Melquisedec entonces fue tipo en muchas formas del que vendría en la plenitud de los tiempos ya que expuso los mismos emblemas que Jesús/ Yeshua: “pan y vino”. Y al ser “sin genealogía” fue tipo de un sacerdocio eterno y único. Pero veamos algo mas:


El Sumo Sacerdote “según el orden de Melquisedec” no será un descendiente de Araón, sino de David: el Hijo de David como es llamado en la profecía. Pero en realidad es “sin genealogía” por ser  Hijo del Padre Eterno. Y también Él mismo es/fue sacrificio perfecto y único por nuestros pecados -los pecados de Su pueblo- sustituyendo para siempre a los sacrificios de animales del antiguo culto. Ante Él debe curvarse el fruto escogido de la simiente de Abraham disperso entre todas las naciones de la tierra que es el ISRAEL DE DIOS/JEZREEL, lavado por fe en Su preciosísima sangre -y aquellos extranjeros a ISRAEL que hayan recibido la Palabra del evangelio en los siglos de la Gracia- del mismo modo que Abraham se curvó ante el Rey de Salem en sus días. Por eso, como lo señala el libro de Hebreos, el Nuevo Pacto que es por fe, precede al orden de culto del antiguo pacto que es por la Ley, del mismo modo que Abraham precede a Moisés.


Y así, cuando el Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto –que llamaremos “YaHWéH Justicia Nuestra/TSIDKENU- se siente en Su Trono en el nuevo Templo de Jerusalem, en el atid lavo, se observará una escena imposible de imaginar en el orden antiguo. Veamos:

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En Zacarías 6:13 se describe así una visión de este Sacerdocio Real futuro:


“El edificará el templo de YaHWéH,
y él llevará gloria,
y se sentará y dominará en su trono,
y habrá sacerdote a su lado;
y consejo de paz habrá entre ambos”


Para entender la profunda Novedad de lo que aquí se afirma recordemos que YaHWéH retiró Su unción al precipitado rey Saúl y cubrió de lepra al buen rey Uzias por haber querido ministrar como sacerdotes en el antiguo pacto, siendo solo reyes. En esos días –en el antiguo pacto- el ejercicio del sacerdocio y de la realeza estaban rígidamente separados y cualquier transgresión da la linea roja que había entre uno y otro merecía una pena extremamente severa, sin retorno, como en el caso de los reyes nombrados. ¡Sin embargo en el Templo del milenio no solo ministrará un Rey sino que allí, en el Templo, estará también Su Trono!. Como está dicho en Ezequiel 43:7:


“y me dijo: hijo del hombre,
este es el lugar de mi Trono”


Y es que el Mesías/Meshiaj de ISRAEL/JEZREEL es también Sumo Sacerdote del Nuevo Pacto. Y cuando se siente para gobernar en Su Trono ubicado en el nuevo Templo venidero, lleno de la Gloria de Su Presencia, ¡será Rey y Sumo Sacerdote al mismo tiempo!. Y habrá acuerdo perpetuo entre Él y los sacerdotes que asistirán a su lado como Sus consejeros.

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En el Nuevo Templo del milenio no habrá Arca del Pacto, ni la Gloria de YaHWéH hablará en medio de los querubines sobre el propiciatorio de oro, sino que el propio Dios/Elohim -Emanuel- estará en el Templo y será Sumo Sacerdote y Rey exaltado del Reino de los Cielos que es el Tabernáculo de David restaurado. Y habitará en medio de Su pueblo.

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¡La gloria del nuevo Templo emanará del Sumo Sacerdote sentado en el Trono y no estará más oculta detrás de una espesa cortina! Tratemos de imaginar lo maravilloso de la escena. Y reparemos también con una nueva mirada en lo que se afirma en Apocalipsis 5:10 (así como en 1 Pedro 2:9) con respecto al pueblo del Nuevo Pacto:


“y nos hizo reyes y sacerdotes
para Dios, su Padre;
a él sea la gloria el imperio
por los siglos de los siglos.
Amén”

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¿En dónde se afirma cosa similar en el antiguo pacto? ¿En donde se dice que es posible llegar a ser sacerdotes y reyes –las dos cosas juntas- sin consideración de linaje alguno? En ningún lugar porque -como decimos antes- esto era algo considerado herético: solo era posible llegar al sacerdocio o a la realeza por herencia de sangre y ambas funciones estaban y se mantenían rígidamente separadas. Sin embargo en el Nuevo Pacto hay libertad para llegar a las dos por la fe en la sangre expiatoria del Hijo del Altísimo. Por lo tanto el Pacto que vino a ofrecer Jesús/Yeshua –el Hijo de Dios/Hijo del Hombre/Hijo de David– a Su pueblo es un mejor Pacto y un superior Pacto con respecto al antiguo. Si queremos poner vino nuevo en odres viejos nos volveremos rebeldes a la Palabra y desandaremos el camino perpetuo de la revelación progresiva alterando el orden establecido desde antes de la fundación del mundo.


El Rey de reyes y Señor de señores del mundo venidero/atid lavoh será también el Sumo Sacerdote de nuestra fe. Este es el inigualable sacerdocio “según el orden de Melquisedec” al que apunta toda la profecía. Entonces Su Tabernáculo habrá bajado a la tierra. ¡Aleluya! Volvamos a leer Ezequiel 43:5-7:


“Y el Espíritu me levantó
y me llevó al atrio interior,
y he aquí, la gloria del SEÑOR llenó el templo.
Y oí a uno que me hablaba desde el templo…

y me dijo: Hijo de hombre,
este es el lugar de mi trono,
el lugar de las plantas de mis pies,
donde habitaré entre
los hijos de Israel para siempre”


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