“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Se afirma desde el “judaísmo mesiánico” y “nazareno” –o grupos “mesiánicos” de doctrinas afines- que para convertirse a la fe de Jesús/ Yeshua “no hay que cambiar de religión”, sino que la fe cristiana debe de encuadrarse en los parámetros del judaísmo tradicional con algunos retoques. Se dice que el “cristianismo” como fe y culto separado del judaísmo es un “cambio de religión” que ofende a Elohim.  Y además se aboga con celo por el cumplimiento de los “mandamientos de la Torah” como una obligación que deben cumplir todos los que se conviertan a la fe en el Resucitado.


Nada de esto es verdad, ya que nuestro Señor Jesús/ Yeshua vino a establecer un “nuevo” Pacto, o un “mejor” Pacto, entre YaHWéH y su pueblo ya que el antiguo fue “invalidado” (Jeremías 11:10). Y este nuevo y mejor Pacto tiene un mejor Fiador. Así se nos dice Hebreos 7:21-22 comparando el sacerdocio antiguo y el nuevo:


“porque… sin juramento fueron hechos sacerdotes;
pero éste, con el juramento del que le dijo:
juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
Por tanto, Jesús es hecho fiador
de un mejor pacto”.


Tenemos entonces un mejor Pacto basado en el cumplimiento de la promesa del advenimiento del Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec. Y este mejor Pacto y superior Pacto dejó obsoleto -o superado– el antiguo pacto (Hebreos 8:13). E introduce como vimos la gran novedad por mucho tiempo esperada: el sacerdocio “según el orden de Melquisedec” que supone un cambio radical en la forma de dar culto a Dios/Elohim –YaHWéH-. Todas estas cosas definen una “nueva religión” si por esto se entiende un cierto orden ceremonial de adoración y culto a YaHWéH. Mas adelante nos referiremos a lo que significa este nuevo orden sacerdotal que es la piedra angular del Reino venidero.


-> Permanencias y rupturas


No obstante en el Nuevo Pacto hay cosas del antiguo que permanecen. Por lo menos dos:


->  Dios/Elohim –YaHWéH- es el mismo del antiguo pacto,

->  el pueblo con el cual Él hace el Nuevo Pacto también es el mismo que el del pacto del Sinaí: ISRAEL -las doce tribus, no solo los judíos-.


Pero ambos componentes del pacto: YaHWéH e ISRAEL, siendo los mismos en el antiguo y el Nuevo Pacto, tienen características tan distintas en el Nuevo Pacto que lo cambian casi todo. Con respecto a las “permanencias”, los dos elementos básicos son los siguientes:


1) Dios/Elohim  -YaHWéH- en el Nuevo Pacto nos ha revelado de su seno a su Hijo, venido en carne, pero engendrado por el poder del Espíritu. Este es Jesús/Yeshua –”Emanuel”- y al presentarlo al mundo ha ordenado que nos fijásemos en Él y le diésemos Gloria como a Él, de modo que ahora adoramos al Padre y al Hijo juntamente, bajo el carisma del Espíritu Santo.


2) el pueblo del Nuevo Pacto, si bien es descendencia del mismo ISRAEL del Sinaí, con el pasar de los siglos ha sufrido cambios que lo hacen muy diferente de aquel. Ahora es el ISRAEL DE DIOS/JEZREEL, nacido del Espíritu, aunque con la simiente de Abraham. Veamos esto con detenimiento:


Una parte de la descendencia del ISRAEL del Sinaí esta viviendo en el Nuevo Pacto entre los gentiles desde el destierro de los “hijos de Israel”/”casa de Israel”/”Efraín” en el año 722 A.C.. La percepción de este misterio –la existencia de una parte de ISRAEL “mezclada” entre los gentiles- fue reservada para estos días, según la revelación progresiva de la Palabra, pero se encuentra suficientemente registrada en los evangelios y en las Escrituras. Leemos en Mateo 10:5-7:


“A estos doce envió Jesús,
y les dio instrucciones diciendo:
‘Por camino de gentiles no vayáis, …
sino id antes a las ovejas perdidas
de la casa de Israel’


Aquí se nos dice que la misión de “los doce” era a los “hijos de Israel(Efraín)” esquivando a los gentiles. Sabemos por Oseas y Amos que la descendencia del norteño reino de Israel(Efraín) estaría errante entre las naciones (Oseas 9:17), olvidada de sus fiestas solemnes (Oseas 2:11), y por lo tanto era allí que habría que hacerles llegar el anuncio que el Rey de ISRAEL ya se había manifestado y volvería. Por lo tanto las Palabras del Maestro fueron “en diferido” para esta parte de ISRAEL ausente. De ahí la clara instrucción a “los doce”. Solo el apóstol Pablo fue levantado con una encomienda diferente a esa instrucción perentoria a “los doce”.  Y en Hechos 9:15 leemos esa instrucción que específica para el apóstol Pablo, y solo para él:


“El Señor le dijo:
Ve, porque instrumento escogido me es éste,
para llevar mi nombre en presencia
de los gentiles, y de reyes…”


Esto quiere decir que la misión del apóstol Pablo sería llevar el  evangelio  ante “los gentiles y los reyes”.  Y esto era una encomienda apostólica complementaria la de “los doce”. Pero por un error de interpretación, que YaHVéH permitió hasta la revelación completa que tenemos hoy, en las iglesias de Cristo hemos considerado las instrucciones apostólicas a Pablo (y los viajes de Pablo) como el estándar de la misión apostólica, cuando en realidad fue la excepción.


Debemos tener claro entonces que el pueblo de ISRAEL que encontró nuestro Señor en su primera misión terrenal como Siervo de YaHWéH estaba dividido en dos:


1) por un lado, la “casa de Judá” que habitaba en la “tierra de la promesa” (la que tenía ante sus ojos)


2)  y por otro, la “casa de Israel(Efraín)” –la descendencia del reino de Israel del norte, los “hijos de Israel”/”casa de Israel”/ “Efraín”– que estaba desterrada entre las naciones desde el año 722 A.C. en castigo por su apostasía  (la que estaba lejos la tierra de la promesa)


El profeta Isaías nos dice que la “casa de Israel(Efraín)” se encontraba en “las costas”, “las islas” y las “extremidades de la tierra”, y a esta parte ausente clama varias veces. Y para llegar a esa parte residente en tierras lejanas, que era también ISRAEL (y que el profeta Daniel llama el ISRAEL “de lejos”) Jesús/Yeshua debía mandar a otros revestidos con una unción especial para que pronunciaran sus Palabras en forma inerrante.  Eso fue la misión apostólica ungida con un arma poderosa: las “señales de los apóstoles” (Hch 2:43), – que en algunos casos incluyó la resurrección de los muertos -. Esto quiere decir que el Espíritu sería el encargado de guiar y garantizar el éxito de la misión apostólica (y luego la obra misionera de la iglesia de Cristo) a lejanas tierras, como está dicho:


“Ciertamente, yo enviaré la promesa
de mi Padre sobre vosotros;
pero quedaos vosotros
en la ciudad de Jerusalén
hasta que seáis investidos
de poder desde lo alto”.
Luc 24:49


Y aquellos de la “casa de Israel”/”hijos de Israel”/”Efraín” en las naciones que durante los siglos de la gracia recibieron esa Palabra y la pusieran por obra, pasarían a integrar el remanente de Israel(Efraín) del que se dice que retornaría a Sión con gozo, limpio de pecados y con un nombre nuevo: “hijos del Dios Viviente” (Oseas 1:10).


Alcanzar y congregar en todas las naciones un remanente salvo y limpio por la sangre del Cordero de la “casa de Israel (Efraín)” fue la principal e ineludible encomienda que recibió el Siervo de YaHVéH -en Isaías 49:6-. Y como dijimos, no lo hizo personalmente (en la carne) sino mediante la misión de Sus enviados/apóstoles investidos por el poder de lo Alto. Y a esta encomienda principal debía de sumarse otra: ser “luz” a las naciones, que por estar integrada en una sola “masa” con  la “casa de Israel(Efraín)” también escucharía la Palabra.


Y quienes recibieran esa Palabra de entre los gentiles también integrarían al ISRAEL DE DIOS (otro nombre para el remanente santo de ISRAEL rescatado de entre todas las naciones). De modo que aquí tenemos otra diferencia no menor entre el Nuevo Pacto y el antiguo pacto. El antiguo era solo para ISRAEL separado de las naciones, y el Nuevo es para el ISRAEL DE DIOS/ JEZREEL: multinacional, multiétnico y nacido del Espíritu. Por eso el evangelio es a “toda criatura”, porque la descendencia de Abraham -la “casa de Israel(Efraín)”- se mezcló con todas las naciones de la tierra (Oseas 7:8, Amós 9:9) para de allí Dios escoger un pueblo para su Nombre “de todo linaje,lengua,pueblo y nación” (Apo. 5:9)