“Por lo tanto, ¡alégrense, oh cielos!
¡Y alégrense, ustedes, los que viven en los cielos
Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…“
Apocalípsis 12, 12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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viene de:

LA GLORIOSA LIBERTAD DE LOS REDIMIDOS Y LA RESTAURACIÓN DE TODA LA CREACIÓN (I)

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En Job 38, 33 el Señor pregunta a un atribulado Job:


“¿Conoces las leyes del universo?
¿Puedes usarlas para regular la tierra?”


En el estudio anterior vimos el Principio Antrópico que habla de un ajuste en los valores de las cuatro fuerzas básicas que ordenan el mundo material -la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil- tan preciso que un levísimo cambio en sus magnitudes hubiera hecho imposible nuestra existencia.  Es decir, hay una sintonía fina en esas cuatro fuerzas que no puede atribuirse a la casualidad. Y vimos también que en el sistema solar la relación sol-tierra-luna muestra una sintonía no atribuible al azar que hace posible la vida. La cita de Job viene a confirmar estas cosas y leemos más adelante (v. 31-32):


”¿Puedes tú guiar el movimiento de las estrellas y atar el grupo de las Pléyades, o aflojar las cuerdas de Orión?

¿Puedes dirigir las constelaciones a través de las estaciones del año o guiar a la Osa con sus cachorros a través del cielo?”


Es frecuente que cuando el Altísimo quiere ejemplificar Su Poder se refiera a Su Autoría exclusiva en la creación del universo, es decir los cielos y la tierra. En Isaías 40, 26 –y en otros pasajes de Isaías- Dios/Elohim golpea con este mismo argumento irrebatible:


“Levantad en alto vuestros ojos
y mirad quién creó estas cosas;
él saca y cuenta su ejército;
a todas llama por sus nombres
y ninguna faltará”


Él “saca y cuenta” las estrellas como si fueran un ejército obediente. Y las “llama por su nombre”. Pero reparemos cuáles son las constelaciones mencionadas: Orión primero, también las Pléyades que no son una constelación pero si un grupo identificable dentro de la constelación de Tauro, conocido desde tiempos muy antiguos. La principal estrella de Tauro es Aldebarán –el ojo del toro- y seres procedentes de esa constelación decían ser los que conectaban con María Orsic, la vidente que actuó durante el régimen nazi y según sus declaraciones recibió ‘planos’ de ‘platillos voladores’ por via telepática desde moradores cercanos a Aldebarán.

Y las Pléyades son también mencionadas por los mayas como su lugar ancestral aunque tenían un calendario de acuerdo a los ciclos de Venus –el “lucero de la mañana”-.

Y en cuanto a Orión, lo que nos dicen las crónicas alternativas es que desde un planeta de esa constelación provienen los ‘ancestros’ de los egipcios, los mismos de una cultura milenaria que ocupaba todo el norte de África hace más de diez mil años y a la cual loos anestros ‘egipcios’ pertenecían. Es conocido que las pirámides –por ejemplo- replican el “cinturón de Orión” al que se refiere el pasaje de Job y este ‘cinturón’ marca a otros astros –Aldebarán y Sirio- mencionados como lugares de residencia original de intrusos milenarios que estuvieron interesados en nuestro planeta.



Los egipcios tenían gran estima por la constelación de Orión a la que identificaban con Osiris. De este ‘dios’ leemos en Wikipedia:


“Osiris es el dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad… y regeneración del Nilo… También preside el tribunal del juicio de los difuntos en la mitología egipcia”


Cielos nuevos y tierra nueva


Leamos, para recordar uno de los dogmas basicos de nuestra fe en su perspectiva escatologica, a Isaías 65, 17:


“Miren! Estoy creando cielos nuevos y una tierra nueva, y nadie volverá siquiera a pensar en los anteriores”


Y también 2 Pedro 3, 13:


“Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia”


Y Apocalipsis 21, 1:


“Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido…”


Como se ve –y hay mas citas naturalmente- esperar nuevos cielos y nueva tierra, es parte indisoluble de nuestra fe. Y para mayor abundancia citamos un texto de quien fue un poderoso siervo de Dios, el pastor David Wilkerson, según consta en su libro “Un día a la vez” (World Chalenge):


“La verdad es que la historia tiene un propósito. Podemos estar seguros de que la rápida sucesión de eventos de hoy en día nos está llevando hacia el propósito eterno de Dios. El mundo no está a la deriva; el Señor no ha abandonado la tierra, no importa cuán malvada e infiel se haya vuelto la humanidad. Más bien, Dios simplemente ha acelerado el ritmo. Y lo que vemos ahora es un movimiento rápido de los acontecimientos que nos llevan hacia “un evento divino”: la creación de un nuevo cielo y una tierra nueva, donde Cristo reinará de manera suprema por toda la eternidad”


¡Muy bien dicho! ¡Aleluya!


Lo que queremos destacar entonces es que si Dios/Elohim se propone crear cielos nuevos y una tierra nueva en el futuro -y reiteramos que esto es inseparable de nuestra fe- es lícito pensar que este ejercicio de remodelamiento celestial, que incluye el movimiento de estrellas, pudo haberlo hecho en el pasado quizás más de una vez. Todos los pasajes citados nos dicen que no solo tiene Potestad para hacerlo –lo que es obvio- sino que efectivamente lo hace cuando inicia una nueva etapa de Su Propósito eterno. Y tal vez el pasaje del Génesis en donde se nos habla de la creación de la “lumbrera mayor” y la “lumbrera menor” (Gén  1, 14-17) y termina: “también hizo las estrellas”, se esté refiriendo a ese ejercicio de remodelamiento celestial anterior a la creación de Adán con el fin de ambientar un nuevo comienzo. Se trataría entonces -una vez más- de romper lo que se había vuelto defectuoso para hacer con el mismo material vasijas nuevas.


Y así, en ese remodelamiento celestial pre-adámico que imaginamos, los habitantes de las constelaciones mencionadas tal vez fueron sacudidos en su ‘habitat’ a la vez que vieron que las condiciones en el sistema solar –que también estaba siendo remodelado o creado- eran sumamente deseables para sus intereses vitales y decidieron venirse hasta aqui y ‘aclimatarse’ con el propósito de ‘mudarse’. Reparemos que todas las razas no-adamicos de la que nos hablan las crónicas alternativas declaran que su ‘habitat’ original está en decadencia o próximo a una catástrofe y que por eso han venido aquí (¿no es este el argumento por ejemplo que ambienta el rey de los comics, ‘Superman’, que era supuestamente originario del planeta ‘Krypton’ que habría colapsado y cuya narrativa conforma nuestro inconciente colectivo?).

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El arzobispo Hoser, enviado especial del papa Francisco a Medjugorje dijo en su homilía (01/04/2027):


“… nosotros  vivimos para la Resurrección, caminamos hacia la Resurrección, nosotros pasamos por la muerte para resurgir, para resucitar, el objetivo final de nuestra vida es la Resurrección”


¿Algún experimento genético nos ofrecerá más que esto? ¿O alguna forma de transhumanismo, que es otra de las ‘baratijas’ de estos días, nos hará más poderosos, eternos y gozosos, que el revestimiento de un cuerpo glorioso prometido por el Resucitado para todos aquellos que crean en Él?


Resumiendo: los redimidos llevamos el sello del Espíritu que es la ‘marca de fábrica’ de nuestro Hacedor. Somos/ seremos la obra suprema y mas perfecta de la Creación y nuestra redención en cuerpo glorioso en el advenimiento del Reino producirá la restauración del Orden y la Paz en todo el universo habitado.

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