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“Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre
de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para la gente en el futuro lejano, es
decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios”
Hechos 2, 38-39


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Una profecía inscrita en el cielo
para la iglesia/’virgen hija de Sión’

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Hay una historia en la bóveda celeste desde tiempos ancestrales que dice así:


“Andrómeda fue encadenada a una roca al borde del mar en donde acechaba Cetus, el monstruo marino, con intención de devorarla. Cuando Andrómeda creía que era su final, llegó Perseo montado sobre Pegaso, el caballo volador. El monstruo marino fue rápidamente vencido por Perseo, el cual voló triunfante al cielo con su princesa recién rescatada y se casó con ella.


“Andrómeda”, “Cetus” y “Perseo” son nombres griegos para constelaciones que fueron reveladas desde el origen de la historia con otros nombres que hoy desconocemos.


Veamos todo con detenimiento ya que esto es algo que hay que explicar con cuidado desde el cristianismo para separar lo verdadero de lo falso. Nos apegaremos siempre al texto bíblico y a lo que podemos saber sobre el origen ancestral de la interpretación inspirada del firmamento:


El sabio y astrónomo Ptolomeo – 150 D.C. – consideraba a las constelaciones y los relatos relacionados con ellas como revestidos de una “autoridad indiscutible, de origen desconocido, y de antigüedad imposible de averiguar”. Y Josefo -el historiador judío casi coetáneo de Ptolomeo- es mas preciso y narra en “Antigüedades de los Judíos” que el origen de este formidable ramillete de “historias” narradas en los cielos proviene de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, quien interpretó esas historias inscriptas en la resplandeciente bóveda celeste  tal como le habían sido reveladas por Dios  y las gravo cuidadosamente para la posteridad. Este registro lo hizo en dos columnas: una de ladrillo y otra de piedra.


El testimonio de las estrellas grabado en la columna de piedra todavía se podía localizar en tiempos de Josefo, según él mismo declara,  y en referencia a esa columna grabada por Set el emperador asirio Asurbanipal -672-631 A.C.- afirma solemnemente:


“yo me gozo en leer las inscripciones en piedra desde la época anterior al diluvio”


De modo que aquello que a Ptolomeo le parecía de una “autoridad indiscutible”, aunque no acertaba a fijarle una fecha en el pasado remoto, esto es, el discernimiento de grupos de figuras imaginarias en la bóveda celeste llamadas “constelaciones” que agrupan caprichosamente en su seno conjuntos de estrellas y representan un extraño fresco compuesto de animales – algunos extraños -, “héroes celestes”, centauros, una virgen, coronas, un altar de fuego, flechas, una lira, un río de extenso recorrido, una nave, etc.., en actitudes que parecen contar una extraña historia, y aquello que el historiador judío Josefo remontaba al tiempo de la primera familia y del justo Set de lo cual da testimonio que legendario emperador asirio Asurbanipal  se habrían originado antes del diluvio (Génesis 7-8) .


De esa época antediluviana viene entonces la historia que invoco al inicio de este estudio, aunque con toda seguridad los protagonistas no se llamaban entonces: “Perseo”, “Andrómeda” o “Pegaso”. Estos son nombres griegos relacionados con historias que seguramente distorsionan en algo -a veces en mucho- las prístinas historias originales, del mismo modo que las hiedras y la vegetación feraz carcomen un edificio antiguo -ya abandonado- dejando entrever a veces claramente el antiguo perfil y sus características volumétricas, y en otras ocultándolo por completo debajo de la umbría masa vegetal. Sin embargo, a pesar de las distorsiones y los ocultamientos algunas historias que narran las constelaciones parecen familiares a quienes conocemos el plan establecido desde “antes de la fundación del mundo” por Dios/Elohim para la redención de su pueblo santo. Y este plan nos habla de la “virgen hija de Sión” (Lamentaciones 2:13) como una que es abandonada primero y rescatada después por YaHVéH para hacerla su Esposa nuevamente e instalarla en un tierra que será como el Paraíso restaurado en donde Dios morará con su pueblo.


Repasemos entonces nuevamente la historia del inicio:


“Perseo” es un príncipe que desciende desde el cielo montado en un caballo blanco llevando su espada en alto con intención de matar a “Cetus”, que es “una bestia que sale del mar”. La intención de “Cetus” es devorar a la princesa “Andrómeda” encadenada a una roca a la orilla del mar. “Perseo”, el caballero que desciende desde lo alto, esta locamente enamorado de la princesa encadenada y -luego de matar a Cetus y soltar las cadenas de su amada- vuela con ella de retorno al cielo en donde la desposa.


Casi nos sale decir: Amen y amen.


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Dice así en Génesis 1: 14-15:


“Entonces Dios dijo: ‘Que haya luces en la bóveda celeste, que alumbren la tierra y separen el día de la noche, y que sirvan también para señalar los días, los años y las fechas especiales”


Las “fechas especiales” que señalan las lumbreras del cielo han de tener que ver -si narran una historia de inspiración divina- con acontecimientos vinculados al plan de redención que es el mensaje excluyente de Dios/Elohim en su trato con los hombres. Y de entre las lumbreras del cielo podemos identificar a una muy especial que es mencionada una y otra vez en el relato bíblico: el “lucero de la mañana”.


Veamos algunas citas:


“…Yo soy la raíz y el linaje de David,
la estrella resplandeciente de la mañana”
(Apocalipsis 22:16)


Esta declaración no tiene doble interpretación, identifica al “planeta Venus” -que así llamamos al astro que la Biblia llama uniformemente: lucero/estrella de la mañana- con nuestro Señor, el Hijo de David. Esta clara declaración no es algo para pasar por alto ya que identifica al mal llamado “Venus” con el Señor “cuya venida es cierta como el alba”. Aquí tenemos una de las marcas de la interpretación inspirada entregada al justo Set por Dios/Elohim casi 6.000 años atrás confirmada en la Biblia.


Y hay otras dos citas importantes sobre el “lucero de la mañana”:


“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin,
yo le daré autoridad sobre las naciones…
y le daré la estrella de la mañana.”
(Apocalipsis 2:26-28)


Es decir, aquí se trata de la máxima condecoración a la que podemos aspirar los redimidos como representantes plenipotenciarios del futuro Rey de reyes y Señor de señores: “yo le daré autoridad sobre naciones…y la estrella de la mañana”. La “estrella de la mañana” parece ser un distintivo de realeza. ¡Tremendo!


Y también leemos en 2 Pedro 1:19:


“Tenemos también
la palabra profética mas segura,
a la cual hacéis bien en estar atentos…
hasta que el día esclarezca
y el lucero de la mañana
salga en vuestros corazones”


Aquí este cintilante astro representa la mayor obra -el mayor portento- de Dios/Elohim para con el hombre: el resplandecer de la Palabra profética en las tinieblas del corazón no redimido. Este es el íntimo momento augural de la redención en cada uno. El momento en que estamos siendo hechos “hijos de Dios/Elohim”, hermanos de su “primogénito”, el “hijo varón” de la mujer “vestida de sol” de Apocalípsis 12 que ha de gobernar con “vara de hierro” las naciones.


Tenemos entonces tres significados preciosos de “Venus”/lucero de la mañana para meditar:


1) nuestro Señor, “la raíz de David”;
2) el galardón a los santos al final del camino;
3) el amanecer de la palabra profética en nuestros corazones.


¡¿cuál de estos tres significados del lucero de la mañana nos conmueve más?! Todos tienen que ver con nuestro Señor, el Marido y Redentor de la “virgen de ISRAEL”, y si tenemos a uno, tenemos todos.


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Y hay aun más referencias a este astro que parece acaparar el simbolismo del “espíritu de la profecía” para el pueblo de Dios/Elohim que es ISRAEL:


Balaam -cuando aun ISRAEL andaba errante en el desierto- vio el “lucero de la mañana” al final de la historia señalando el nacimiento y el reinado final del Mesías:


“Lo veré, mas no ahora;
lo miraré, mas no de cerca:
Saldrá ESTRELLA de Jacob
y se levantará cetro de Israel”


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Y la contundencia de estas pasajes amados para los que tienen intimidad con la Palabra despierta nuestro interés cuando vemos suceder algo especial en los cielos que involucra a este extraordinario lucero celeste. Es que si al espectáculo inusual que estamos comentando tanto por su rareza como por su belleza -sucede cada 120 años- lo vemos a través de la historia que cuentan las constelaciones según su interpretación inspirada debemos prepararnos para una emocionante sorpresa de parte de Dios/Elohim (nota 1).


Ahora bien, el significado espiritual de lo que esta sucediendo en los cielos siempre se lee con base a la clave que nos indican las constelaciones que están pasando por el cenit en ese momento. Reparemos entonces en algo muy especial:


durante las 5 horas y 53 minutos en que “Venus” recorto su imagen sobre el “astro Rey”, desfilaron por el cenit de la bóveda celeste -en la latitud de Jerusalem- las constelaciones anunciaron este singular romance entre “Perseo” y “Andrómeda”. Esto es, la liberación de las cadenas de la virgen exhausta al borde del mar, por parte del Príncipe que desciende del cielo, mata a la bestia que la amenazaba, y luego de quebrar sus cadenas, vuela con ella de retorno al cielo montado en un caballo blanco para desposarla para siempre.


¡Waaw!


¡¡Viene aliento del cielo para la iglesia/”virgen de Israel”, algo diferente está por ocurrir: el Novio está pronto para descender en socorro de su amada en peligro. Podemos confiar que tendremos auxilio en nuestras tribulaciones por duras que estas sean. El lucero de la profecía recortando su silueta sobre el disco solar nos invita a atender al significado espiritual del romance mas grande que jamás se haya contado y que está inscrito en la bóveda celeste desde hace milenios!!


¡¡Se acercan las bodas celestiales del Cordero para los redimidos!!


¡¡Aleluya, Maranatha, ven Jesús!!

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ver:

la observación de Venus

en Wikipedia

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nota 1): nos estamos refiriendo aquí al pasaje de Venus por delante del disco solar ocurrido el 8 de junio del 2004,
a propósito de lo cual escribimos este estudio en fechas cercanas a ese evento

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