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“Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios. Y ahora, que
toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o
incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros. ¡Gloria a él en
la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones desde
hoy y para siempre! Amén”
Efesios 3:20-21


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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-> el reencuentro en misterio de José y Benjamín

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Hemos visto que la principal tarea del Mesías de ISRAEL –nuestro Señor Jesucristo/YeshuaHamashiaj- encomendada por YaHWéH en Isaías 49:6, es convocar en el fin de los tiempos a un remanente salvo –lavado por la sangre del Cordero- de cada una de las doce tribus de ISRAEL. Este será el pueblo santo que integrará el Reino de los Cielos/Tabernáculo de David que predicaron los apóstoles. A eso se refiere la expresión “todo Jacob/Israel será salvo” de Romanos 11:26. Y a partir del 11-S todo lo que sucede en el plano material de la historia responde a causales espirituales que están tan lejos de los análisis politológicos y mediáticos “como los cielos lo están de la tierra”. Es que Dios/Elohim teje el tapiz de la historia en cada detalle, pero nosotros solo vemos el burdo contrafaz de Su diseño.


Repasemos la historia: uno de los momentos “prenatales” mas traumáticos de la que sería la nación de ISRAEL fue aquel en que José -visir todopoderoso de Egipto- se dio a conocer a sus hermanos, los mismos que lo habían vendido a una caravana de mercaderes para calmar los celos que los atormentaban. El momento de la revelación de la identidad de José ante sus hermanos fue de gran emotividad, y fue antecedido de una larga serie de intrigas. Mediante ellas José había conseguido que sus hermanos trajeran a Egipto desde su tierra patriarcal a su hermano Benjamín, que se había quedado con su anciano padre Jacob. El patriarca, luego de la desaparición de José –que el creía muerto- había convertido a Benjamín en su soporte emocional. Es que José y Benjamin eran hermanos de la misma madre: Raquel, la esposa amada de Jacob. Por eso José, visir de Egipto y dueño del mundo de entonces, movió los hilos para que sus medio hermanos trajeran a su presencia a su querido hermano menor. Y solo después de este emocionado reencuentro con su hermano menor, hijo de la misma madre, se dio a conocer a los demás. Aquí hay una clave que no podemos dejar pasar por alto para entender la raíz profética de la llamada “guerra de Afganistán”. Leamos con detenimiento Génesis 45:15-14:


“Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano,
y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello.
Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos;
y después sus hermanos hablaron con él”


Veamos que quiere decir esto hoy: en un articulo anterior vimos que los EEUU/Inglaterra son el referente de la prole de José en nuestros días. Solo ellos han cumplido -y cumplen- con la huella histórica de la deriva de los “hijos de Omri” hacia occidente, a las “islas”, las “costas” y los “extremos de la tierra” (todo esto mirado desde las coordenadas de ISRAEL), y con la manifestación de la extraordinaria bendición material y espiritual de los oráculos de Jacob y Moisés sobre José. Sabemos entonces adonde esta la prole de José hoy ¿y adónde esta la prole de Benjamín?. Si  discernimos en donde está hoy la prole mas visible del hermano menor de José tendríamos una clave importante para leer la señal “prenatal” mas importante de la restauración de “todo ISRAEL”. Estamos hablando de la sombras de las cosas espirituales -celestiales- sobre las cosas materiales – terrenales -. Fuera de este contexto de discernimiento los eventos luego del 11-S parecen no tener sentido, un despropósito mayúsculo, un callejón sin salida. Sin embargo estos eventos concatenados están en línea con el cumplimiento del Propósito eterno de Dios/Elohim -YaHWéH- para la redención de las naciones.


Ahora bien: está claro que la revelación del remanente de cada una de las doce tribus de ISRAEL que conformará el pueblo santo del milenio -o el ISRAEL DE DIOS/ JEZREEL- solo se manifestará con el advenimiento del Mesías de ISRAEL. Pero podemos leer algunas claves -”dolores de parto”- en las “guerras” después del 11-S. La llamada “guerra de Afganistán” –que en la agenda de Dios llevará otro nombre y se referirá a otro Propósito que el especificado por los políticos y politicólogos que sobre ella escriben– es la primera mega- expedición del occidente cristiano a Medio Oriente luego del 11.S. Y en esos días pudimos leer sobre el origen e idiosincrasia de ese pueblo –Afganistán– que de pronto se encaramó en las noticias. Y se pudieron leer artículos como el que sigue:


“En 1893, los británicos terminaron por reconocerles a los afganos su independencia, asentada en una nacionalidad con predominio de la etnia pathan, constitutiva entonces del 45 por ciento de la población, y también justificada por una leyenda en la que ellos creen ciegamente, y según la cual descienden del rey Saúl, el inmediato predecesor de David en el trono de los judíos y miembro de la tribu de Benjamín, una de las siete grandes tribus de Israel”.


Es decir, el pueblo de Afganistán desciende de “Afga” que –según otros datos- fue un nieto del rey Saul, el primer rey de ISRAEL, y además presbote del rey Salomón, perteneciente a la tribu de Benjamín. Sin embargo, lo paradójico es que los pasthun -la etnia a la que pertenece el presidente Hamid Karzai y el rey que retorno a Afganistán luego de su liberación- si bien afirman con convicción imperturbable que son descendientes del primer rey de ISRAEL confiesan también que – como etnia – se convirtieron al Islam. Esta es una de las paradojas que tenemos que sortear cuando recorremos las hebras del tapiz que esta tejiendo el Guia de la historia la historia. Y algunos estudiosos dicen que el origen israelita de los pasthun se percibe en muchas costumbres que persisten luego de su conversión al islamismo y que podemos observar al interior de sus hogares (por ejemplo, el hecho de que leen el Corán haciendo un leve balanceo con el cuerpo, como vemos que hacen los judíos cuando oran frente al contrafuerte occidental de la explanada del Templo, el “Kotel” -el mal llamado “muro de los lamentos”-. También en los nombres propios de los pasthun abundan desde tiempos ancestrales muchos “José” y otros de origen netamente bíblico que no podrían explicarse de otro modo. E incluso en los nombres de la geografía de Afganistán se encuentra un paralelismo con nombres correspondientes al pasado de los “hijos de Israel” –las “diez tribus- luego de su cautividad en Asiria (nota 1).


No hay duda entonces de que son muchas las evidencias de que los pasthun son benjaminitas y que cuando vemos al presidente Hamid Karsai estamos viendo a un descendiente del rey Saúl. Esto hace que la mega-expedición aliada en Afganistán tenga un sentido muy especial en su trasfondo profético: esto es, el  reencuentro de José y Benjamin que fue el inicio del reencuentro de los doce hermanos hijos de Jacob. Y así en tiempos previos -”prenatales”- a la revelación de un remanente de cada una de las doce tribus de ISRAEL, es razonable interpretar en el plano profético que la intervención en esas tierras de tropas  a la cabeza de las cuales está el binomio EEUU/Inglaterra –la casa de José- constituyen una anticipación en misterio del reencuentro futuro del remanente salvo de las doce tribus de ISRAEL en el “día de Jezreel” cuyas primicias serán los 144.000.


Volvamos brevemente a la historia bíblica para percibir la intensidad de la relación entre José y Benjamin.  Los hermanos de José, que años antes lo habían vendido a mercaderes que se dirigían a Egipto  habían viajado a esta supernación de la época en busca de alimentos para sortear la hambruna en Canaan. Y habían dejando a su hermano menor – Benjamín – junto a su padre Jacob, a pedido de este, por ser hijo junto con José de la esposa mas amada de su anciano padre: Raquel. Y José que había sido elevado de esclavo a visir de Egipto por la mano de Dios/Elohim sin darse a conocer les exigió:


“Pero traeréis a vuestro hermano menor,
y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis.
Y ellos lo hicieron así”.
Génesis 42:20)


La mega-expedición de EEUU/Inglaterra a Afganistán -país que había sido copado por los árabes de Osama Bin Laden pertenecientes a la descendencia de Esau, a la que YaHWéH declaró su “anatema “- significa proféticamente un reencuentro de José (EEUU/Inglaterra) con su hermano Benjamin (Afganistán). Tiene, por tanto, un sesgo espiritual “amable” a pesar de la alta tensión con la que estuvieron cargados los días previos a la ejecución de esta mega-operación que tal vez ya olvidamos por la sobredosis de noticias sobre Irak. (nota 1)


Así, Hamid Karsai, el Presidente de Afganistán tuvo desde el inicio una buena química personal con occidente y con los EEUU. Y por eso, cuando luego de la liberación de la dictadura de los “talibanes” y AlQaeda se convocó a toda la comunidad internacional para la tarea de reconstrucción esta se realizó sin ningún trauma. Hay mucho consenso internacional en torno a Afganistán, en franco contraste con el tema de Irak en donde todo es ofuscamiento. Y es que muchas de las naciones que cooperaron y cooperan hasta hoy con Afganistán (cuya reconstrucción nunca veremos completa debido a los tiempos dolorosamente transitorios en que vivimos) tienen raíces israelitas (recordemos que “israelita” no es sinónimo de “judío”). Y también los principales países europeos – de raíz celta y germana – se prestaron a la tarea de reconstrucción  bajo el comando de la OTAN,, que es la organización que une a EEUU y Europa. Todo es consenso en los organismos internacionales -al margen de los resultados en el terreno- en lo que se refiere a que hacer en Afganistán. Hamid Karsai es la imagen del lado “bueno” de la situación, y los talibanes y AlQaeda son el lado “malo”. Otra cosa sucedería con el próximo paso de las “guerras después del 11-S”: la mega-expedición a Irak, en que la visión internacional se ofusca -como dijimos- y los análisis son conflictivos y de alta tensión. Es que esta otra mega-intervención – omnipresente en los medios – tiene una raíz profética radicalmente opuesta que analizaremos en el próximo estudio.


Si bien vivimos entonces momentos de confusión que aparentemente no tienen salida (y para los parámetros de este mundo efectivamente no la tienen), todos los sucesos después del 11-S encajan a la perfección en el plan de redención de las naciones, son señales “prenatales”,  la “oruga” que oculta bajo su fealdad a la la esplendente mariposa que será el advenimiento del Reino de los Cielos/Tabernáculo caído de David restaurado. Estos serán los días del Reino mundial de ‘YaHWéH Justicia Nuestra’: Justicia, Paz y Gozo  para las naciones.

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+Nota 1): escrito en el 2005




Nota:


Hay que tener presente que Afca llegó a esas regiones antes de el exilio masivo del norteño reino de Israel (Efraín), ya que debe haberlo hecho no mucho mas allá de la fecha de la muerte de Salomón alrededor del 930 A.C., y también hay que reparar en que la tribu de Benjamín era una tribu del sur unida a Juda, que no pertenece a las llamadas “diez tribus perdidas” del norte. Pero con mucha probabilidad un resto de estas últimas emigraron hacia las planicies de Afganistán y mucho mas allá, a partir de las planicies transcaucásicas luego de la desaparición del imperio Asirio que los capturó en el año 722 A.C.. De modo que la descendencia del norteño de Israel se unió a la prole de Afca seguramente identificados por su pasado común. Incluso hay localidades que llevan el nombre de “kumri” – un derivado de “hijos de Omri” – en el norte de Afganistán. Este era el nombre genérico por el cual se conocía a los “hijos de Israel/”casa de Israel”/”Efraín” entre las naciones. ( ver “Soplados por el viento solano“). De modo que en Afganistán debe de haber una representación de las “diez tribus” – además de la de Benjamín- lo que aumenta el significado profético que estamos analizando.


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