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“Por fin han llegado la salvación y el poder, el reino de nuestro Dios, y la autoridad
de su Mashiáj. Pues el acusador de nuestros hermanos —el que los acusa
delante de nuestro Dios día y noche— ha sido lanzado a la tierra.
…Pero el terror vendrá sobre la tierra y el mar…
Apocalípsis 12, 10-12

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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22/12/11

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Gary Wilkerson

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Una forma simple para atestiguar si usted ama de verdad es examinar cuánto usted vela por los intereses de los demás.


Como pastor he tenido que forjar una visión inamovible para realizar esto. Dios me ha otorgado un llamado a agitar a mi gente para que actúe y para que incesantemente persiga la misión que él nos ha dado. La verdad es que yo puedo ejecutar esto de dos maneras: a través de mi propia ambición, presionando para alcanzar mis metas individuales; o adoptando el corazón de Cristo y haciendo del amor mi misión.


Si mi iglesia crece diez mil veces y yo no tengo al amor como mi visión…si nuestra iglesia manda a 1,000 misioneros pero no tienen amor…entonces estamos fallando a nuestro llamado como cuerpo de creyentes. Nosotros estamos criando a falsos embajadores y exportando una cristiandad ligera y débil, investida de otro poder que no es amor.


¿Cuál es su situación? ¿Sus oraciones o ambiciones espirituales están centradas en su propio mundo, en sus necesidades y deseos? ¿Se molesta o irrita cuando las necesidades genuinas de los demás afectan sus metas?


¿Cuál es el remedio para la ambición personal? Pablo escribe en Filipenses 2:3, “con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.”  Pablo no habla de alimentar su autoestima, su visión, su misión en la vida. Pero él sí expresa que otros tienen visión, propósito y misión. Si usted aprecia a los demás, usted no solamente los estará ayudando en su llamado -y tal vez impactará muchas vidas.


Piense en el poder de la afirmación de Pablo. Imagine qué pasaría si cada cristiano obedeciera radicalmente esta verdad. Todos nosotros tendríamos un profundo impacto mundial en los intereses del prójimo – y ninguno estaría inmerso en sus metas individuales. El cuerpo completo de Cristo estaría tan centrado en los demás que nos investiríamos de poder los unos a los otros en lo referente a nuestros diversos llamados.


Si cada unos de nosotros está velando solamente por sus propios intereses, nuestro testimonio está limitado al por mayor. Pero si nosotros, en amor, buscamos edificar a los demás, toda misión puesta por Dios tendrá más allá que un ampio apoyo para ser lograda.


Esto es lo que llamo una forma de vida. Es una campaña que quiero empezar hoy -vivir para, estar en y servir a aquéllos que están a mi alrededor para la gloria de Dios.
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