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“Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios. Y ahora, que
toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o
incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros. ¡Gloria a él en
la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones desde
hoy y para siempre! Amén”
Efesios 3:20-21


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Leemos sobre un descubrimiento en el año 2001 de un fósil de serpiente antiquísimo en la Patagonia argentina, al noroeste de la provincia de Rio Negro (nota 1):


“los investigadores comenzaron a armar el rompecabezas, cuyo resultado final es un animal de 1,5 metros de largo que puede parecer bastante extraño -¡una serpiente con patas!-”


Y llamaron a este espécimen ‘najash’, el nombre hebreo de la serpiente que se menciona en el relato del jardín del Edén, en el libro de Génesis, ya que dedujeron que ella debíó de  haber tenido dos patas –y dedujeron bien-. Este fósil antiquísimo descubierto tiene un hueso sacro que conecta dos robustas piernas a la columna de la serpiente:


“esta serpiente fósil tenía un sacro que soportaba la pelvis y unas piernas robustas y funcionales”.


Se habían encontrado en serpientes modernas vestigios –que eran poco mas que una marca en su cuerpo- de que una vez pudieron haber tenido dos extremidades pero los fósiles encontrados en el 2001 son definitivos porque muestran no solo el hueso sacro y la pelvis articulados con la columna sino que dos fémur, señal de que las najash, ancestros de las serpientes actuales,  se mantenían en una posición erecta ya que las ‘piernas’  no les permitían ‘reptar’. ¡Esto destruye un cliché atávico con respecto a estas bestias! Y con esta versión original de la serpiente  en mente leamos el relato de Génesis 3, 1-5:


“La serpiente era el más astuto de todos los animales salvajes que el Señor Dios había hecho. Cierto día le preguntó a la mujer:

—¿De veras Dios les dijo que no deben comer del fruto de ninguno de los árboles del huerto?

—Claro que podemos comer del fruto de los árboles del huerto —contestó la mujer—. Es solo del fruto del árbol que está en medio del huerto del que no se nos permite comer. Dios dijo: “No deben comerlo, ni siquiera tocarlo; si lo hacen, morirán”.

—¡No morirán! —respondió la serpiente a la mujer—.  Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal.


En este relato vemos varias cosas que desmienten nuestra visión tradicional del nefasto encuentro: en primer lugar Eva ‘conversa’ con la serpiente en algún lugar del jardín, no junto al árbol cuyo fruto estaba prohibido de comer ya que Eva se refiere a ese árbol con una expresión que indica que estaba en otro lado: “es solo del fruto del árbol que está en medio del huerto del que no se nos permite comer”. Si la conversación seductora hubiera sido junto al árbol Eva hubiera dicho: “es del fruto de este árbol que no se nos permite comer”. De modo que ciertamente debe de haber sido durante un paseo por el jardín que Eva ‘conversa’ con la serpiente/najash que es calificada en el relato como: “el más astuto de todos los animales salvajes”.


¿Y cómo es que Eva ‘conversa’ con ella? El texto no lo dice pero se me ocurren dos posibilidades que quizás sean solo una: o bien Eva –y Adán- tenían la facultad de entrar en contacto con los animales y dialogar con ellos ya que eran seres/criaturas a imagen de Dios extraordinariamente dotados con respecto a lo que nosotros somos ahora después de la caída; o bien fue una conversación telepática, es decir, sin mediar palabras y es posible que ambas opciones signifiquen lo mismo como decimos (nota 2). De hecho ni Eva ni Adán -en el momento en que Eva le informa de la ‘conversación’- parecen asombrarse del dialogo con una najash lo que indica que, tal vez,  esto fuera frecuente.


Solo que esta vez, como en el caso de Pedro en el famoso episodio de Cesarea de Filipo (Mat 16, 23) o el de la ‘adivina’ que perseguía a Pablo gritando que era hijo del Altísimo (Hech  16, 17), la najash tuvo un ‘libretista’ maestro de la intriga que dice las cosas que gustamos de oir:


“—¡No morirán!… Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal”.


¡Cuántas implicaciones tiene esta aviesa afirmación! La najash aparentaba conocer los entresijos del pensamiento del Altísimo atribuyéndole un propósito que estaba escondido para Adán y Eva. Y parece que Eva hizo fe en sus afirmaciones, lo que demuestra que de algún modo la najash ya había ganado su confianza en otros coloquios.


Y las consecuencias las sabemos: Adán y Eva fueron expulsados del Edén para que su estado rebelde no se volviera eterno comiendo del fruto del árbol de la Vida. Y en cuanto a la najash: leemos en Génesis 3, 14-15 la sentencia:


“Por lo que has hecho, eres maldita más que todos los animales… Andarás sobre tu vientre, arrastrándote por el polvo durante toda tu vida. Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella”


que termina así:


“Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le herirás el talón”


Quedaba de este modo planteada una enemistad mortal que perduraría a lo largo de siglos y milenios e involucraría a la descendencia de Eva por un lado y a la ‘descendencia’ que pudiera captar el Intruso del Edén con sus intrigas, por otro. Claro que este utilizaría otros conductos diferentes para su inquina pero la representación de la astuta serpiente como símbolo de rebeldía y engaño se hizo perenne como recuerdo del maligno. y sabemos cual fue la Descendencia que le aplastó la cabeza poniendo a buen recaudo a los redimidos (Gal 3, 16).


Veamos también el momento del pecado de Adán al obedecer la irresistible argumentación de su esposa:


“La mujer quedó convencida. Vio que el árbol era hermoso y su fruto parecía delicioso, y quiso la sabiduría que le daría. Así que tomó del fruto y lo comió. Después le dio un poco a su esposo que estaba con ella, y él también comió” (Génesis 3, 6)


Aquí vemos que Eva ambicionó la sabiduría que el Intruso del Edén prometía. Es decir el Intruso del Edén urdió la trama corruptora del libre pensamiento que lleva a la separación del hombre y Dios. Y llega hasta nuestros días: hoy el libre pensamiento parece ser una condicion de superioridad intelectual. No es extraño entonces que el hombre no entienda nada ni de lo que sucede en el plano de la historia ni sobre si mismo porque está desconectado con la Fuente de la Sabiduría. Dice en 1 Corintios 2, 16:


“Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”

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Esta es la derrota de la inquina del Eden.


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nota 1): LA NACION, jueves 20 de abril de 2006

nota 2) En Génesis 2, 20 se narra que Adán “puso nombre a todos los animales y a las aves de los cielos, y a todo el ganado del campo”. Esto demuestra una percepción extra que supera a la que poseemos en nuestra naturaleza caída ya que para discernir las características básicas de cada uno de los animales a los efectos de ponerle nombre se precisa una intuición –llamémosle así- muy aguzada.  Y esto debía de ser una característica habitual en Adán y Eva. Se dice que San Francisco tenía esa inefable capacidad de hablar con todas las criaturas de Dios. Leemos en un portal de la Red:

“Son muchas las historias que se cuentan sobre la conexión especial y el poder que San Francisco tenía con los animales. De hecho, además de hacerle caso todas las especies animales, las golondrinas lo seguían en bandadas y formaban una cruz encima de donde él predicaba. También se cuenta que un lobo salvaje que devoraba ovejas y atacaba a los hombres dejó de hacerlo al ser amansado” (Terra)

De algún modo la pureza espiritual de San Francisco, su santidad, le había devuelto esta conexión inicial con el reino animal. A esto aludimos cuando decimos que conversar con una najash debe de haber sido habitual para Adán y Eva mientras permanecieron en el jardín del Edén. Sabemos que luego hubo una maldición que afectó en diversos grados la naturaleza, el hombre y el reino animal hasta hoy.

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