“En los días venideros —dice el Señor—, el pueblo de Israel
volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán
llorando en busca del Señor su Dios. Preguntarán por el
camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su
hogar. Se aferrarán al Señor con un pacto
eterno que nunca se olvidará”
Jeremias 50, 4-5

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…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó hoy: 30 de diciembre del 2011:

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El Salmo 45 nos brinda una imagen hermosa de Cristo y Su novia. Un gran matrimonio está por ocurrir y el autor se encuentra “rebosando” de éxtasis y entusiasmo: “Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy diestro. . .” (Salmo 45:1).


¡El salmista difícilmente puede contenerse! ¡Él está describiendo algo que contempla en su mente -una increíble ceremonia, un novio maravilloso y glorioso, y una hermosa novia revestida de oro!


En 1981, el mundo entero se cautivó ante la boda real en Inglaterra. Millones de personas alrededor del mundo no se despegaron de sus televisores para ver cómo la princesa Diana y el príncipe Carlos se casaban. Fue una de las bodas más glamurosas y célebres de la historia moderna.


Canales de televisión tenían “imágenes a todo color” que describían a detalle todo lo que estaba aconteciendo. Cápsulas informativas demostraban la vida real de Carlos – su participación en competencias de polo, sus reponsabilidades como príncipe, su herencia como el próximo rey de Inglaterra, su trono, sus riquezas, su palacio.


Los comentadores también describieron con exquisito detalle todo acerca de la princesa Diana. El relato fue increíble: su peinado, su vestido de novia, su comitiva, sus zapatos, sus ornamentos, su anillo, sus flores, su carruaje real. Inclusive durante la ceremonia nupcial, mientras la pareja se paraba frente al altar, el comentador suspiraba en su micrófono: “¿Acaso la novia no es hermosa? Observe su vestido, sus zapatos y sus flores.”


Fue romántico, nos quitaba el aire -un príncipe y una princesa unidos en matrimonio santo “hasta que la muerte los separare.” Toda la gente alrededor del mundo lloró al ver esta imagen. Sin embargo, fuimos testigos de cómo este matrimonio se desintegró. ¡Fue la ruptura más sórdida que ha habido en la faz de la tierra!


Por el contrario, el matrimonio descrito en el Salmo 45 es una unión mucho más gloriosa y magnífica. Está llena de romance, belleza, majestuosidad -pero es un matrimonio que nunca terminará. ¡Es por la eternidad! ¡Este salmo habla sobre Jesús y su novia! El novio es nuestro rey y Señor, Jesucristo, y la novia es su iglesia -creyentes que se han preparado a sí mismos para su venida, que están expectantes de su regreso, y cuyos corazones están sin arruga y sin mancha.
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