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“Solo yo puedo predecir el futuro antes que suceda. Todos mis planes se cumplirán… llamaré a una veloz
ave de rapiña desde el oriente, a un líder de tierras lejanas, para que venga y haga lo que
le ordeno. He dicho lo que haría, y lo cumpliré. Pues estoy listo para rectificar todo…
Estoy listo para salvar a Sión y mostrarle mi gloria a Israel”
Isaías 46: 10-13


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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Transcribimos completo el devocional del pastor David Wilkerson [May 19, 1931; April 27, 2011] que nos llegó el febrero 6  de 2014:

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El resplandor que emanaba del rostro y el corazón de Moisés fue el resultado de haber visto sólo un poco de la plenitud de la naturaleza de Dios (Éxodo 34:29). Aun así, cuando los israelitas vieron el cambio en el rostro de Moisés, supieron que él había tenido una experiencia sobrenatural. Su hermana, su hermano y los demás, exclamaron: “Este hombre ha estado cara a
cara con Dios. Él ha ido más allá” (ver Éxodo 34:29-35).


Hoy tenemos algo mucho más glorioso lo que el mismo Moisés tenía. En realidad tocamos y llevamos la gloria de Dios. “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (1 Juan 1:1).


Juan está diciendo acá: “Dios nos reveló a nosotros, la plenitud de Su Gloria en Cristo. Vimos Su gloria personificada en un hombre y hablamos con Él. ¡Inclusive, Le tocamos!”


Hoy no sólo vemos la plenitud de la gloria de Dios, sino que ahora habita en nosotros. Su gloria resplandece en nuestros corazones: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).


Pablo está diciendo aquí: “Jesucristo, Dios hecho carne, personifica todo lo que Dios es. Y, como sabemos que Dios es bondad, amor, misericordia, gracia y paciencia, también podemos estar seguros de que ésta es la naturaleza de Cristo. Puesto que Jesús vive en nuestros corazones, sabemos que la gloria de Dios no está simplemente en algún lugar del cosmos. No, ¡la plenitud de Su gloria está en nosotros, a través de la presencia de Cristo!”


“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11). ¿Quién es esta gracia? ¡Es Jesucristo, lleno de misericordia, bondad, amor!


“Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (versículo 12). Pablo nos está diciendo: “Esta gracia que habita en ti, es la revelación de la bondad de Cristo. Y si tú permaneces en Él, ¡Su revelación te enseñará a vivir una vida santa! “

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