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“Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado:
Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago… vendrá,
y os salvará… Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo;
porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad”
Isaías 35:3-6


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12


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En Daniel 9:27 leemos:

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“Por otra semana más
confirmará el pacto con muchos;
a la mitad de la semana
hará cesar el sacrificio y la ofrenda.
Después, con la muchedumbre
de las abominaciones, vendrá
el desolador, hasta que venga
la consumación y lo que está determinado
se derrame sobre el desolador”
(RV 95)

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y de este pasaje se ha hecho una lectura escatológica muy conocida que sostiene que se establecerá un “pacto de paz“ en Medio Oriente al final de la historia impulsado por la bestia que dará inicio a la llamada “semana setenta de Daniel”. Y que este pacto será violado a mitad de esa semana cuando la bestia se quite el disfraz de “negociador” y se revele que es instrumento de Satanás declarándose “dios”, y persiguiendo a cristianos y judíos. Este guión incluye la reconstrucción del Templo de Jerusalem -el “III Templo”- el reinicio de los sacrificios de animales, y la reinauguración del Santísimo. Todas cosas que nos parecen altamente improbables.

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El erudito bíblico R. Anderson identificó el evento que dio inicio a la cuenta de las “setenta semanas” de años y contando a partir de allí y contando exactamente 69 semanas de años encontró la fecha en que Jesús/Yeshua hizo su entrada triunfal en Jerusalem montado en un burrito. Esto es, la fecha del Domingo de Ramos. Y el relato o interpretación escatológica referido establece que la última semana de años, la número setenta, quedó en suspenso a partir de esa entrada triunfal y que la cuenta recomenzará cuando se haga efectivo el mencionado “pacto de paz” al final de los días -es decir, en nuestros días- dando fin al tiempo total de la profecía.

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Nada de esto nos conforma aunque pueda haber alguna sombra de la verdad. Repasemos el enunciado de la profecía: el ángel le dice así al profeta Daniel al inicio:

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”Setenta semanas están determinadas
sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad,
para:

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1) terminar la prevaricación,
2) poner fin al pecado
3) expiar la iniquidad,

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para:

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4) traer la justicia perdurable,
5) sellar la visión y la profecía

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7) ungir al Santo de los santos.

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Todas estas cosas tuvieron su cumplimiento en la Semana Santa que viene inmediatamente después a la entrada triunfal de Jesús/Yeshua en Jerusalem. Veamos:

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La número 1) fue ejemplificada por la expulsión de los mercaderes del templo, un ejemplo de prevaricación o corrupción aunque no el único. Pero seguramente los prevaricadores se dieron por aludidos y a partir de ese momento fueron parte de la trama para matar al “agitador” que ponía en peligro sus negocios.

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La numero 2) y 3) fue cumplida por la muerte vicaria en la cruz -como “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”- en la “mitad de la semana” (miércoles o jueves, la cena puede ser también el cumplimiento).

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La número 4) y 5) es consecuencia de la proyección infinita de lo anterior.

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La número 7) –ungir el santísimo del Templo- esta descripto en Lucas 23:44-46:

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“Cuando era como la hora sexta,
hubo tinieblas sobre toda la tierra…
y el velo del Templo se rasgó por la mitad.
Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo:
—Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Habiendo dicho esto, expiró”
(RV 95)

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El Santísimo del Templo quedó al descubierto y es sustituido por el cuerpo masacrado del Cordero de Dios ungido por Su sangre preciosa (Heb 10:5). No más sangre de animales para lavar los pecados. De ahí en adelante es Su cuerpo y Su Sangre –el pan y el vino- el que nos limpia de todo pecado. Y el Crucificado se convierte en el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec: UNO y para siempre.

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Ahora bien, si todo esto se cumplió en la Semana que vino a continuación de la entrada triunfal de Jesús/ Yeshua en Jerusalem ¿qué más debemos esperar? ¿Por qué tiene que reconstruirse de nuevo el antiguo Templo y en consecuencia reinaugurarse el Santísimo, el altar de los sacrificios y los sacrificios de animales? Esto violenta el plan profético haciendo rechinar todo. ¿Puede la profecía de Daniel detenerse justo antes de la Semana Santa y no incluirla cuando es en ella precisamente que se da cumplimiento a lo anunciado por el ángel? Nos parece un absurdo.

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Veamos exactamente lo que dice la profecía leyendo en la versión NTV. Comienza así: “Un período de setenta conjuntos de siete se ha decretado para tu pueblo” (ver. 24) Esto es lo que dice; “conjuntos de siete”, que deja una interpretación abierta en cuanto a su aplicación concreta, pueden ser días o años. Una gran parte de la cuenta solo tiene sentido si se consideran años. De hacho hay 69 “conjuntos de siete” que parecen corresponder a un mero transcurrir del tiempo, a lo que se agrega uno durante la cual suceden cosas que conmocionan el universo, el número setenta. Son dos situaciones separadas los “69″ por un lado y el “1″ final, que habilitan consideraciones exegéticas diferentes. La Semana Santa es el fundamento de la fe cristiana y del Plan de Redención establecido desde antes de la fundación del mundo. En la interpretación escatológica a que nos referimos se hace de la “setenta semana” un enfoque judaico: Templo, Santísimo, sacrificios de animales, abominación en el Templo. ¿Y porque si todo eso fue abolido hasta Su retorno cuando será por Él construido un nuevo Templo que tendrá otro significado ya que Dios -YaHWéH Justicia Nuestra- morará con nosotros como Sumo Sacerdote? ¿No es el sacerdocio según el orden de Melquisedec el sello de la profecía, el punto final? Una interpretación en clave de judaísmo de la “setenta semana” se mueve por fuera de nuestra fe.

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Creemos que los primeros 69 “conjuntos de siete” son efectivamente semanas de años pero el último –la Semana Santa- es un “conjunto de siete” de días inmediatamente a continuación de las 69 semanas de años, sin espacio intermedio o “suspensión” de la cuenta (un capricho difícil de entender). Este último “conjunto de siete” es como el capitel de la columna profética, y así como el capitel tiene un relato propio muy intenso que no posee el fuste, la Semana Santa esta cargada de significados de los que carece la secuencia profética anterior -las “69″ semanas- que lleva hasta ella. Dice Gálatas 4:4:

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“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo,
Dios envió a su Hijo, nacido de mujer
y nacido bajo la Ley”

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La Semana Santa es la culminación del ministerio de Jesús/Yeshua, es decir: la culminación del “cumplimiento de los tiempos” (permítaseme esta redundancia).Todo esta consumado” dijo Jesús/Yeshua ya exánime en Su martirio (Jua 14:30), no hay nada más después de esto. Y por eso la Semana Santa o semana de la Pasión es el precioso capitel de la gran columna de la profecía. Sus eventos: la cena, la cruz y la resurrección, ¡son el inicio de la eternidad!.

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Nota): es cierto que los 69 “conjuntos de siete” que representa la columna en el símil propuesto por su vez están subdivididos en dos períodos: 7 + 62. Y esto también se entiende en nuestro símil arquitectónico: los fustes de columnas clásicas tienen un énfasis inicial en su decoración en el inicio del desarrollo vertical -esto son los 7 primeros “conjuntos de 7″-.

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Sigamos, Daniel 9:26 lo podemos dividir en dos partes:

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a) ”Después de las sesenta y dos semanas
se quitará la vida al Mesías,
y nada ya le quedará
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b) El pueblo de un príncipe que ha de venir
destruirá la ciudad y el santuario,
su final llegará como una inundación,
y hasta el fin de la guerra
durarán las devastaciones.
RV 95

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La parte a) describe lo que sucedió con el Mesías en aproximadamente el año 33. La parte b) nos habla de quien y como será destruida la ciudad y el santuario -¡hecho desconectado con el anterior ya que sucedió en el año 70!-.

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Y luego sigue en el ver. 27:

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a) “Por otra semana más
confirmará el pacto con muchos;
a la mitad de la semana
hará cesar el sacrificio y la ofrenda…”
(RV 95)

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La disyuntiva es a quien se refiere esta primera parte del ver. 27 en donde se dice: “confirmará el pacto con muchos”. Si al Mesías o al “príncipe que ha de venir” que se mencionan en el ver. 26. Aquí está la horquilla de los caminos, porque según se refiera a uno u a otro interpretaremos todo lo demás. Ahora bien, sin hacer un análisis de sintaxis en donde nos perderíamos ya que todo en esta profecía parece ofrecer distintas versiones, es bastante obvio que cada una de las afirmaciones que se hacen en esta primera parte del ver. 27 apuntan al Mesías:

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Comencemos por la primera línea: la versión DHH dice “Durante una semana mas” en vez de “Por una semana mas”. Véase que son cosas muy distintas, optamos por “durante”. Y entonces vemos que el Mesías murió a la mitad de la semana (“durante”) haciendo cesar el sacrificio del Templo al sustituirlo para siempre por Su Propio sacrificio, inaugurando el sacerdocio según el orden de Melquisedec. Y ya en este nuevo orden de culto confirmó el Pacto que venía desde la promesa de YaHWéH a Abraham y su descendencia, como se dice en 1 Corintios 11:25:

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«Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo,
un acuerdo confirmado con mi sangre.
Hagan esto en memoria de mí
todas las veces que la beban»
(NTV)

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Y también en Romanos 11:27 se dice:

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“Y este será mi pacto con ellos,
cuando yo quite sus pecados”

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De modo que esta primera parte del ver. 27 se refiere al pacto establecido en la última cena pascual de Jesús/ Yeshua con Sus discípulos, semilla del ISRAEL DE DIOS/JEZREEL y no a un supuesto falso pacto de paz “negociado” por la bestia al final de la historia.

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Y será con “muchos” pero no con todos como el anterior, ya que solo un remanente de ISRAEL entrará en el por fe a este Nuevo Pacto -o confirmación del primer pacto dentro del culto según el orden de Melquisedec-. En Lucas 22:20 se dice: “–Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama“ refiriéndose a Sus discípulos.

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Y entonces podemos leer así uniendo las primeras partes de los versículos 26 y 27:

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”Después de las sesenta y dos semanas
se quitará la vida al Mesías,
y nada ya le quedará (“sin que parezca
haber logrado nada” NTV
)

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Por otra semana más
confirmará el pacto con muchos;
a la mitad de la semana
hará cesar el sacrificio y la ofrenda…”
(RV 95)

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Lo cual es perfectamente ajustado a lo que sucedió en la Semana Santa sin necesidad de correr el último “conjunto de siete” hasta el final de la historia adjudicarle un ritual judaico anacrónico.

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Nota) recordemos lo que se dice en Ezequiel 11:16:

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“Así ha dicho YaHWéH…: Aunque los he arrojado lejos entre las naciones y los he esparcido por las tierras, con todo les seré por un pequeño santuario en las tierras adonde lleguen”.

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Ya no existe el Templo del culto mosaico, pero sí los “pequeños santuarios” esparcidos por el mundo que en la templos de las iglesias apostólicas milenarias que conforman la inmensa mayoría de la cristiandad, esto es: Católica, Ortodoxa y orientales- son el Sagrario. Es a estos “pequeños santuarios” que debemos mirar ahora y no al Templo de Jerusalem que solo será restaurado luego de la segunda venida, o el retorno, de Jesús/Yeshua ya no como Siervo sino en cuerpo glorificado y como Mesías de ISRAEL y Sumo Sacerdote universal.

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Y nos queda analizar la parte b) del versículo 27 que queda para el próximo estudio.

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