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“Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios. Y ahora, que
toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o
incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros. ¡Gloria a él en
la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones desde
hoy y para siempre! Amén”
Efesios 3:20-21


…Dios castigará a las naciones que atacaron a Jerusalén. Hará que se llenen de miedo, y que empiecen a pelear entre ellas mismas; ¡aun en vida se les pudrirán la carne, los ojos y la lengua!” Zacarías 14:12

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En el capitulo segundo del libro de Daniel se relata el sueño de Nabucodonosor y la interpretación del profeta sobre el mismo, luego de que los sabios y astrólogos de Babilonia se confesaran incapaces. Recordemos: se trataba de una estatua en donde “la cabeza era de oro puro; el pecho y los brazos, de plata; el vientre y los muslos, de bronce; las piernas, de hierro; y una parte de los pies era de hierro, y la otra de barro” (ver. 32-33). Y terminaba así:


“…de un monte se desprendió una piedra…
y vino a dar contra los pies…y los destrozó…
la piedra que dio contra la estatua se convirtió
en una gran montaña que ocupó toda la tierra.”
(Daniel 2:34 -35)


La estatua representaba a todos los reinos de la tierra a partir de Nabucodonosor y la interpretación que hizo Daniel del pasaje de la roca que golpeó los pies de la estatua es la siguiente:


“Durante el gobierno de estos reyes (los que representan los pies),
el Dios del cielo establecerá un reino
que jamás será destruido…
y durará para siempre”
(Daniel 2:44)


Esto quiere decir que el “tiempo de las naciones” -el período que cuenta la estatua – va a terminar abruptamente en el tiempo de los regímenes que están representados por los pies de la estatua que se nos dice que  se hará polvo y surgirá en su lugar un Reino universal -”una gran montaña”-.

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Ahora bien, hemos conocido varios interpretaciones de cada una de las partes de esta estatua que representan distintos reinos/sistemas de gobierno (nota 1). Sabemos que la cabeza representa al reino de Nabucodonosor pero hay variaciones en la interpretación de los otros materiales/reinos. Sin embargo podemos afirmar que estamos hoy en el sistema de gobierno que representan los pies de la estatua ya que transitamos angustiosamente los días postreros. Y esta es la descripción que Daniel hace de ese postrero sistema de gobierno:



“Su Majestad veía que los pies y los dedos
de la estatua eran mitad hierro
y mitad barro cocido.
El hierro y el barro,
que Su Majestad vio mezclados,
significan que éste será…
medianamente fuerte
y medianamente débil”
Daniel 2:41-42



Es decir, alude a un sistema en el que cohabitan autoridad y sedición, estabilidad y desestabilización, fuerza y debilidad, alianzas y rupturas, legalidad y corrupción, consenso y disenso, esperanza y desencanto,  todo lo cual es una buena descripción de lo que es hoy la “democracia”. Este sistema se demostró fuerte como el hierro en diversas oportunidades. Por ejemplo cuando enfrentó y venció a sistemas visceralmente impíos como el nazismo o el comunismo. Pero a la vez parece minado por la debilidad y es cada día más angustioso comprobar su dificultad para el cumplimiento de los objetivos más elementales como la seguridad, la educación, la salud…. Por otra parte la propia definición de “democracia” es ambigua habiendo servido tanto para denominar regímenes despóticos como gobiernos en que existe una libertad política efectiva. De hecho Montesquieu nos advierte: “No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia” . Y este tipo de perversión de la democracia es el que estamos viendo cada día con mayor frecuencia.


Ahora bien, si observamos las encuestas de aprobación-vs-desaprobación a nivel global, veremos que la democracia esta pasando ahora mismo por un agudo cono de sombra y desencanto. El caso es que creímos -o fuimos llevados a creer por la dinámica de la historia- que con ella tocábamos la cúspide de la concepción política, un sistema de gobierno eterno, pero la revelación nos dice lo contrario: hoy estamos en los pies, no en la cúspide. Y el sistema de gobierno que “durara para siempre” no es la “democracia” sino aquel que representa la Roca convertida en montaña -el monte Sión-.

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Hubo un rey en ISRAEL que por un tiempo fue padrón de sabiduría y juicio: Salomón, hijo de David. Y él pidió así a YaHVéH cuando fue investido:


“Concede…a tu siervo un corazón
que entienda para juzgar a tu pueblo
y discernir entre lo bueno y lo malo…


Y Dios/Elohim le respondió:


–Porque has demandado esto,
y no pediste para ti muchos días,
ni…riquezas…sino que demandaste…
inteligencia para oír juicio,
voy a obrar conforme a tus palabras:
Te he dado un corazón sabio y entendido…”
(1 Reyes  3:9-12)


Y mientras se mantuvo fiel construyo un Reino que fue ejemplo de su época, uniendo prosperidad y justicia. De modo que surge de la Palabra que el pilar de un sistema de gobierno es la Justicia que proviene de lo Alto  (Mateo 6:33). ¿Vemos ese tipo de justicia en los sistemas democráticos de hoy? Las luchas por la independencia -de antes y de ahora- hicieron que se multiplicaran las naciones que se adoptaron diversas versiones del régimen republicano y democrático de gobierno, y seguramente esto tendrá su razón en el Plan del Guía de la historia, pero los frutos fueron agrios. En el Reino venidero,  cuyo Gobernante será el Hijo de David siempre Fiel,  todo estará sujeto a una única Autoridad que emanará y morará en el Monte Sión, junto con Su pueblo.   Y así como en la primera misión del Hijo -Jesús/Yeshua- que vino como Siervo su nombre fue “Salvación”, ahora es “Justicia” la misión celestial aludida en su nuevo nombre que será: YaHVéH Justicia Nuestra (Jeremías 23:6). Él es la Roca que se volvió montaña y morará con Su pueblo –el remanente redimido de todas las naciones- en Sión para siempre.


Amen y amen

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nota 1) una de las revelaciones que podemos extraer de este pasaje es que para Dios/Elohim todos los sistemas de gobierno humanos tienen como cabeza a Babilonia. Dice en Zacarías 2:6 refiriéndose a la casa de Israel y de Judá dispersas:

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“Yo fui quien los dispersó por todas las naciones,
pero ahora les ordeno que salgan ya de Babilonia
y regresen a Jerusalém…
Yo soy el Dios de Israel,
y les ordeno que así lo hagan”

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El pedido reiterado: “salgan de Babilonia” que se escucha en las Escrituras -en Jeremías y Apocalipsis por ejemplo- significa que los justos debemos de salir de los sistemas de gobierno de este mundo, o mas bien, no esperar de ellos soluciones definitivas. Nosotros esperamos a la “ciudad” cuyo fundamento es Dios, y en este mundo ningún sistema, ni siquiera la democracia, nos representa. Pasamos por ella y oramos por sus autoridades, pero nuestra ciudadanía no está aquí, está en los cielos.  Somos peregrinos y extranjeros, no llegamos a casa.

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Ver también:

“La lectura inversa de Montesquieu”

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